El ideal declarado de Ezra Pound en los años previos a la Primera Guerra Mundial era el de una poesía “austera, directa, libre del desliz emocional”, tan “granítica como se pueda…”. En su deseo de establecer una poesía más “pura”, tenía peleas constantes con molinos de viento. Uno de los ejemplos más celebrados sobre su modo de proceder con esta cruzada fue su carta al poeta georgiano Lascelles Abercrombie cuando este último hizo un llamado para el regreso a la sencillez wordsworthiana: “la estupidez llevada más allá de cierto punto se vuelve una amenaza pública. Quedas por tanto desafiado a un duelo. Muy pronto sabrás de mis padrinos”. La historia concluye: “El poeta desafiado, cuando le propusieron que él escogiera las armas, propuso que se lanzaran el uno contra el otro los ejemplares sin vender de sus libros. Pound disfrutó la respuesta cómica y el asunto terminó en risas. Pero lo mismo, Pound de veras se tomaba en serio lo de no dar cuartel a la estupidez pública”.
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