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MIGRACIÓN Y CULTURA LAS REDES SIMBÓLICAS DEL FUTURO

 POR LOURDES ARIZPE

Si bien la migración masiva de mexicanos a Estados Unidos era previsible por las crisis del campo en México, lo que sorprende es la vigorosa transculturalidad que mantiene vigentes los lazos afectivos y culturales entre los migrantes y sus comunidades de origen. Admirable resulta también, y congruente con nuestra historia, la creación de un movimiento cultural mexicano/chicano, vehemente y alborotado en Estados Unidos. Mientras allá este movimiento cultural nace al brotar nuevos significados y representaciones —muralismo y artistas chícanos, performance “naftazteca” y la Virgen de Guadalupe plasmada en shorts y zapatos tenis, liberada—, aquí en México más bien cunde la alarma por la posible pérdida de tradiciones culturales debido a este ajetreo geográfico.

Dos preguntas principales se pueden formular. ¿Será cierto que los migrantes traen de regreso con sus coches chocolate, con los aparatos de música y videos, y con sus “Oh, sí” lingüísticos, el presentimiento del fin de las “costumbres” mexicanas? ¿Será cierto que pierden su lealtad cultural hacia México, su historia y sus tradiciones? Por otra parte, ¿será cierto que los jóvenes, imbuidos de música hip-hop, y ska, con apariencia de cholos, que cubren los muros públicos con graffiti, han perdido su referencia cultural mexicana?

Nos toca a los mexicanos proponer una nueva concepción de estas “transculturalidades” en las que se atisban muchas y diversas fuentes de creatividad.

¿Qué piensan los propios migrantes y la gente de sus comunidades de origen de los cambios que están viviendo en sus identidades, sus valores y sus percepciones del futuro?

Varios aspectos de la “representación social” de la cultura mexicana en relación con Estados Unidos se han hecho ya obsoletos; entre ellos, el viejo esquema colonial que percibía a México como sociedad pasiva necesitada de murallas culturales para defender su cultura del exterior. Hay que reconocer que México ha destacado por su producción cultural, museológica, artesanal y artística que hoy refrenda a través del impacto cultural que han tenido los migrantes mexicanos y sus descendientes. Ninguna otra corriente de migración a Estados Unidos ha tenido un impacto cultural semejante.

Versión abreviada del artículo del mismo nombre que aparecerá en el libro Los retos culturales de México, en prensa.

También se ha venido abajo la idea de que sólo podemos ser mexicanos “hacia adentro”, esto es, pensar que nuestra cultura se tenía que detener en las fronteras. Durante el siglo XX, esta mirada hacia adentro hizo que se perdiera de vista el papel tan destacado que ha jugado México en la cultura mundial. Hoy más que nunca, la cultura mexicana, con todas sus diversidades, no se detiene en las fronteras, ni geográficas ni imaginarias ni cibernéticas.

En este artículo se presentan las pinceladas de esta nueva cartografía sobre la interactividad cultural que propician los vaivenes migratorios de mexicanos entre México y Estados Unidos, basadas en dos encuestas, una realizada en Nueva York y otra en la ciudad de México, así como trabajo de campo en comunidades en Morelos, Oaxaca y Chiapas.1

Varios términos, un mismo fenómeno

En los últimos decenios, los estudios mexicanos sobre migración se han concentrado sobre todo en los temas económicos relacionados con las remesas,2 el empleo, las tendencias demográficas de la migración y las identidades étnicas. Otros temas abordados son los derechos humanos y la dimensión política de la migración. Los estudios de género también han hecho aportaciones al análisis de los impactos de la migración en relación con el mantenimiento y la reproducción del vínculo conyugal a distancia. En cambio, son contados los estudios sobre la cultura y la migración.

