El terrorismo de Al Qaeda y el de otros sectores de la ultraderecha islámica contra Occidente y su civilización viene a ser una respuesta tardía a un terrorismo previo. Me refiero a aquel terrorismo —con muchísimos más muertos, naturalmente— llevado a cabo, en varios países africanos y asiáticos, por potencias occidentales durante el siglo XIX. Fue un expolio económico de gran alcance, con pocos miramientos, que repartió prosperidad entre los aventureros (individuos y empresas) y elevó el nivel de vida de los países occidentales.
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