La televisión no es sólo universo de virtualidad, sino plaza pública. Un lugar del Estado en la casa. Un ojo, una presencia. Mirada: manera de pensar, perspectiva y ángulo. Comunicación entre gobernadores y gobernados. Comunicación vertical u horizontal.
Pero no sólo el Estado entra a la casa por la televisión, sino cualquiera que tenga los incontables medios materiales políticos y jurídicos que se requieren para abrir esos poderosos vasos comunicantes entre la gente. La televisión ha conquistado la posibilidad de que millones de ciudadanos podamos compartir el mismo espacio y asistir, cómodamente, desde cualquier parte del mundo, por ejemplo en Londres, al entierro de una princesa. Sin duda, eso es uno de los grandes logros de la técnica en pos de la democracia.
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