DE REGRESO A LA EDAD MEDIA

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

En Estados Unidos se han vivido las Navidades más religiosas de todos los tiempos y también las más patrióticas. Patria y religión, como en la Edad Media, vuelven a ser lo mismo.

A Sarah y  Moisés Braiman

Dios es norteamericano. No lo duda la mayoría de la ciudadanía, que lleva las barras y las estrellas grabadas en el corazón. El presidente de Estados Unidos, George Bush, por ejemplo, que después de aquel aterrador y criminal 11 de septiembre de 2001 invoca continuamente a su divino compatriota, superando todas las cifras de citas a Dios. “Dios bendiga a América”, recita devotamente al acabar casi todos sus discursos. Pero, ¿cómo el Señor no va a proteger a Estados Unidos, si es su propio país?

Es cierto que dejó que su hijo naciera en Belén. Pero bien arrepentido debe estar Dios Padre, según la creencia que deben compartir muchos ciudadanos, poco simpatizantes de los palestinos, que ahora dicen ser los verdaderos compatriotas de Jesús. No pueden serlo aquellos arrogantes judíos, que una y otra vez han bombardeado la ciudad de Belén. De haber sabido lo que iba a ocurrir, qué duda cabe de que Cristo nacido en Massachusetts, el Vaticano estaría ahora en Virginia y todas las ramas del cristianismo habrían surgido por los estados de la Unión. Quizá toda la cristiandad sería mormona. En la famosa escena de la llegada de Colón a América, el fraile aparecería al lado de los aborígenes.

Dios se equivocó una vez y no deja ahora que seamos los cristianos los que caigamos en el error. Es lo que cuentan ahora en Estados Unidos las personas de convicciones cristianas más arraigadas. Cuentan que el día 10 de septiembre del 2001, pocas horas antes de la catástrofe de las Torres Gemelas, se discutía en el Congreso de Estados Unidos una ley que impediría rezar a ningún Dios en las escuelas públicas. En apariencia era una medida equitativa, que afectaría a todas las creencias, pero como los cristianos son muchos más su Dios sería el más afectado. Según los pontífices estadunidenses, la tragedia neoyorquina fue un castigo divino a una humanidad engreída, que pretendía legislar sobre lo que no sabe. Desde entonces se reza en las escuelas, en la calle y en las casas, y en Estados Unidos se han vivido desde entonces las Navidades más fervorosas de la historia. Y como se suceden una tras otras las invocaciones  de Bush a la divinidad, y como en la ley que Moisés bajó del Sinaí existe un segundo que prohíbe la utilización del nombre de Dios en vano, no sería de extrañar que el presidente norteamericano la declarara parcialmente anticonstitucional.

A lo largo de la historia, religiones y patrias se han identificado repetidamente, y así se explican tantos desastres para la humanidad.

 Pero nunca, como ahora, la identificación de la cruz con una bandera había tenido a su servicio medios tan poderosos para difundir un mensaje sembrador de confusión. Y nuevamente en Estados Unidos se han vivido las Navidades más religiosas de todos los tiempos y también las más patrióticas. Patria y religión, como en la Edad Media, vuelven a ser lo mismo. n