Una característica especial de la migración mexicana —cuando menos hasta el reforzamiento de la frontera por el efecto de la lucha contra el terrorismo— es que en gran número de casos ha sido de tipo “golondrino” —personas que van y vienen entre ambos países—. Por ello, Linda Basch y Nina Glick- Schiller3 los han denominado “transmigrantes”, puesto que mantienen fuertes vínculos sociales, culturales y económicos con sus comunidades de origen, y cada vez es mayor su participación en acontecimientos y decisiones de carácter festivo o político, así como en inversiones económicas, en los pueblos en México de los que provienen.

Para los efectos de este análisis preferimos utilizar el término “transculturalidades mexicanas” porque permite dar cuenta de la pluriculturalidad de la nación mexicana y de la creatividad cultural de los mexicanos y sus descendientes radicados en Estados Unidos. También porque incluye la premisa de que toda cultura se da en una relación contrastada con otras. Más que todo, otorga a la dinámica cultural de la migración el carácter de interactividad, y rompe así con el ya rebasado esquema mecánico de dos polos supuestamente aislados. Por último, porque desde un punto de vista teórico permite analizar este movimiento a partir de cómo lo construyen sus agentes culturales por medio de sus decisiones, su performance, o como decidimos llamarla en un curso, “la ‘enacción’4 de sus preferencias culturales”.

LA CULTURA MEXICANA: “EL DON CREATIVO, LA TEMPERANZA DEL PUEBLO Y LA ALEGRÍA”

Al preguntarle a los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos cuál de las dos culturas les gusta más, 56% (35 encuestados) respondió que la mexicana y 37.1% (23 encuestados) que las dos.5 Los términos en que se expresan estos migrantes de la cultura mexicana son sumamente elogiosos. A la pregunta de cuáles son las tres cosas que más les gustan de la cultura mexicana, se alternaron respuestas como el subtítulo de esta sección, además de “las tradiciones, más inocencia, más convivencia entre vecinos; hay sentido de comunidad, que aquí no existe”; “la música regional, la historia; los museos son interesantes, pues nuestra historia es bastante larga”; “las tierras, los pueblos, la creatividad y el genio y las invenciones de la gente”; “la calidad y la unión de la gente”; “la cocina, la forma en que se relaciona la gente, la historia”.

En la encuesta realizada en Nueva York se repiten varios temas en las respuestas. Por ejemplo, 40.2% de los migrantes habló de “cultura”, historia, tradiciones, fiestas y costumbres; si añadimos 10.4% que se refirió a la gastronomía, resulta que 50.6% de los entrevistados hizo hincapié en que lo que más les gusta de México es su riqueza cultural. Otro grupo —17.4% de los entrevistados— se refirió, en cambio, a la calidad, apoyo y calidez de la gente en nuestro país. El resto de las respuestas se repartieron entre temas como la belleza de los paisajes, el clima, las playas y hasta el tequila.

Con respecto a qué les gusta de la cultura estadunidense, una respuesta resume la tendencia general: “¿Cultura? No sé si son (sic) cultura, es casi puro capitalismo; su facilidad de hacer dinero, su mercadotecnia”. Otras respuestas expresaron entusiasmo por “su capacidad de absorber cosas nuevas, su orgullo como país”; “su avance tecnológico, la rapidez de la modernidad, es un fenómeno increíble, fantástico y rápido”. Muchos entrevistados expresaron ambivalencia. Un migrante mencionó “su nacionalismo, que los lleva a joder a los demás; ellos no entienden que no se deben meter”, aunque aseguró que admira “el nivel de estudio, la preparación, la responsabilidad” de los estadunidenses.

