La meta inequívoca de todas las instituciones financieras
del sector público es contribuir al desarrollo y
a la estabilidad económica del país. Se trata de que el
sector financiero privado propicie altas tasas de ahorro
tanto de empresas como de personas a plazos crecientes,
con rendimientos reales positivos y sustentables, y
que canalice dicho ahorro de forma eficaz a proyectos
productivos. También busca atraer ahorro externo
y aportar instrumentos de inversión, financiamiento y
cobertura de riesgos cada vez más diversos, con liquidez
y seguridad jurídica, preservando el valor de los
activos financieros de los particulares, con baja probabilidad
de generar inestabilidad y costos fiscales.
Dado que la crisis bancaria es todavía reciente, la
segunda meta es que el sector financiero recobre la
aceptación social, que la desconfianza y el resentimiento generado por el rescate bancario sean superados,
para renovar la convivencia y avanzar en la necesaria
desregulación y la eficiencia.
La conformación de un nuevo sector financiero,
eficiente y que goce de aceptación, es una tarea inconclusa.
Es en este contexto en el que se debe entender
el quehacer del Instituto para la Protección al Ahorro
Bancario (IPAB).
El IPAB no debe llevar a la argentinización de México
(frase acuñada por Luis Rubio), entendida como el
retraso en la solución de la crisis, la sospecha, la parálisis
y el escándalo con serias consecuencias en términos
de aumento en el costo fiscal, desconfianza para la
inversión extranjera y la reactivación del crédito; por
el contrario, debe aportar determinación y rapidez para
que las instituciones sean más fuertes y cumplan su
función económica. El IPAB debe contribuir al fortalecimiento del Estado de derecho, apoyar la transparencia, el rendimiento de cuentas, el combate a la impunidad y
la reducción del costo fiscal del rescate bancario.
Esta función de Estado del IPAB radica en buena
forma en la conclusión ordenada y transparente del
rescate bancario, con el consecuente restablecimiento
de la legitimidad y la confianza en el crédito público
(al regularizar los créditos contratados durante el rescate
sin autorización del Congreso). Esa tarea dignifica
al Instituto y le confiere un lugar importante no sólo
en la economía y en las finanzas sino también en la
gobernabilidad del país.
La crisis bancaria mexicana marcó un hito en las
finanzas internacionales y en la globalización. Como
resultado, los organismos financieros internacionales
han cambiado sus prácticas de detección y resolución
de las crisis, y los modelos teóricos de estabilización
también han cambiado. A pesar de lo anterior, esta crisis
sigue siendo la lección no aprendida de la transición
mexicana. Parece que muchos quisieran saltarse una
etapa de desarrollo institucional y democrático para
seguir adelante. Este documento propone que ello no
es posible y que intentarlo tendría implicaciones negativas
de largo plazo.
Este documento consta de seis partes. La primera
resume los costos de la crisis y expone cómo se generó
y por qué creció la deuda. La segunda se refiere a los
agravantes de los costos fiscales. La tercera se refiere a
la función del IPAB. La cuarta aborda las responsabilidades
del gobierno federal. La quinta atiende a los dilemas
de Estado y expone una serie de preguntas para
culminar el rescate bancario. Finalmente, se presentan
algunas conclusiones y se proponen cuatro posibles
vías de solución de largo plazo para el IPAB.
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