En cada revisión o en cada inventario de la política cultural el tema del cine suele aparecer, y con buenas razones, por un motivo determinante: exigir el apoyo a la industria fílmica, a la exhibición y distribución de los productos nacionales y al Instituto Mexicano del Cine. Se olvidan o minimizan el Centro de Capacitación Cinematográfica, la Cineteca Nacional, las empresas perdurables de la UNAM (la Filmoteca, el CUEC, los cine-clubes sobrevivientes), y las programaciones de muy buen nivel del Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional, y el Canal 22 de Conaculta. Es urgente, desde luego, el apoyo al cine nacional, pero es tiempo de atender un tema cada vez más importante: la cultura fílmica, los derechos de los espectadores de cine y las nuevas responsabilidades de los gobiernos en este campo.
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