A veces veo la revista nexos con tan rendido estupor, que mientras voy hojeándola pienso en la sonrisa irónica y tibia con que mi abuelo calmaba el caos, provocado por el coro disparejo de sus nietos, diciendo en voz alta: ¡Silencio ranas, que va a predicar el sapo!

Un rumor de voces apagándose corría por la estancia hasta que vuelta la paz podíamos ir tomando la palabra uno por uno. Contar historias era, por esos tiempos y en esa casa, una estrategia de sobrevivencia. El que tenía algo que contar podía tener la palabra y convertirse en mago, en relator, en ángel, en tornado, en caballo, en adivino, en sapo.

Ahora los sapos han caído en desprestigio, su nombre se usa para describir a las malas personas, a los cretinos, a los soberbios, a los necios. No era entonces el caso. Y puede no serlo ahora. Sapo era el sabio. Predicar tampoco era, ahí, dar ninguna orden, ni maldecir ningún comportamiento. Era, sí, como puede ser ahora: contemporizar. Y había voz para todos. Y escuchas para las buenas historias, los grandes proyectos: volar fue muchas veces uno, y las minucias: el sapo que concedía la palabra podía darnos una clase completa sobre la siembra y cosecha de gladiolas y ni quien se aburriera. Menos que nadie, las ranas. A mí me gustaba la condición de rana. Oír era mi alegría. Oír y recontar.

rana

Para efectos de leer la revista nexos yo sigo siendo una rana. Me gusta oírla. Detenerme en la paciencia con que otros analizan el mundo, y convertirme en una rana mirando su país ir y venir en manos de mejores voces. Por eso, a veces, este enero impasible, no sé de qué escribir, ni por dónde empezar, ni qué tema viene a cuento.
Una mujer bravía que andaba triste, a la que quiero como si sólo fuera mi hija, tuvo un largo sueño en el que vio luces. Algo como un caleidoscopio fue pasando bajo sus párpados y cuando volvió en sí, el mundo le pareció un lugar habitable y quiso que el alma le regresara al cuerpo. Se le ahuyentó la melancolía de tal modo, que me llamó con su antigua voz de campanas para contarme su fortuna. Raro, ¿verdad? Más raro aún si al escucharla, uno viene saliendo de: “Territorios violentos”, el minucioso artículo de Fernando Escalante en torno a las formas que adquiere la violencia en México. Un texto que según nos avisa su autor no pretende ser un análisis sociológico del homicidio en nuestro país: “Me limito a exponer las tendencias observables en los últimos 20 años, a partir del análisis territorial. Entre otras razones porque la distribución territorial sugiere poderosamente que no hay un único perfil del homicidio en México, es decir, no es factible una explicación general”. Para saberlo… Pocos asideros que uno tiene cuando pasa frente a la televisión viendo muertos por donde quiera, y Fernando viene a plantearnos una duda aún más grande que la nuestra. ¿Por qué pasa esto? No hay una explicación general. Es lógico, diría alguno, pero resulta que no lo es tanto. Eso no pasa en otros países. Para complicármela todavía más, la Delegación Miguel Hidalgo tiene el más alto índice de criminalidad en todo el Distrito Federal. Entre veinte y treinta muertos por cada cien mil habitantes. Coyoacán tiene entre cuatro y diez. ¿Cómo es que aquí viven tantos más malos y en dónde están?, para no desafiarlos. ¿O dará igual? Creo que sí, no depende de nosotros, depende del adverso azar. Como del azar ha de venir que las violetas hayan dado este año más flores que nunca. Del azar generoso. ¿Algo habrá que dependa de nosotros? Ni para qué preguntárselo a nexos, basta leerla para saber que hay quienes piensan que es posible hacerse útil por más que otros nos sintamos inútiles, en brazos de la casualidad. Tanta gente sabiendo qué hacer y uno mirando.

En “Un futuro para México” Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín describen a México atado a sus mitos, sin tomar un rumbo claro. Lo miran joven en su democracia, dudando qué pasos dar: “México ha pasado del autoritarismo irresponsable a la democracia improductiva, de la hegemonía de un partido a la fragmentación partidaria, del estatismo deficitario al mercantilismo oligárquico, de las reglas y los poderes no escritos de gobierno al imperio de los poderes fácticos, de la corrupción a la antigüita a la corrupción aggiornata. Es la hora del desencanto con la democracia por sus pobres resultados. Preocupa en la democracia mexicana la resignación que impone a sus gobiernos, el triunfo del reino de lo posible como sinónimo de estancamiento, incertidumbre, falta de rumbo nacional. Un país, se diría, al que le sobra pasado y le falta futuro”.

