A finales de junio la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) difundió el {Informe
Mundial sobre las Drogas 2008}. El documento constituye un llamado de atención ante el reciente repunte de los cultivos de la adormidera —mejor conocida
como planta del opio, la cual es la base para producir heroína— y la hoja de coca. Tales incrementos, aunados al creciente consumo de estupefacientes en países en vías de desarrollo, socavan los éxitos conseguidos en materia de fiscalización
de estas sustancias ilícitas y ponen en riesgo la frágil estabilización alcanzada en el mercado mundial de drogas en el decenio pasado.

De acuerdo con el informe, el porcentaje
de consumidores de estupefacientes en el mundo no llega siquiera al 5% de la población entre 15 y 64 años de edad, aunque el tráfico de drogas sea actualmente
la actividad ilegal más lucrativa del planeta, por encima del tráfico de armas:
se calcula que hay 208 millones de personas (4.9% de la población mundial) que han usado una droga al menos una vez en los últimos 12 meses, de las cuales 26 millones son consumidoras problemáticas
(aquellas que padecen trastornos graves ocasionados por su adicción), lo que equivale al 0.6% de los adultos. De hecho, la ONUDD sostiene que la tasa de adictos es inferior a uno por cada 20 adultos. En opinión del director ejecutivo del organismo, Antonio María Costa, tales
resultados se deben en buena medida a los “extraordinarios avances” en la fiscalización
de estupefacientes; por ejemplo, en los últimos 100 años la producción de opio se ha reducido en un 70%.

Estos datos se traducen en unas 200 mil muertes anuales en todo el mundo a consecuencia del consumo de drogas. Sin embargo, hay que señalar que los estupefacientes
son un problema de salud pública que cobra menos vidas que los consumos de tabaco y alcohol, responsables
por cinco millones y 2.5 millones de decesos, respectivamente.

Pero esta situación podría cambiar ya que “los grandes aumentos registrados últimamente en la oferta de estupefacientes
procedentes de Afganistán y de Colombia pueden hacer que suban las tasas de drogadicción por la caída de los precios y la mayor pureza de las dosis”, afirmó Costa. Esta mayor pureza de las dosis se debe a los esfuerzos de las mafias del narcotráfico para conseguir semillas genéticamente modificadas que produzcan plantas más grandes y con una mayor cantidad de sustancias psicoactivas. La policía de Colombia ha sido una de las primeras en alertar sobre este peligro al descubrir en años recientes
una nueva variedad de hoja de coca obtenida en laboratorio.

El aumento de la oferta de droga proveniente de Afganistán es una consecuencia
directa del extraordinario incremento
de la cosecha de adormidera durante 2007. La mayor parte de estos cultivos ilícitos (80%) se ubica en las cinco provincias del sur del país donde operan los grupos talibanes, que obtienen
beneficios de esta actividad ilegal. De esta manera, en la nación asiática se ha dado un peligroso binomio entre drogas y movimiento armado que obliga
a las autoridades afganas a combatir estos fenómenos sociales simultáneamente.
No obstante, en otras zonas de Afganistán el narcotráfico está retrocediendo
gracias al aumento de la estabilidad
política y al incremento de la asistencia económica.

Opio, el flagelo que vino
de Asia

En total, los cultivos de opiáceos en el mundo se incrementaron 17% de 2006 a 2007, para alcanzar una superficie de 235 mil 700 hectáreas, de las cuales 193 mil (el 82%) se ubican en Afganistán, país responsable por el 92% de la producción mundial de opio. En tanto, Myanmar es otra nación donde los cultivos de adormidera
han aumentado significativamente,
29% de 2006 —cuando se registraron 21 mil 500 hectáreas— a 2007, cuando se obtuvieron 27 mil 700 hectáreas. Estos incrementos permitieron duplicar la producción mundial de opio entre 2005 y 2007, con un volumen de ocho mil 870 toneladas métricas, las cuales abastecen a unos 16.5 millones de adictos a esta clase de estupefacientes (una prevalencia del 0.4% sobre el total de la población mundial
de entre 15 y 64 años). De estas cifras,
unos 12 millones son consumidores de heroína (el 0.3% de los adultos).

