No ha existido una sola revolución que no haya concluido en la intolerancia y el fundamentalismo. Pero igualmente debemos reconocer que ninguna rebelión social ha carecido jamás de razón en su origen. Esto justamente es lo que quería decir Ortega y Gasset en La rebelión de las masas al poner a la razón como promotora del estallido. Contrariamente a lo que muchos opinólogos proclaman, no es la ignorancia sino la razón la que mueve a la mayoría social hacia la revuelta. Pero la razón, lo sabemos muy bien, suele ser fácil rehén de las vísceras, de manera que mientras la mente busca la superación de los conflictos, el hígado se regodea en la destrucción de los excesos viciantes.
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