Al asumir la presidencia de la República en el año 2000, decidí restablecer la antigua tradición que los patios del Palacio de La Moneda estaban abiertos a todo aquel que quisiere cruzar por los mismos. Presentes en mi memoria estaban aquellos años de mi paso por aquellos patios cuando con otros jóvenes o acortábamos caminos hacia el colegio o con un dejo de curiosidad mirábamos los cañones y el transitar de quien dirigía los destinos del país. Era un Chile distinto, pero eminentemente republicano.

Luego de tomar esa medida la gente empezó a cruzar por ellos. Al poco tiempo una amiga me dice: no cree usted que sería necesario colocar algunas esculturas para que este
paso por La Moneda tenga también un sello más “bello”. Espléndida idea, me pareció y así se hizo. Cada tres meses se cambiaban las esculturas que a modo de préstamo estaban en los patios de La Moneda.

Pasa el tiempo y Agustín Squella, que era asesor cultural de la presidencia, me dice con mucha fuerza: “Presidente, qué buena iniciativa aquella de las esculturas. Pienso, sin embargo,
que aquí también tendría que haber un espacio para la palabra escrita. ¿Cuándo llegará
ésta a La Moneda? Y me propone establecer Conferencias
Presidenciales de Humanidades, que era una invitación
a una connotada figura para hacer un planteamiento desde el Palacio de La Moneda. Tomamos contacto, entre otros, con Carlos Fuentes, para que participara de alguna de estas Conferencias Presidenciales de Humanidades, una o dos por año.

Para nuestra alegría Carlos aceptó y su cátedra fue de una brillantez notable, como todo lo suyo. Con ese verbo y esa cultura de tantos años nos ilustró en La Moneda sobre la búsqueda de nuestra identidad latinoamericana. Nos señaló de nuestras tradiciones indígenas y africanas mediterráneas y después de un tiempo mestizas. Con un dejo de ironía rememorando a Ignacio Solaris dijo: “yo soy puro mexicano, no tengo nada ni de indio ni de español”.

Luego Fuentes se adentró en nuestra América Latina, la cual se encuentra “en un cruce de caminos” y cómo desde nuestra América “debemos interpretar el acto de vivir en el mundo”. Sí, porque en este mundo de finales del siglo XX algunos creen que se ha llegado al fin de la historia y otros que vamos a un choque civilizatorio. Ni lo uno ni lo otro, dijo con fuerza Carlos Fuentes. Ahí estaba el humanista que desde este rincón del sur del mundo que era Chile alzaba su voz para señalar cómo América Latina debe tener su propia voz en el concierto mundial y participar
en ese mundo nuevo que surge en el siglo XXI y en donde el centro de todas las preocupaciones era el ser humano. Luego de la conferencia, como era costumbre, se abrió el debate. Y allí apareció entonces el Carlos Fuentes en donde tras el novelista, tras el agudo analista de la realidad,
aparece también un dejo de hombre público, de estadista con mayúscula que no por su trabajo cotidiano de escritor deja de ser un ciudadano ilustrado
de América Latina.

Y allí, al preguntársele sobre su actitud ante el movimiento zapatista en México, responde:
“mi actitud no es negativa, es crítica, lo cual es distinto. Creo que hay que ser crítico ante prácticamente todo en la vida”. Y, a partir de eso, entra en un análisis magistral en donde termina concluyendo “que tenemos
que aceptar un equilibrio entre los avances que necesitan
las poblaciones indígenas y la identidad de éstas”. Fue una alegría grande para todos los que participamos de ese evento. Vimos allí cómo Carlos Fuentes a lo largo de su vida ha nutrido su pensamiento para permitir una lección magistral en donde busca conciliar los derechos del ser humano al comenzar el siglo XXI, para ser libre en una sociedad, en una sociedad que por obra de ese ser humano debe dejar un espacio para “el desarrollo libre del espíritu”. Por qué negarlo, fue allí donde Carlos Fuentes rememoró los años de niñez que pasó en nuestra patria y fue allí también cuando desde el Palacio de La Moneda, desde el sur del mundo, pudo hablar con la fuerza que sólo un gran intelectual como él tiene para referirse al mundo del futuro. Fue de todas las Conferencias Presidenciales de Humanidades un momento memorable. {{n}}