Cine y ciudad

El cine llegó al mundo en tren, específicamente a la estación de una ciudad, la Ciotat, y fue proyectado por primera vez en aquella antaño reconocida como la Ciudad Luz. Ante el destello proyectado sobre una pantalla se reproducía por primera vez la ilusión del movimiento y se conquistaba lo que después Burch describirá como el “gran sueño frankensteiniano del siglo XIX: la recreación de la vida, el triunfo simbólico sobre la muerte”. Con la danza de las sombras en una sala oscura y la posibilidad de atrapar lo fugaz de una acción o lo efímero de un gesto, nace uno de los mitos del siglo XX: el cinematógrafo, aquel que “escribe el movimiento”, anuncia una nueva forma de representación y narra sus vicisitudes. Desde entonces la ciudad se convierte en el espacio abierto a la configuración de la mirada, y el cine juega su papel de testigo reproduciendo una tras otra la relación entre las imágenes, como si tejiera junto a Ariadna el intricado material que ayudará a salir del laberinto, o a entrar en él.

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Publicado en: 2009 Abril