La curación

Relata Kratevas que, rogado por una mujer (y aquí el griego escribe: “tenía la cintura delgada y las manos calientes; quizá era nacida en Anatolia”) que amaba a un mayoral de las reses que seguían a los ejércitos, acudió a visitar a éste, mordido en los compañones por un hemorroo que se le acercó mientras estaba desocupando el vientre. Y dice Kratevas que perdía sangre por los agujeros secretos y también por la boca y los oídos, pero que lo peor manaba de una carnicería hecha sobre entrambos testículos, la cual no guardaba razón con la mordedura de la serpiente, y en esto se conocía la mano de Aristión, y el mayoral estaba más de morir por este manantial que por la parte serpentina.

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Publicado en: 2009 Diciembre