No sé si mis colegas biólogos moleculares puedan apreciar los objetos que nos rodean aquí, en el centro de conferencias de IBM en Palissades, a media hora de Manhattan. No hablo de los modelos a escala de las máquinas de Leonardo, ni los intricados artefactos diferenciales de Charles Babbage, que resaltan, ambos, por su mecánica genialidad. Pienso más en los planos de domos geodésicos del arquitecto Buckminster Fuller, además precursor en cuestiones ambientales.
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