En su administración, Carlos Salinas de Gortari busca encarnar la autocrítica de los regímenes anteriores. Lo hace deliberadamente intentando eludir sus dilemas destructivos. Persigue la síntesis aunque termina abonando a la desarticulación del régimen.
Como todo proyecto de largo aliento, el de Salinas lucha contra los fantasmas del pasado, contra las consejas populares, contra las encarnaciones contemporáneas. Su propósito reformador parece encarar los dilemas que en su momento resuelve el general Cárdenas. Pero si visualizamos el sexenio salinista como paradoja, sería más preciso recurrir a la figura de Calles. El que inicia la construcción institucional desde la personalización del poder, no el que cuaja la coalición histórica que gobierna por medio siglo. Diez años transcurren entre uno y otro.
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