Víctimas, siempre víctimas, es como nos hemos visto a lo largo de la historia. Huérfanos decía Octavio Paz. Hijos de la dependencia y de la imposibilidad de imitar a Próspero, en las versiones de Richard Morse y hasta de Eduardo Galeano. Esa ha sido nuestra perenne perspectiva. El círculo se cierra cuando llega Samuel Huntington afirmando que los mexicanos en Estados Unidos representan un riesgo para la permanencia de identidad norteamericana. Parecería que estamos condenados a ser siempre dependientes de los americanos.
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