“Por pobreza nunca desmayéis,/ pues otros más pobres que vos veis”, decía así el Conde Lucanor, como síntesis de los consejos de su buen Patronio, en el ejemplo X (“de lo que aconteció a dos hombres que fueron muy ricos[[{Don Juan Manuel: El Conde Lucanor} (1335) {({Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio}). Véase por ejemplo: Don Juan Manuel (2004): El Conde Lucanor,} Editorial Edaf, Madrid.]] Pero, tras largos siglos de evolución de las relaciones económicas en las sociedades humanas, la cuestión, en el estadio de la globalización económica que nos ha tocado vivir, estriba en que los parámetros de referencia de la pobreza han cambiado sustancialmente. Si en aquel entonces era un síntoma de esperanza y consuelo personal encontrarse a alguien más pobre que uno, casi setecientos años después las tornas han cambiado radicalmente y ahora resulta todo lo contrario. Al menos en el plano de las naciones, como unidad político económica, el que haya otros más pobres más que de consuelo sirve de lamento.
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