{{1}}
Me gusta Madrid. Que las mujeres te besen dos veces cuando te encuentran. Y te miran, y no se escucha nada.

{{•}}
Me gusta Madrid. Que se grite la gente, que se muevan las manos, que las cosas vivan y valgan la pena. Que en los bares los hombres vociferen a la menor provocación, por nada.

{{•}}
Me gusta Madrid. Por Dios, cómo me gusta el ibérico de bellota. Te lo pones en la lengua y después de un momento, no queda sino una sensación. Nada. Y el vino, y el café con leche, y el queso curado, y los pimientos del patrón. Nada.

{{•}}
Me gusta Madrid. Decir joder, macho, carajo. Cómo me gusta decir nada cuando quieres decir todo, y la gente te entiende.

{{•}}
Me gusta Madrid. Aquí no puedo hacer que se me aparezca una pizca de ti. Miro hacia alrededor, y nada.

{{•}}
Me gusta Madrid. Pensar que en el Ave llego a Sevilla como si nada. Ver a la Niña de Mis Ojos. Caminar por los callejones. Tomar fotos de la bella Sophie, de la Giralda, de los balcones. Hablar con una andaluza y su lengua mocha y su divina altivez. Y saber que en nada puedo estar de vuelta en Madrí.

{{2}}
Cómo he llegado hasta aquí

A este cuarto de hotel

De sobrio y apabullante estilo ultramoderno

Con {La balada del café} triste sobre la mesa

Y un viejo y querido libro de Alberti al alcance de mi mano

Con una Moleskine llena de signos

A ratos apresurados

Patas de araña indescifrables

A ratos duros

Como estos:

{Esmeralda: tel. 697 900 110 (chica

pelirroja del bar Leo) / Sábado, 27

de octubre: hoy cazaron al último

ciervo blanco / Hallaron el animal

vivo más viejo del planeta, una ostra

de 400 años
}

Cómo

Después de andar por la vida

]demasiado

Y tan poco

He llegado hasta aquí

Con tantas preguntas

Con tantísimo miedo

Sin saber si mi rostro es mi rostro

Y mi voz

Ésta que ahora tiembla

Es la misma voz de siempre

Que se ha alzado tan pocas veces para

]decir lo justo

Y lo injusto

Cómo he llegado a esta cama

A estos pies cansados

Que están listos para recorrer otra vez

Como ayer

Diez veces la misma estación de trenes

Con la necedad de ir a París

Y la mitad de lo que cuesta el boleto

]en el bolsillo

—¿Dónde sale el Ave a París,

señorita?

—Que el Ave no va a París. Van dos

veces en una hora que le respondo lo

mismo, joder.

Y cómo es que he llegado hasta aquí

Señorita

¿Cómo es que el mundo está

]terriblemente aquí?

{{•}}
En {El Diluvio} de Le Clézio hay un

prisma que multiplica la caverna

de Platón y hace de sus sombras

luciérnagas, monstruosos

destellos que rondan las calles

y los pensamientos; espejos

apocalípticos diminutos.

{{•}}

No es en el piso de la mina

donde se busca el oro, sino en el

techo. Caminar mirando hacia

el suelo es inútil porque la tierra

que se quita para encontrar,

cubre lo que uno anda buscando.

Mientras la veta, arriba, relumbra

invisible a nuestros ojos velados.

{{•}}

La clave de Don Juan, por

llamarle de alguna manera al

arte de verificar cierta seducción

en los animales de pelo largo o

corto, es el misterio. Un secreto

que se alza frente a la multitud

de ojos ciegos. Lo que todos

han visto sin ver. Aquello que se

mantiene oculto en la superficie.

No podría ser misterio si no

estuviera ya en nosotros y no nos

provocara discretamente desde

que lo presentimos.

{{•}}

Quiero repetir, con Nietzsche,

el loco, “Que nos parezca falsa

toda verdad que no traiga

cuando menos una alegría”

antes de comenzar cualquier

conversación.{{n}}