Primero fue la bestia negra y luego el chivo expiatorio: René Bejarano cambió de naturaleza gracias a los medios, que lo convirtieron en uno de los personajes más vistos y oídos de la vida pública durante meses. Si en marzo de 2004 apareció en los noticieros como el protagonista principal de un acto de corrupción avieso, filmado mientras llenaba maletas y bolsas con dinero mal habido, en noviembre ganó el beneficio de la duda: los mismos medios que se habían lanzado en su contra se ponían ahora a su disposición para escuchar las nuevas versiones de la víctima, culpable acaso de lealtad, pero libre de todo otro pecado.
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