En 1974, una bomba, en Buenos Aires, hizo volar por los aires un automóvil, asesinando a dos personas, al general Carlos Prats González y a su esposa, doña Sofía Cuthbert Chiarleoni. El terrorista asesino, el que ordenó el doble homicidio, es un hombre, en este caso, doblemente traidor: el general Augusto Pinochet, ilegítimo presidente de la República de Chile. Traidor a su país, del que -violando su juramento de fidelidad de soldado de la Patria- se adueñó con un golpe digno de un pillo y que sometió a una feroz e indecente tiranía. Traidor a su comandante, el general Prats, que contrariamente a él se merece las estrellas de soldado leal y que había sido ministro del Interior del gobierno de Salvador Allende.
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