La ley de protección a no fumadores aprobada por la Asamblea Legislativa
del Distrito Federal ha suscitado un debate público inesperado y
al mismo tiempo provechoso. Por mi parte, he expresado mi acuerdo con
la exigencia de que se prohiba fumar en lugares públicos cerrados, para
garantizar la protección de la salud de clientes y trabajadores no fumadores.
Sin embargo, han sido una verdadera sorpresa los argumentos de
quienes se oponen fervorosamente a esta ley. Por un lado están quienes, en
afán de polarizar el debate, recurren a una retórica que revela la carencia
de ideas razonadas, y por el otro lado están quienes hacen un verdadero
esfuerzo por argumentar desde la perspectiva de las libertades.
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