El abstencionismo en México (ABRIL 1989 – ENCUESTALIA)

Múltiples preguntas de gran importancia surgen sobre las elecciones: ¿De qué depende la simpatía hacia un partido o un candidato? ¿Qué factores condicionan las opiniones políticas? ¿Cuáles son las características de los grupos que votan por un determinado partido? ¿Qué identifica y da cohesión a un grupo político? ¿Qué cualidades de los líderes nacionales o locales tienen más arraigo en cada sector de la población?

Las respuestas a estas cuestiones y otras similares no pueden surgir de la estadística e información electoral o demográfica, no sólo por sus limitaciones y grado de confiabilidad, sino por su propia naturaleza. El voto secreto desvincula de éste las características socio-económicas del votante y con ello se cancela la posibilidad de un análisis integral y completo. Una solución es el empleo de metodologías y técnicas de muestreo a través del levantamiento de encuestas de opinión pública.

Uno de los temas que requieren mayor atención teórica y práctica es el del abstencionismo. Algunos indicios y pistas sólidas se obtienen con las encuestas de opinión pública. No sucedió lo mismo con las estadísticas electorales y demográficas. Por ejemplo, en la pasada elección federal del 6 de julio de 1988, estos datos nos dicen que fue la elección con el más alto grado de abstencionismo en los últimos 25 años, cuando existe consenso a la vista de todos que tuvo la mayor afluencia de votantes. Las cifras indican que la tasa de crecimiento del abstencionismo total, es decir, ciudadanos empadronados o no que se quedan sin votar, han aumentado en relación al periodo previo, del 7% en 1970, al 14% en 1976, al 42% en 1982 y al 68% en 1988. Lo anterior es contrario a la modernización del país. Ello implica que en el mismo periodo la tasa de crecimiento del abstencionismo, es decir no-votantes que sí se empadronaron, hubiera disminuido de 79% a 7%, para en 1988 revertirse al 138% con respecto a 1982. Al comparar sexenalmente estas cifras, del crecimiento de los ciudadanos, empadronados y votantes, se observa que no guardan ninguna relación entre sí, ni con las demográficas. Por ejemplo, en los últimos 6 años los ciudadanos crecieron según la CFE a razón del 2% anual, que es la cifra de los nacimientos nuevos, pero no de los jóvenes que nacieron hace 18 años.

Como ejemplo de los resultados de una encuesta de opinión, presentamos los datos de Prospectiva Estratégica A.C. (PEAC) para la elección de 1988. En ella el promedio de abstencionistas es 22%. Arriba de este promedio se encuentran las mujeres (29%), los jóvenes (38%), las personas de baja escolaridad (38%), de bajos ingresos (49%) y de los estratos populares (32%). Se observa también que los no votantes son pesimistas respecto al futuro del país, ligeramente radicales, con baja opinión del sistema educativo y del de salud, del gobierno y de la policía. Este retrato hablado del abstencionista típico, se completa con el hecho de que la
mayor proporción de ellos se localiza entre los simpatizantes de los partidos políticos, pero menos entre los afiliados y militantes activos.

* Los abstencionistas están inconformes con el sistema, según encuesta nacional de PEAC.

* El comportamiento electoral de los abstencionistas puede decidir el resultado de las elecciones.

* Combatir el abstencionismo afecta al PRI por pérdida relativa de votación.

* No combatir el abstencionismo afecta el proceso de modernización emprendido por el gobierno.

Casi el 80% de los ciudadanos tiene la intención de votar. Entonces ¿Por qué no votan?

Los aparatos ideosocializadores y sobre todo la educación faltan en su papel de crear una cultura cívica democrática.

Así, entre los jóvenes se encuentra la mayor proporción de abstencionistas.

El mayor porcentaje de los abstencionistas da como razón el hecho de no estar empadronados. Destacan las bajas respuestas a las causas no favorables al sistema.

Ello refleja temor o el deseo de acatar el status quo.

El abstencionismo se correlaciona en forma inversa con la escolaridad: a mayores estudios menos abstención. Casi la mitad de las personas sin estudios son abstencionistas.

Una cultura sexista se refleja en la alta proporción de mujeres abstencionistas.

La Liberación de la mujer fortalecerá la democracia.

La clase media es la que más participa en las elecciones. A mayor ingreso menor abstención, excepto en la cúspide.

Los votantes se distribuyen de manera uniforme de acuerdo a la visión de su situación personal. No ocurre lo mismo con los abstencionistas. Los optimistas constituyen una menor proporción frente a los pesimistas que tienden a no votar.

Se observa que los abstencionistas tienen una opinión más pobre de los sistemas educativos y de salud que los votantes.

La visión de la situación del país afecta más la conducta electoral que la percepción de las circunstancias personales. Los optimistas tienden a votar en una alta proporción y forman un muy bajo porcentaje de abstencionistas. En cambio, más del 70% de los no-votantes son los pesimistas.

Los abstencionistas son menos entusiastas que los votantes en sus opiniones sobre el gobierno y la policía.

Estos datos provienen de la encuesta nacional de opinión pública realizada del 6 al 17 de junio de 1988 por Prospectiva Estratégica AC (PEAC) por encargo de La Jornada. Se levantaron 4,414 entrevistas anónimas y se utilizó el método de cuotas para 12 estratos ocupacionales en las 32 entidades federativas conforme a los datos del censo de la población mayor de 18 años, en 88 localidades del paí­s de las cuales 44 son ciudades mayores de 100 mil habitantes y 44 son comunidades rurales menores de 5 mil.

El perfil de los encuestados fue de 59% de hombres y 41% de mujeres; 19% tienen de 18 a 24 años de edad, 26.9% de 25 a 29, 25.6% de 30 a 39m 18.5% de 40 a 49 y los 10% tienen más de 50 años; 31.1% declaró que su ingreso familiar era menor a un salario mínimo, 29.1% de 1 a 2, 20.3% de 2 a 4, 11.6% de 4 a 8, 5.0% de 8 a 16 y 2.9% mayor de 16 salarios mínimos: sin estudios resultaron un 7.8% de personas, con primaria el 26.1%, secundaria o similar el 17.2%, preparatoria o similar el 17.4%, profesional 27.7% y posgrado 3.8%.

 

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