EL NUEVO HERALD
The Associated Press
MEXICO — Un vendedor callejero convertido en insólito astro político afirma que tratará de reconquistar el puesto de delegado (alcalde barrial) en la Ciudad de México que «ganó» como testaferro en las elecciones de julio.
Rafael Acosta es más conocido por su sobrenombre «Juanito» y su banda estilo Rambo que por cualquier experiencia en algún cargo político. Pero ha dicho a la prensa local que se considera «la persona más famosa del mundo» y asegura que el pueblo quiere que gobierne.
«Yo soy el delegado, y el domingo regresamos y vamos a trabajar», dijo a la Associated Press por teléfono.
Acosta dice que lo presionaron para que tomara una licencia en vez de asumir el cargo de delegado en la delegación de Itzapalapa.
Esa licencia por 59 días concluye este fin de semana y Acosta dice que se propone presentarse y asumir el puesto.
En julio, los partidarios de Clara Brugada -una popular candidata que fue descalificada por una decisión judicial- aceptaron votar por Acosta si éste aceptaba renunciar y darle a ella el cargo. De improbable candidato de un tercer partido pequeño, Acosta rápidamente se catapultó a la victoria.
Después de la elección, Acosta dijo que los vecinos de la delegación de bajos ingresos -la más populosa de la Ciudad de México, con más de 1.800.000 habitantes- lo convencieron de que asumiera el cargo.
Al parecer, Acosta había ofrecido renunciar si sus aliados recibían una cuota de cargos en el nuevo gobierno. Más adelante prometió asumir el cargo, pero después se desdijo y tomó una licencia en octubre después de afirmar que había sido amenazado.
«Sí, he recibido amenazas, pero vamos a regresar el domingo», aseguró.
La autora y columnista Guadalupe Loaeza dijo que la historia de Juanito ilustra lo pintoresco de la política mexicana, donde -según un dicho popular- el debate serio suele ser sustituido por «gritos y sombrerazos».
«Son puras simulaciones, ahí está nuestro problema», agregó Loaeza.
Brugada asumió cuando Acosta tomó su licencia, aduciendo problemas de salud, y todo el mundo supuso que la situación quedaría así. Pero ahora Acosta dice que su salud ha mejorado y ha abierto el segundo capítulo de la telenovela política favorita de México.
Para muchos mexicanos, Acosta se ha convertido en un símbolo del mexicano común y corriente atrapado en un juego de poder. En su trabajo cotidiano Acosta vende de todo, desde helados hasta decoraciones navideñas en sus puestos callejeros. Ha hablado con la prensa de sus trabajos como camarero, luchador e incluso actor en una película de segunda categoría sobre camareras sugestivas en un bar de mala muerte.