¿Dónde queda Valle de Bravo?
¿Dónde son las peleas a muerte de los colibríes
con cientos de aguaceros regionales? ¿Ahí queda?
¿Quién despinta el rostro de un ahogado en el lago
de Valle de Bravo con la boca llena de colibríes cortantes?
¿Quién dibuja las carreteras de Luis López Loza, aquéllas,
las rojas, negras o grises, las de gamas equilibradas,
las que han decidido seguirse de largo en circuito cerrado.
sin reparar en los veleros de quienes jamás se ahogarán
entre las algas de Valle de Bravo?
Pero en el patio de la casa de Luis López Loza
en Valle de Bravo no sólo hay buganvillas oculares,
granadas espirales o brújulas esculpidas en los árboles:
también hay canciones de Mahler y caballos que saltan
sobre grandes libreros pintados en voz alta
por el pintor de carreteras que conducen a un lago
donde los colibríes encuentran refugio en bocas
de pescadores sumergidos, mientras las garzas toman
clases de equitación entre las velas picoteadas
por dientes de granizo, más tornillos en cruz
de caballetes.
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