Como hechos positivos que encontraron en Estados Unidos se repiten constantemente: en primer lugar, un empleo; luego, el orden, la disciplina, la eficiencia, la responsabilidad y, también —aunque con un contrapunto que se verá a continuación—, la libertad. “(Ellos) tienen la voluntad para trabajar, nosotros tenemos las manos. Nosotros trabajamos con las manos, ellos con la cabeza. Aunque yo tengo que agradecerle mucho a Estados Unidos, he recibido mucho de ellos. A mí me gusta mucho el gobierno de ellos, es franco, sincero y eficaz”. Se repite casi al unísono la comparación entre el gobierno estadunidense y el mexicano, culpable este último, a sus ojos, de la deplorable situación que los obligó a emigrar a aquel país. Un ejemplo es esta frase de un migrante en Nueva York: “Aquí se trata de sobresalir, en México no se puede por tanta corrupción y violencia”. En cuanto al trato con la gente, en las entrevistas realizadas en Nueva York, la mayoría calificó a los estadunidenses como gente “más abierta, no hay tanta crítica, segura de sí misma”, “buenas personas”. Sin embargo, muchos también mencionaron racismo, discriminación y la separación entre grupos sociales y raciales. Por último, la siguiente respuesta resume el punto de vista de la mayoría de jóvenes migrantes: “El béisbol, basquetbol, fútbol, la música rocanrol y la salsa, me gusta la cultura americana”.

Un hallazgo muy importante del estudio —y contrario a lo que se habría esperado— es que las respuestas en la encuesta de la ciudad de México son muy semejantes a la de Nueva York. Al especificar qué es lo que más les gusta de la cultura mexicana, sorprende que 90% se refirió a cuestiones culturales, 4% a temas sociales y el resto a otros temas. Es significativo que 14% de los encuestados en el Chopo mencionó explícitamente lo prehispánico y las “pirámides”. Algunos ejemplos: “La arqueología, la arquitectura, me late lo maya, lo prehispánico”; “todo, la arqueología mexicana, a veces la tecnología de las culturas antes de la Conquista”. Hay alusiones constantes a los indígenas y a las “raíces culturales”. También se hace mención a una mayor libertad, “somos independizados para vestirnos, somos libres”. Otros hablaron de aspectos afectivos, de que les gusta “el calor humano, damos todo el corazón, somos sencillos; hay mucha unión aunque sea por un partido de fútbol o como lo del 85”. Y otros añadieron filones idiosincráticos: “(El) sabor, la mujer, la ironía”; “el arraigo que tiene la gente, la jerga, el lenguaje, la cultura popular”.

Entre los jóvenes encuestados en este tianguis del Chopo, mercado que se especializa en música rockera, hip-hopera, ska y otras, en su mayoría importada de Estados Unidos, ¡73-1% (68 encuestados) dijo que prefiere la cultura mexicana a la estadunidense! En tanto, 23.9% (22 encuestados) afirmó que le gustan las dos, y sólo uno de los 93 encuestados prefirió la estadunidense. Resulta interesante que fueron sobre todo los jóvenes menores de 25 años quienes expresaron que les gustan las dos, lo que indica una mayor apertura cultural marcada por generaciones.

Queda claro que hay mucha mayor diversidad e imaginación en las contestaciones a esta encuesta. No son, de ninguna manera, expresiones de jóvenes desarraigados ni confundidos, como muchas veces se expresa en la opinión pública en la ciudad de México. Y, sin embargo, se perforan el cuerpo con arracadas, llevan tatuajes, saben todo de la música rap. se visten de “cholos”, ven todas las películas de Hollywood y navegan en internet. Estos resultados apuntan a que el impacto de la migración y de la influencia del consumo cultural de productos estadunidenses no está desplazando a la cultura mexicana tradicional, sino que los chavos y las chavas están reconstituyendo el sistema simbólico que los une a la cultura mexicana.

“¿QUÉ EXTRAÑABA? LA FAMILIA, LAS COSTUMBRES, LA LIBERTAD”

¿Qué es lo que más extrañan los migrantes? Igual que para las preguntas anteriores, se encontraron respuestas muy similares entre los entrevistados en Nueva York y en México. Un joven de Tlayacapan, Morelos, lo resumió así: “¿Qué extrañaba? La familia, que es lo más importante, las costumbres, la libertad, porque aquí tenemos libertad y allá no. Es que allá es puro trabajo, está uno como buen esclavo”.

