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En la ya fugitiva primavera del año 2007 tuvo lugar en Cartagena de Indias una reunión tumultuosa Academia de la Lengua Española. Había las mesas públicas donde se disertaba de indecibles temas de la lengua, y había las mesas privadas donde se reunían los escritores a tener sus propios coloquios de bolsillo.

Uno de los días cenamos con Fuentes y Silvia Lemus en uno de los restaurantes de la placita donde está el Hotel Santa Clara en el centro de la ciudad vieja. El restaurante tenía las ventanas abiertas a la plaza y servía un memorable carpaccio de pulpo. En vez de manteles de tela los ponían de papel de un rollo que iban planchando sobre las mesas cuando se levantaban los comensales. Al centro había cestas de pan y un vaso de crayolas invitando a la gente a pintar sobre los manteles.

Llegada la sobremesa, Fuentes tomó una crayola
y ejerció sus dones de caricaturista. Pintó unos trazos sugiriendo las olas del mar de Cartagena
y encima de las ondas los rasgos de García Márquez, que era el homenajeado del Congreso, y los del ex presidente Clinton, que estaba de visita en la isla con su pin anticipatorio de la precandidatura
de Hillary. Fuentes siguió dibujando al presidente mexicano Felipe Calderón, sin ojos tras los anteojos. Añadió a un simiesco George Bush, a un histérico y dentudo José María Aznar,
a un Hugo Chávez con un pozo petrolero por nariz y a un larguísimo Vicente Fox con su pequeña esposa Marta en la funda de la pistola. También a dos gobernadores mexicanos de improbable
memoria.

Al terminar la cena, recogí el mantel. Fuentes me preguntó para qué lo quería, le dije que iba a enmarcarlo en recuerdo de nuestra cena.“No lo enmarques”, me dijo. “Déjame terminarlo, porque no está completo”.

No lo enmarqué. Pasaron meses antes de que viniera un día a mi casa a completar sus apuntes de Cartagena. Luego de un almuerzo, le puse el papel inacabado en una mesa con unas crayolas y durante hora y media añadió figuras al papel y sonrisas a su rostro mientras resolvía los trazos.

Añadió esa tarde personajes del siglo XX. Del mundo: Roosevelt, Stalin, Mussolini, Hitler, Franco, Nixon, Fantomas. De México los ex presidentes Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines (en un salvavidas)
y Gustavo Díaz Ordaz. Entre Fox y Franco hubo lugar para un López Obrador, encima de Calderón quedaron un probable Jesús Reyes Heroles y una enmascarada sospechosa. Por encima de tan craso olimpo, en una esquina, apenas un esbozo, cejialzada y tumultuosa, María Félix.

Fuentes firmó el cuadro con unos apuntes de sí mismo lanzando dardos amorosos a una esencial Silvia Lemus, y me dijo: “No lo enmarques. Le falta todavía”.

No lo he enmarcado, pero lo ofrezco hoy a esta edición de {{nexos}} como una curiosidad: un ventanillo elocuente hacia la forma en que se mueve y prolifera el impulso creativo de Fuentes.
En dos sesiones de juego, a propósito de nada, pasó del apunte de unos cuantos rostros al esbozo de un mural de veintitantos, en el modesto espacio de un pliego de papel que acabó resultando un risueño universo en expansión.{{n}}