TENDENCIAS

BARÓMETRO

 LA VIDA POLÍTICA SIN SENDA

POR ROLANDO CORDERA

Pretender deshacerse de los partidos y de los “políticos” es autodestructivo y lo es más cuando so pretexto de abatir el costo de la democracia se cierra el paso a los nuevos proyectos o se pretende acabar con la representación proporcional.

TRANSICIÓN SIN TREGUA, ALTERNANCIA SIN LLEGADA

De marzo pasamos a mayo sin transición, vocablo que según la corrección política de la hora sólo convoca a las brujas del desorden y la especulación. Los sustos y la moralina desplazaron a las ocurrencias en la política formal y lo más probable es que durante todo junio y cuando despierte julio la sociedad siga en ascuas, con la sensación de que vive al amparo de no se sabe qué corrientes profundas a la vez que evanescentes donde el poder constituido no tiene nada que hacer y los poderes de hecho se presentan como benefactores de tanto huérfano.

Tal vez sea por lo anterior que con tanto énfasis se atribuya a los políticos que desprecian las reglas y no ven más allá de sus ávidas narices, la culpa principal de que el país y su presidente no puedan avanzar hacia el nirvana prometido el 2 de julio. Como nunca antes, son los políticos los chivos expiatorios preferidos de nuestro infortunio, cuidando siempre de no incluir en esta categoría a los que gracias a la alternancia nos gobiernan desde fines del año 2000.

Sobre las fallas múltiples, geológicas podría decirse, que aquejan al sistema político que emergió con la última fase de las reformas electorales a partir de 1994 y las jornadas de la calle de Barcelona, puede todavía decirse mucho; sin embargo, es sabido también que su estudio se ha profesionalizado y vuelto robusto. Las instituciones que harían falta para que el pluralismo adquiriese solidez y dinamismo están en buena medida inventariadas, pero no sobra sugerir aquí la conveniencia de explorar una ley de partidos políticos que traiga a la tierra su definición constitucional de entidades de interés público.

Como se ha reiterado en muchas de estas entregas, el gran ausente es el tema de los medios, de su reglamentación congruente con lo principal que es la consolidación democrática y, necesariamente, del sistema de partidos y competencia plural. Sin esta reglamentación, amarrada al mencionado objetivo mayor, el orden político que surgió de tantos y tan largos años de tránsito quedará trunco, como mesa de tres patas, siempre sometido a los embates del poder económico concentrado que encuentra en la gran empresa mediática un vehículo excepcional para reproducirse y para poner en jaque al Estado democrático que todavía no nace.

La polaridad más significativa y ominosa de este tiempo es la que se ha creado entre los ciudadanos de a pie y los políticos con prerrogativas y dietas. En medio podemos encontrar al resto de los medios de información y a las escasas ONG que pugnan por no pasar al estado de partidos larvarios donde se han inscrito la mayoría de sus congéneres. En la cúspide, si se quiere todavía virtual pero no por ello menos agresiva, domina la coalición que pretende hacerse cargo de un orden político que vive una inmadurez inconmovible, fruto en gran medida de un Estado rodeado de vetustos corporativismos, acechado por las fantasías de los que ahora lo gobiernan, e incapaz de realizar por sí solo su propia reforma política que tendría que empezar por aprender a deletrear el vocablo parlamentarismo.

CITAS ADELANTADAS

Como conjunto, el descrito es una pésima cortina de contención a lo que amenaza con volverse una marea de enfado, incomunicación y alejamiento sociales, que no puede sino poner al país a las puertas de una crisis política de enormes proporciones. La cita está anunciada para 2006, pero muchos mariscales de bolsillo parecen haber decidido adelantar el reloj y buscan que el desenlace tenga lugar de una vez.

Todo se quiere justificar con un “ahorro democrático” que reduzca los costos de una disputa por el poder constituido que se anuncia fragorosa e incierta en cuanto a sus resultados. Sin árbitro superior, sin tlatoani que decida en última instancia los pleitos de sus macehuales, las bandas de la política del poder parecen haber optado por poner a éste bajo estricto resguardo, cerrar las puertas del palenque antes de que acaben de cruzarse las apuestas y llegar, en su momento, a un compromiso que no será histórico, como lo quería el inolvidable dirigente político italiano Berlinguer, pero que sí puede darnos más de un susto y ponernos a todos y todas al borde de la histeria.

López Obrador ha sido reprendido por más de un preceptor por echar de menos la falta de un árbitro. Pero si se va más allá de los tropicalismos debe admitirse que el asunto es grave y no fue resuelto por los reformadores de fines de los noventa. Será como se quiera, impoluto y rehabilitado a mil por hora, pero resulta de alto riesgo suponer, sin más, que sí hay árbitro y que lo encarna el poder judicial de la federación. Puede incurrirse en el máximo ejercicio de la imaginación política y jurídica, pero pensar que se puede replicar el triste caso americano de su pasada elección presidencial con tal de sentirnos contentos con nuestra modernidad copiada es punto menos que suicida.

Bienvenido el tercer poder que reclama sus fueros y lugar en el nuevo espacio abierto por la democracia. Pero para que además de poder reconocido en la Constitución sea poder efectivo de la República hace falta algo más que desplegados y buenos discursos. Sin pacto político entre los políticos y, si se quiere, también los doctores de la ley, los juristas y estudiosos de nuestro derecho, no habrá acto fundador proveniente de la Suprema que nos diga y convenza de que a partir de mañana a las doce se inaugura el Estado de derecho y todos nos atenemos a las leyes sin apelación o interpretación alguna.

