Henry de Toulouse-Lautrec falleció hace ya un largo siglo, a los 37 años, la misma edad que su amigo y coetáneo Vincent Van Gogh. Expiró en una habitación del castillo de Malromé acompañado de su madre, quien lo alentó a pintar desde su infancia y que después de su muerte recopiló su obra para constituir el museo que lleva su nombre en Albi, su ciudad natal.
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