—¡Dioses de la redacción! —dice la rana—. ¿Y ahora qué hacemos?
Ellos saben qué hacer, lo escriben con una contundencia que asombra. A mí siempre me asombra la contundencia. Ellos conversan, lo escriben, lo vuelven a conversar, lo reescriben y luego les queda un texto con el que otra gente se pone a discernir. Y yo, la rana, a la orilla de la historia, diciéndome como a veces se dice de un idioma: “lo entiendo, pero no lo hablo”.

“México necesita salir de su pasado”. Sin duda, me digo. ¿Pero cómo? Nada más eso faltaba: ellos tienen varios puntos que proponernos: Hay que crecer, hay que liberar la excepcional y legendaria vitalidad de la sociedad mexicana, hay que desmantelar el viejo corporativismo, hay que insertarse con ventaja en el mundo, hay que distribuir, ofrecer protección social y educación, hay que construir los aparatos de seguridad suficientes. Y para tomar todas estas providencias, hay que dotarnos de instituciones que permitan llevarlas a cabo. ¿Cómo? También nos lo dicen. Los remito al artículo. Aunque muchos de ustedes ya lo habrán leído desde noviembre, puede haber en esta columna quien se lo haya saltado. Es largo, ya un amigo les pidió que lo resumieran y otro quería un cuadro sinóptico. Sólo faltan los que lo necesiten convertido en Tarot. Un rompecabezas ya es. Pero armado se ve sencillo. Ojalá.

¿Y yo de qué escribiré? De mi fe en el acaso, del horizonte y las montañas, de la añoranza de un futuro en que el aire fuera como el de hace cincuenta años.
—¿Cuál es su religión? —me preguntaron al internarme en un hospital. Hace rato que contesto: “ninguna”, pero se afligen tanto las enfermeras que esta vez me propuse mostrar un asidero.
—Soy panteísta —dije.
—¿Qué? —preguntó la mujer.
De cualquier modo se había afligido. Soy cinéfila, debí decir. Soy mozartiana, soy lectora de nexos. Pero ya iniciada la incertidumbre seguí:
—Para efectos de mi religión, usted, un árbol, una manzana, el mar y quienes construyeron el quirófano son Dios.
Nunca una enfermera me miró como se mira a una rana. Ya está, pensé. Soy una rana panteísta. La mujer esperaba mis reflexiones con su lápiz y cara de que le urgía pasar al “¿qué le duele?”. Su impaciencia me condujo a decir:
—Ponga ninguna.
—¿Atea?
—Nada más ninguna, dije.

Pensé que hubiera querido decir pertenezco a la secta de admiradores de Quevedo, pero preferí dar por terminada la respuesta. Soy una rana, me dije. Cuánta paz puede caber en una rana. Más aún si la rana es silenciosa. Y basta de desvaríos. No tengo la clarividencia de Soledad Loaeza, pero me gusta escuchar el idioma que entiendo aunque no lo hable.

Suceden tantas cosas sobre las cuales quienes no tenemos respuestas contundentes preferimos callar. Yo he considerado necesaria la recreación y la reflexión en torno a la vida privada, entre otras cosas como una manera de trastocar lo público contagiándole el arrojo, la buena voluntad y los matices de los que veo capaz a la gente cuando se trata de la vida diaria. Soy una rana: atestiguo el modo en que viven los que no se hacen cargo sino de sí mismos. Y de ellos quiero hablar desde mis ojos. Por eso, aunque me cueste trabajo dar con el tema, aunque me sienta fuera de lugar, voy a proponerles sin más disculpas que me acompañen, este año y los que vengan en la veleidad de no encontrar despreciables ni el azar, ni la vida de cada quien, ni el país en que tenemos el privilegio de vivir. Mirar seguirá siendo mi quehacer. Oír. Aquí y en cualquier otra parte. Nunca he tenido otro mejor. Seguiré siendo rana.

Ángeles Mastretta. Escritora. Autora de Maridos, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida.