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VILLAURRUTIA POR LOS JÓVENES

POR VÍCTOR MANUEL MENDIOLA

La creación de poesía en México pasa, inevitablemente, por el enigma de los Contemporáneos.

¿Cómo pudieron surgir poemas perfectos, pero al mismo tiempo excéntricos y «reaccionaríos», como Muerte sin fin de Gorostiza, «Horas de junio» de Pellicer, «Breve romance de ausencia» de Novo, «Los nocturnos» de Villaurrutia? ¿Cómo fue posible que estos poetas tan originales estuvieran atrapados en el rigor de las formas tradicionales, tanto en el endecasílabo como en el soneto y las décimas? ¿Cómo entender que los Contemporáneos se gozaban inmóviles en una distancia intelectual, cuando las vanguardias exaltaban los poderes de la irracionalidad contra la razón? ¿Cómo explicar que el poeta del sueño, Xavier Villaurrutia, defendió de una manera apasionada y constante el papel de las ideas en la poesía? ¿La obra fría y calculada de Villaurrutia de verdad tiene admiradores entre los nuevos poetas, mucho más cerca del sentimiento, la embriaguez y la espontaneidad?

La compilación de ensayos Xavier Villaurrutia: … y mi voz que madura de Roxana Elvridge-Thomas muestra el diálogo de los jóvenes con Villaurrutia. En este libro, nueve escritores abordan de manera breve, pero en algunos casos con riesgo y chispa, la poesía del autor de Reflejos y de Nostalgia de la muerte.

El primer ensayo, el texto de Cuitláhuac Quiroga, es un buen punto de partida. Esencialmente plantea la necesidad de asumir una postura crítica ante la figura canónica. De un modo violento y divertido, Quiroga se pregunta «¿Cómo hablarle a una estatua?». Quiroga advierte acertadamente que «la crítica» transformó a Villaurrutia en el pretexto de un discurso apologético e insinúa, con un lenguaje juguetón, el deseo de disputar con «las vastas argumentaciones». Sin embargo, él no da el siguiente paso. No propone algunos de los temas, que «la crítica» ha dejado de lado, y no se atreve a abrir un nuevo abordaje. Se queda en la molestia que le produce la exaltación del mármol.

El ensayo de Alejandro Fuentes explora la influencia de la pintura moderna en la poesía de Villaurrutia y el de Lourdes Rangel el papel que juega la idea de vacío en Nostalgia de la muerte. El texto de Fuentes está bien urdido, pero da vueltas alrededor de una relación conocida, que varios autores ya han considerado. Otro tanto pasa con Rangel. Ella aborda la poesía de Villaurrutia exactamente desde el mismo punto de vista que Octavio Paz en el ensayo «Xavier Villaurrutia en persona y obra».

Hubiera sido interesante que Rangel se atreviera a cuestionar, por el contrario, la idea de vacío y de agonía. No sería tan difícil, ya que la poesía de Villaurrutia, aunque habla de la muerte, nos deja un sentido de armonía y belleza. La muerte es una puerta a una idea de placer e inteligencia.

El ensayo de Noé Martínez Carrillo, el texto final, es el testimonio del descubrimiento de una lectura, pero no ofrece un interés crítico.

Los textos más arriesgados son los de Epigmenio León, Elvia Navarro, Donají Cuéllar y Hernán Bravo Varela. Aunque es fácil diferir con estos autores, sobre todo con los tres primeros, el lector puede encontrar un acercamiento auténtico a la poesía de Villaurrutia. Constantemente rozan su misterio. Desde un rápido estudio filosófico, Epigmenio León percibe con toda claridad que la poesía de Villaurrutia implica la creación de un nocturno mundo paralelo; este mundo no responde a las leyes de la realidad sensible sino que representa otra dimensión, una suprasensibilidad donde «el placer se sufre y se goza por igual». Epigmenio León no resuelve el hecho de que esta poesía «inventada» presenta, al mismo tiempo, un ingrediente mimético, que produce sentido y orden. El mundo nuevo de Villaurrutia no es como el mundo real, pero es tan claro y organizado como éste. El ingrediente mimético está ligado con la herencia clásica. Elvia Navarro parte precisamente de ese asunto, confrontando las poéticas premodernas, que tienen como origen el concepto de mimesis, con la moderna, que defiende el derecho del autor a crear sus propias reglas. Esta es una cuestión esencial al hablar de los Contemporáneos y de Villaurrutia. Ellos más que debatirse entre lo clásico y lo romántico, se complacieron en su convivencia. Navarro se percata de la importancia de esta dicotomía. Sin embargo, no se da cuenta que para Villaurrutia estos términos se complementan a final de cuentas. Desde este punto de vista, Villaurrutia no es un poeta de la vanguardia; tampoco es, estrictamente, un poeta clásico. Es un híbrido, que escapa a las definiciones convencionales.

El ensayo de Donají Cuéllar tiene un importancia especial. Descubre cómo el monólogo Dama de corazones muestra el acendramiento del rigor de la escritura de Villaurrutia en la dirección de alcanzar una precisión más alta, como había observado Jorge Cuesta al caracterizar Reflejos. Cuéllar afirma: «La búsqueda de su método, de su sistema poético y de sí mismo es el asunto central de Dama de corazones». El ensayo de Cuéllar considera este texto como un eslabón en el desarrollo de la poesía de Villaurrutia. El camino de Reflejos a Nostalgia de la muerte pasa por Dama de corazones. En el análisis de Cuéllar podemos ver cómo los descubrimientos de Reflejos comienzan a estrecharse en una especulación solipsista, en un viaje inmóvil sin compañía. Cuéllar tiene la intuición de que en este monólogo hay un concepto unificador: «Las frías geometrías de la inteligencia que apasionaban a Villaurrutia… sugieren la idea de que en la imagen visual de la dama  de corazones subyace una poética del espejo… (p. 91).

El ensayo de Hernán Bravo Varela está muy bien escrito y es un breve pero redondo estudio de las relaciones existentes entre un poema de Novo, «Amor», y otro de Villaurrutia, «Amor conduce noi ad una morte». Llama la atención la claridad y la atingencia de Bravo.

Aunque el prólogo al libro es malo, el trabajo de la compilación de Roxana Elvridge-Thomas tiene un valor indudable. En esta reunión de ensayos y autores podemos observar cómo ha evolucionado el interés sobre la obra villaurrutiana. A juzgar por los ejercicios de este libro la fuerza de atracción del autor de «Nocturno muerto» se mantiene pura y viva. Sin embargo, uno no puede dejar de preguntarse por qué los autores de Xavier Villaurrutia: … y mi voz que madura no encuentran como un camino a seguir la poesía intelectual y por qué todos estos jóvenes ensayistas no alcanzan a distinguir que esta poesía plantea una crítica a la espontaneidad y a la embriaguez no sólo de la vanguardia sino de la poesía actual. n