Colombia, el rey de la coca

La relación entre estupefacientes y grupos
rebeldes se repite en Colombia, donde
los cultivos de hoja de coca —la base para elaborar cocaína— aumentaron un 27% en 2007 (unas 99 mil hectáreas). Y como en Afganistán, las zonas de cultivo y los laboratorios para procesar la hoja de coca se encuentran concentrados en las zonas bajo control de las organizaciones
rebeldes: se trata de 10 municipios responsables de casi la mitad de la producción
total de cocaína (288 toneladas métricas) y de poco más de un tercio de los cultivos (unas 35 mil hectáreas).

Estas cifras indican que el llamado Plan Colombia —la iniciativa impulsada por Estados Unidos para luchar contra el tráfico de estupefacientes en esta nación
latinoamericana— no ha obtenido los resultados esperados. Pero tampoco se puede hablar de un fracaso total ya que los niveles de la cocaína elaborada en Colombia (el mayor productor mundial
de esta droga) han permanecido invariables. Tal estabilización de la producción
obedece a una disminución del rendimiento: la política de fumigaciones aéreas masivas incluida en el Plan logró destruir los grandes plantíos ilícitos, lo que obligó a las mafias a trasladar los cultivos a parcelas periféricas, más dispersas
y lejanas y de menor tamaño. En este contexto, el combate contra el narcotráfico
luce promisorio en el futuro cercano, sobre todo si se tiene en cuenta la actual situación precaria de la guerrilla
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, acusada de proteger los sembradíos
y de obtener recursos financieros
derivados de este comercio ilegal.

Pero Colombia no es el único país en donde los cultivos de hoja de coca han subido: en Bolivia y Perú dichos cultivos
crecieron 5% y 4%, respectivamente. Así, los sembradíos de esta planta en el área andina aumentaron 16% en 2007, aunque las cosechas sólo lo hicieron en 1% (para situarse en unas 992 toneladas métricas) a causa de la destrucción de los grandes cultivos mencionada con anterioridad.

En todo caso, la ONUDD afirma que en el mundo hay 16 millones de cocainómanos, el 0.4% de los adultos del planeta.

Cannabis, la droga de mayor consumo

Por otro lado, el mercado de cannabis ha registrado una ligera tendencia a la baja: la producción de esta hierba disminuyó 8% con respecto a 2004 para ubicarse en 41 mil 400 toneladas métricas, y la producción de resina de cannabis cayó 10% entre 2005 y 2006, cuando pasó de seis mil 600 toneladas métricas a seis mil toneladas. Pero estos datos alentadores
se ven oscurecidos por algunas tendencias preocupantes. Ese es el caso de Afganistán, país que se ha convertido en un importante productor de resina, superando incluso a productores tradicionales
como Marruecos. Adicionalmente,
en las naciones desarrolladas se está cultivando en interiores variedades de marihuana más potentes: en el mercado
estadunidense el contenido medio de la sustancia psicoactiva de la cannabis (THC) se duplicó entre 1999 y 2006, al pasar del 4.6% al 8.8%. Estos datos son más alarmantes si se considera que en el mundo hay 165.6 millones de consumidores
de marihuana, lo que representa el 3.9% de la población adulta mundial.

