INMISERICORDE VISIÓN DE LA REALIDAD

POR VÍCTOR MANUEL MENDIOLA

Aunque el nombre del volumen no es original, ya que es frecuente encontrar títulos de esta índole, la mayor parte de las piezas que conforman este libro sí lo son y podríamos decir que tienen carácter.

En los 18 cuentos que contiene La muerte niña —primer libro de Carmen Rioja— la brevedad se dilata con tensión, creando al final de las historias sorprendentes soluciones lógicas. Los textos revelan un conocimiento hondo de las contradicciones de sus protagonistas y de los seres reales, que reflejan de una manera inevitable. Sus cuentos subrayan el hecho de que pasiones diferentes y, muchas veces, ridículamente opuestas, constituyen nuestros sentimientos. Los personajes de Rioja son verosímiles,  porque están construidos con elementos contradictorios. Por otro lado, el estilo narrativo revela una economía rigurosa en su lenguaje. Incluso cuando se arriesga a echar mano de recursos propios de la poesía, éstos trabajan de manera justificada, es decir, Rioja sabe equilibrar el discurso del narrador, los saltos y giros coloquiales de los personajes y una construcción verbal auténticamente lírica, no ornamental.

En los cuentos de Rioja hay una visión muy aguda, inmisericorde de la realidad y, por tanto, sus historias casi siempre desembocan en situaciones terribles o mortales. Pero ella llega a esos momentos con la conciencia de que las situaciones de gravedad emergen —en nuestro tiempo frívolo— de lo pequeño, de lo accidental y de lo inútil. Cerca de lo terrible, pero alejada de lo vulgar, sus personajes se ríen de los demás y de sí mismos.

Un ejemplo de esta puntería está en el cuento “Los caminos de las balas”. En él, el personaje principal convaleciente en el hospital, después de haber causado por equivocación la muerte de su propio hijo y de haber fallado en el intento de suicidio, ve con enorme desprecio, desconsuelo y sarcasmo —próximo a la carcajada— al doctor que lo atiende, cuando éste le dice que ha tenido suerte en salvar la vida. Como es obvio, no hay ninguna suerte que se pueda celebrar para el suicida frustrado. Rioja nos muestra lo absurdo, lo convencional y lo inevitable de nuestros buenos deseos y de nuestras torpes frases de todos los días en los momentos de verdad.

Quizá por esta razón una de las cualidades más llamativas de estos cuentos sea su capacidad de crear, entre elementos cuasi fantásticos y reales, una red de penetrantes apreciaciones.

Fue un error colocar como entrada de todo el volumen el texto que precisamente lleva el mismo nombre del libro: “La muerte niña”. Es una viñeta que no refleja las tensiones y las visiones implacables de los otros cuentos.

No muchos escritores tienen la fortuna de escribir un primer libro auténtico y, psicológicamente, fuerte. Carmen Rioja pertenece a esa clase de autor que tendrá que enfrentar “la buena suerte” y “la mala suerte” de sostener la originalidad que encontró en el principio. n