Llegó, desentonó, encaprichó y fracasó: durante la reciente primavera los
españoles estuvieron enganchados por un personaje ficticio que para algunos
resultaba grotesco y para muchos otros encantador. El Chikilicuatre es
resultado de la mercadotecnia y de la explotación de las nuevas tecnologías de la
información pero sobre todo de la esperanza colectiva que promovió artificiosamente
la televisión en ese país. Se trató de un fenómeno social que da cuenta
del empobrecimiento cultural y, antes que nada, del ascendiente mediático que
padecemos hoy en día.
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