Vale la pena detenerse en el tema de la libertad, porque fue mencionado por distintos entrevistados como algo que les gusta tanto de la cultura mexicana como de la estadunidense. Curioso contrapunto, que interpretamos como la existencia de dos distintos tipos de libertad. En relación con Estados Unidos, los migrantes elogiaron lo que se refiere a “superarse”, en el sentido de que quien trabaja “sale adelante”; “la libertad de encontrar trabajo siempre” y la de no ser acechados por “caciques” o policías corruptos, particularmente los de la frontera mexicana. Muy en especial, las mujeres hicieron énfasis en que sienten mayor libertad y mayor “respeto” en Estados Unidos. “Aquí, si me pone la mano un hombre, ahí está el teléfono, le hablo a la policía…”, comentó una migrante, y sorprendida añadió “…¡y viene!”. De hecho, muchas de ellas expresaron que viven más tranquilas en Estados Unidos, lejos de la violencia, las violaciones y las discriminaciones que, según refieren, sufren en México.

No obstante, varias de las migrantes en Nueva York, de origen campesino, dijeron que no conocen la vida estadunidense y no tienen opinión de ella. Al visitarlas en su departamento, nos explicamos su situación: sus hermanos o primos las llevaron de México para encargarse del trabajo doméstico, y si trabajaban fuera, generalmente lo hacían clandestinamente en empleos domésticos. Se entiende entonces que no tienen posibilidades de conocer ni de asimilarse a la vida de aquel país.

Otros migrantes entrevistados en México valoran la libertad personal: “No tener que registrarse siempre para todo”; “nos podernos mover a vivir a donde se nos da la gana”; “no hay tantas reglas para vivir”. Lo interesante de estas frases es que representan el reverso del orden y disciplina que muchos mencionaron como ventajas de la vida cotidiana en Estados Unidos.

A la pregunta de qué tenemos en México que no haya en el país del norte, un joven migrante mixteco contestó: “El desmadre… Tenemos corazón (y se golpeó el pecho), ellos lo tienen muy duro. Ellos tienen los conocimientos, pero unos son igual (sic) a los de aquí. Piensan más bien, piensan todo tacticado”. Otro migrante dio una respuesta escueta: “Allá todo está refrigerado”.

Para resumir, contrariamente a lo que suele expresar la opinión pública de México, encontramos que la mayoría de los migrantes entrevistados, incluyendo los que han retornado al país, tiene una visión positiva de vivir en Estados Unidos. ¿Discrepancia entre lo que expresan los migrantes en privado y en público? ¿Énfasis de los medios de comunicación mexicanos sobre los abusos que sufren los migrantes, por una entendible solidaridad nacional? ¿Incongruencia entre el espejo que le presentan los medios de comunicación estadunidenses a los migrantes mexicanos y su propia realidad? Para resolver estas interrogantes es necesario realizar más investigación.

En la preferencia de los migrantes por la cultura mexicana —preferencia que se fortalece a mayor número de años de residencia en Estados Unidos— tienen un papel medular la historia, las tradiciones y las fiestas, es decir, las manifestaciones culturales. Por ello puede afirmarse que las remesas son un fenómeno económico determinado por un fenómeno cultural, esto es, el sentimiento de afecto y pertenencia a sus familias y comunidades de origen.

“(Allá) adquieres mas amor a tu patria”

Tal y como lo han mostrado los estudios de Jorge Bustamante, Manuel Valenzuela y muchos otros, la encuesta realizada en Nueva York indica que los migrantes definitivamente no han perdido su identidad como mexicanos. Este es uno de los resultados más significativos de la encuesta: 70% se siente tan mexicano como antes; 27%, más mexicano, y sólo 1.5% menos mexicano.6 Curiosamente, las cifras no varían significativamente por edad ni por la educación. En cambio, sí hay variaciones dependiendo del género. Más varones que mujeres contestaron que se sentían más mexicanos. También influye el tiempo de residencia: a más tiempo viviendo allá, mayor es este sentimiento.

Prueba de ello es también el hecho de que tanto ellos como sus descendientes en Estados Unidos han seguido reelaborando esa identidad por medio del arte, la cultura y el performance. El sentimiento de no perder sus “raíces” los ha impulsado a crear organizaciones culturales binacionales y sitios de internet que los mantienen en contacto con sus amigos y comunidades de origen en México.

