1. Resulta sumamente difícil explicar, para una persona que en Italia se reconoce en los valores del Estado democrático de derecho o bien en la tríada “derechos, paz, democracia”, los cinco años (2001-2006) del gobierno de centro derecha (en realidad, más de derecha que de centro) presidido por Silvio Berlusconi. No es fácil saber, francamente, por dónde comenzar para describir la grave situación económico financiera, la degradación institucional y, sobre todo, los escombros civiles que nos deja como herencia. Sólo para dar una idea, en grandes esbozos, en el plano del respeto de los derechos de libertad, este gobierno se estrenó en julio de 2001 con la reunión del G-8 en Génova, en donde un joven manifestante, Carlo Giuliani, fue abatido por los disparos de un carabinero; en el suelo, aún vivo, en vez de ser socorrido fue aplastado por una maniobra de la camioneta de los carabineros. En la noche sucesiva a los desórdenes, la policía irrumpió en una escuela en donde dormían los manifestantes, golpeándolos sangrientamente. Durante esos dos días los detenidos fueron tratados -los testimonios son numerosos y concordantes- con métodos que en Europa tiempo atrás de definían como “sudamericanos”.
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