No se trata de reinventar al Jefe Máximo, pero sí de hacerse cargo de la debilidad institucional que la cúspide del castillo republicano registra, sobre todo cuando se simula una situación extrema o crítica. No hemos llegado a ella, pero la inmunidad mítica del pasado revolucionario se acabó.

De seguir como vamos, la coyuntura abierta con los videos de Ahumada y asociados puede volverse una estructura, una jaula de hierro a prueba de escapistas de la que sólo puede salirse con costos sociales y políticos muy elevados. El presidencialismo posrevolucionario se fue y podemos decirle adiós para siempre, pero en su lugar quedó muy poco que propicie la acción de los hombres y el acuerdo de voluntades de antaño. Los entusiastas pensaban que los partidos nos darían un Príncipe colectivo que como mecano y gracias a la competencia, produciría pronto y bien los valores públicos necesarios para conformar un nuevo régimen a la altura de los cambios políticos y sociales alcanzados. Pero no ha sido así.

CONTRA LOS POLÍTICOS Y POR LA RAZÓN PURA

El lugar común de la hora es la irresponsabilidad de los políticos y la receta de la botica dizque liberal, en realidad oligárquica, es que esa responsabilidad sólo será superada cuando los diputados y los senadores “respondan” directamente a sus electores en el momento mágico de la reelección. Sólo así, se dice, se saldrá del embrollo actual y los legisladores se abocarán a hacer las reformas necesarias para el desarrollo y la felicidad nacionales.

La ecuación atrae al más pintao de los regios, como el próximo presidente del Consejo Coordinador Empresarial, pero en los hechos, así como en la lógica, resulta falsa y peligrosa. No hay cosa tal como el político químicamente puro, que sólo responde a su fruición optimizadora; y no hay ciudadanía celeste, ni aquí ni en China.

Los políticos requieren de partidos, camaradas, roscas, grupúsculos y operadores que nunca son sumisos, salvo en el delirio del poderoso de ocasión; y, por su parte, la ciudadanía necesita algo más que rendición de cuentas trienal y solícita y reclama discursos y proyectos que le ordenen, así sea de manera simbólica, el caos de su vida cotidiana, de su inseguridad personal y familiar, de su desazón ante los fenómenos fantásticos de nuestro tiempo.

Por desgracia, la política quiere ser vista por algunos empresarios e ideólogos de la propiedad (que suelen confundir con la libertad), como una disciplina auxiliar de la administración de las cosas, de la economía o los negocios, y aquí radica la debilidad de los argumentos reeleccionistas en clave de “elección racional” que, de imponerse, puede desbarrancarse en una irracionalidad estatal portentosa. La reelección puede ser útil y necesaria, pero no para echar a los partidos de la arena del poder y del Estado sino para fortalecerlos y abrir vías inexploradas en México de agregación y representación de intereses y visiones.

Pretender deshacerse de los partidos y de los “políticos” que según este delirio serían desplazados por sus electores en la primera oportunidad, es autodestructivo y lo es más cuando so pretexto de abatir el costo de la democracia se cierra el paso a los nuevos proyectos o se pretende acabar con la representación proporcional. Poco tiene que ver esto con los intereses de mediano y largo plazos de un empresariado que por lo pronto no ve la suya en la producción y la competencia, sino en la inversión financiera y las múltiples maromas de su endeudamiento y el desvío fiscal.

Como quiera que sea o vaya a ser, no serán esos diputados imaginarios, electos y vueltos a elegir por ciudadanos también imaginarios (pace Fernando Escalante), los que les saquen ese buey de la barranca. El económico se nos ha vuelto un endiablado laberinto que requiere de algo más que un exorcista de ocasión.

Salir del atolladero económico se puede, pero para hacerlo se requiere de mucha política y voluntad colectiva, nacional podría decirse, que sólo los políticos pueden inventar y luego concretar en pactos, decretos, planes de desarrollo, leyes fiscales y presupuestos. Los diputados del edén no podrían perder su tiempo en esto: tienen que dedicarse a buscar patrocinador para la próxima elección y eso, por definición, les impide preocuparse por el conjunto.

LOS LIBROS SOBRE LA MESA

Jorge Carpizo puso en circulación, bajo el sello editorial de la UNAM, una notable entrega adicional a su importante El asesinato de un Cardenal, escrito al alimón con Julián Andrade y publicado por Aguilar. En El expediente Posadas a través de la lupa jurídica. Averno de impunidades (UNAM, México, 2004), Carpizo ratifica su firmeza académica y convicción ciudadana para defenderse de cargos infundados, ataques arteros, calumnias mil, en torno al expediente Posadas. Basado en una argumentación jurídica robusta y una base referencial abundante a la vez que selecta, nuestro autor sale avante de su nueva, esperemos que última, confrontación con el mal llamado Grupo Jalisco, emblema de lo que con tino llama la ultraderecha mexicana, avecindada en Guadalajara pero bien amarrada con muchos de los poderes que son. El trabajo de Jorge Carpizo es de consulta obligada cuando de (re)conocer el subsuelo del orden jurídico se trate. Ahí se mantiene, a fuego vivo, un aterrador averno de impunidades. n