Algunos ya expresan lo que se denomina “doble conciencia” o “doble lealtad”. “Todos somos americanos” fue la expresión de uno de los entrevistados en Nueva York. Otro migrante de Tlayacapan, que vivió 12 años en Estados Unidos y regresó para quedarse en México, lo expresó categóricamente: “Soy americano con respecto a que quiero salir adelante”. Esta toma de posición parece basarse, por una parte, en el antiguo reclamo de que, al llamarse este continente América, todos somos americanos pero, por otra, en la percepción de que “allá (en Estados Unidos) todos quieren superarse, aquí (en México) no”; por tanto, quien se quiere superar es “americano”, es decir, estadunidense.

Sorprende, también, constatar que los jóvenes encuestados en el tianguis del Chopo —quienes, por sus atavíos y hábitos culturales, más adoptan “estilos gringos”—, 73.1% respondió que le gusta más la cultura mexicana que la estadunidense, aunque 23.7% afirmó que las dos.7 Los que han viajado a Estados Unidos se han sentido igualmente mexicanos. No obstante, los datos indican que a mayor edad, mayor propensión a decir que prefieren la cultura mexicana a la estadunidense. Este dato es comprensible, por las edades a las que migraron y porque en todas las culturas los jóvenes suelen adoptar otras pautas culturales, pero tienden a regresar a las propias conforme pasan los años.

A los migrantes entrevistados en Nueva York les preguntamos si se consideraban mexicanos o indígenas, con los siguientes resultados: 61% afirmó lo primero, aunque uno de ellos explicó que “sólo hablo español, pues soy mexicano, pero indígena de raíces como todos”. Otro mencionó que “aunque hablo náhuatl, me considero más mexicano, igual quizás, pero mexicano más”.8 Es muy significativo que 16% consideró que es lo mismo ser mexicano y ser indígena. Resulta muy interesante este traslape de identidad entre ser mexicano y ser indígena, que permea las respuestas de los migrantes y que señala que la pluriculturalidad mexicana es distinta del multiculturalismo basado en la diferencia, en Estados Unidos.

MEXICANOS, LATINOS Y EL FUTURO DE LA MIGRACIÓN

En cuanto a las relaciones con otros grupos en Estados Unidos, un migrante señaló que “la gente (en Estados Unidos) es más buena gente que los de aquí. La misma raza se perjudica. Aunque te vean necesitado no te ayudan. Hay unos que sí, pero a los propios chicanos, cruzados de americano con mexicano, uno les cae mal. Los negros también son así como los chicanos. Los gringos son más amables”. Y citan, en cambio, que los coreanos y chinos sí se ayudan entre sí.

Otro migrante oaxaqueño incluso se refirió al racismo, pero no de los estadunidenses sino ¡de los mexicanos de otros estados como Jalisco, Michoacán y Sinaloa! “Son sujetos supuestamente bien físicamente, altos, güeros, ojos verdes, o sea, que esos mismos mexicanos nos discriminan muchísimo a nosotros. A los que estamos más hacia el sur como somos nosotros los oaxaqueños, los chiapanecos, los centroamericanos, entonces no necesariamente se puede decir que la discriminación se siente de los estadunidenses sino de nuestra misma gente”. Otro oaxaqueño expresó con énfasis: “Hay mucha envidia entre mexicanos. Siempre se trata de impedir que otros crezcan”.

Por otra parte, la mayoría de los migrantes entrevistados dice tener una buena relación con los demás “latinos” en Estados Unidos: “Siento que nos necesitamos unos a otros, siento una solidaridad”. Las excepciones son migrantes que expresaron que “todos somos americanos, no hay latinos”; “eso de ser latino es título de los europeos y yo no soy parte de eso, no es mi identificación”; otro también rechazó esa etiqueta, porque “no creo en las distinciones raciales”. Unos cuantos dijeron que son mexicanos, no latinos.

