Los sistemas de pensiones se han diseñado históricamente con dos grandes finalidades. Una de carácter social, busca suavizar las oscilaciones en el bienestar de los beneficiarios a lo largo de su ciclo de vida y atender los riesgos de la vejez, la invalidez o la muerte. Otra de carácter político, trata de fortalecer la legitimidad de los gobernantes atenuando las fricciones entre las elites y otros grupos sociales. No es casual que desde Bismark (1885) las pensiones hayan servido de mecanismo de conciliación social, aun en gobiernos francamente autoritarios.
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