Las drogas sintéticas

Asimismo, el consumo mundial de anfetaminas
—como las metanfetaminas y el éxtasis— ha permanecido estable al oscilar la producción entre 450 y 500 toneladas métricas desde 2000, aunque hay que señalar que en 2007 se llegó a 494 toneladas. Por droga, los datos indican
que la producción de éxtasis bajó de 113 toneladas métricas en 2005 a unas 103 toneladas en 2006. Al mismo tiempo,
la producción de metanfetaminas cayó de 278 a 267 toneladas métricas en 2006. Sin embargo, estas reducciones se compensaron con un incremento en la producción de anfetaminas, que pasaron
de 88 a 126 toneladas métricas. En general, el consumo de anfetaminas sigue siendo motivo de preocupación en Asia Oriental y Sudoriental y se han comenzado a registrar mercados incipientes
de este tipo de drogas en Oriente Medio y Cercano: en el mundo existen 24.7 adictos a las anfetaminas y nueve millones de consumidores de éxtasis, lo que equivale al 0.6% y 0.2% de la población
adulta mundial, respectivamente. Pero a pesar de estas señales alarmantes,
la prevalencia anual de anfetaminas y similares es la única que registró una caída de 2005 a 2006, al pasar de 0.60% a 0.58%. El resto de los mercados de drogas obtuvieron ligeros incrementos:
de 3.8% a 3.9% para la cannabis; de 0.34% a 0.37% para la cocaína; de 0.37% a 0.39% para los opiáceos; y de 0.27% a 0.28% para la heroína.

Los decomisos

Respecto a los decomisos de drogas, el informe asegura que las capturas de marihuana crecieron 12% en 2005 (unas cinco mil 200 toneladas métricas), a la vez que la incautación de resina de cannabis
se redujo en 25% a causa de la reducción
de su producción en Marruecos. Pero estas cifras están lejos de significar un progreso constante en esta materia: los decomisos de esta hierba son 27% inferiores a los consignados en 2004.

A su vez, las capturas de alijos de opio y morfina aumentaron 10% y 31%, respectivamente, en 2006, año en que tales acciones sumaron las 384 toneladas
métricas para la primera droga y 46 toneladas para la segunda, aunque la intercepción de cargamentos de heroína
permaneció estable durante ese mismo año (58 toneladas métricas). En contraste, la confiscación de cocaína cayó 5% en 2006, al igual que los decomisos
de anfetaminas, metanfetaminas y éxtasis, que se redujeron entre 8% y
15% de 2005 a 2006. No obstante, las capturas de este tipo de drogas sintéticas subieron un 2%, aumento que refleja la importancia que han cobrado los estupefacientes
de “diseño” no tradicionales, como las tabletas de “captagon”.

Los caminos del narcotráfico

En cuanto a las rutas del narcotráfico, en especial en el caso de la cocaína, éstas se han desplazado debido a la estabilidad en la demanda de esta droga en Europa y a la mayor capacidad de intercepción en las rutas tradicionales. Así, las mafias han volteado la mirada hacia el África Occidental, el Caribe, Centroamérica y las zonas fronterizas de México (tanto en el sur como en el norte del país), lo cual implica un peligro para la salud pública
y la seguridad de estas regiones, localizadas
entre las zonas de producción y los principales mercados de consumo (América del Norte y Europa). Ante tal amenaza, la ONUDD recomienda a las autoridades fortalecer el Estado de derecho
para prevenir la corrupción e incluso
el financiamiento del terrorismo.

El informe también alerta sobre la posibilidad de que surjan mercados de drogas en las naciones en vías de desarrollo,
algunas con gobiernos débiles que no podrán hacer frente al embate de los barones de la droga, por lo que urge mejorar la asistencia técnica y la cooperación policiaca e incrementar los recursos destinados a la prevención en el consumo de estupefacientes y la salud (los tratamientos a las adicciones, catalogadas como enfermedades por la ONU). En este marco, el director de la ONUDD instó a los gobiernos a respetar
los derechos humanos de los drogadictos
en su lucha contra el narcotráfico y se pronunció en contra de aplicar la pena de muerte para los delitos relacionados
con estas sustancias ilícitas: “Las drogas matan, pero nosotros no debemos matar por su culpa”, concluyó Antonio María Costa. {{n}}