En cuanto al futuro de la migración, una mayoría de entrevistados piensa que los migrantes mexicanos y latinos seguirán llegando a Estados Unidos y que esto resultará en una mayor influencia de la cultura hispánica en aquel país, hecho muy comentado en la nación vecina. Un mexicano entrevistado en Nueva York describió la tendencia en estos términos: “Este país va a adelantar, llegará a hacerse hispano en la lengua y costumbres, hay mucha influencia de nosotros aquí”. Sin embargo, otros piensan que “va a haber un resentimiento hacia los mexicanos y latinos”, que, aunque sigan viniendo, “van a estar separados de los americanos en términos de idioma y cultura”. Esta percepción provoca algunas respuestas beligerantes, como la de un jovencito aguerrido, recién llegado a Nueva York, quien afirmó: “Vamos a hablar dos idiomas, no nos aceptan. Este país va a chingar al extranjero. (Hay que formar la) Raza Unida Apache”.

Un aspecto novedoso que surgió en las diversas respuestas sobre el futuro de la migración a Estados Unidos fue que se está perdiendo la cultura, pero ¡no la mexicana sino la estadunidense! Se ha generalizado la idea de hibridación: “Las ideas serán americanas con sabor latino”. Y también: “Vamos a crear una raza nueva, con mezcla de mucha gente”; Estados Unidos va a ser “un segundo México”. Otro encuestado hizo notar que “todo iba bien hasta el 9-11 (fecha del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York; después de esa crisis hay más problemas en la frontera, muchas sospechas y discriminación. Ha afectado a todos los migrantes y hay más despecho”.

Respecto del futuro de la cultura mexicana, las dos encuestas —Nueva York y la ciudad de México— mostraron resultados muy interesantes: ¡la cultura mexicana seguirá siendo independiente según 33.9% de los entrevistados en Nueva York y 35.9% en la ciudad de México! Hasta cierto punto sorprende el resultado, porque en Nueva York se trata en su mayoría de migrantes de origen campesino, mientras que en la capital mexicana los entrevistados fueron jóvenes de clase media imbuidos de la cultura alternativa.

En la misma proporción piensan que se va a mezclar la cultura mexicana con la estadunidense: 55.2% en Nueva York y 44.6% en la ciudad de México. En cambio, salta una diferencia sobre si la cultura mexicana va a desaparecer. En Nueva York sólo 3.2% lo considera posible, mientras que entre los jóvenes de la ciudad de México, ¡la cifra aumentó a 18.5%! Y, lo que es muy significativo, de estos últimos, la mayoría son jóvenes menores de 25 años.

“Una mujer sola está muy bien atendida allá”

¿Cómo cambian las pautas culturales en las relaciones de género con la migración? Ya se observó que las mujeres, con mayor libertad para moverse en la sociedad de Estados Unidos, se sienten más a gusto en aquel país que los varones. Esto se explica porque, como dijo una migrante de retorno en Tlayacapan, “una mujer sola está muy bien atendida allá. Los hijos están protegidos por el Estado”. Mencionó, sin embargo, que “esto es porque hay mucha drogadicción, tanto en latinos como en gabachos”.

Las mujeres entrevistadas enumeraron las ventajas de vivir en Estados Unidos. Como ya se indicó, si un hombre las golpea, pueden llamar a la policía. “Aquí les pegan a las mujeres y allá no”, dijo una de ellas. El porqué de estas respuestas se comprende oyendo lo que dijo un migrante de Pantitlán, Morelos: “Me junté allá (en Estados Unidos) con una mexicana. No me gustó pero me iba a dar los papeles…, la golpeaba tres veces, me quería humillar y no estoy acostumbrado a eso”. Otra migrante contó cómo, a pesar de ser indocumentada, la policía la protegió y llevó a su casa después de un asalto en la calle en Nueva York.

Algunas migrantes se fueron porque, como dijo una de ellas, “tuve problemas maritales. Fue la única respuesta que encontré: poner tierra de por medio. ¿A qué me quedaba aquí? ¿A ver que aquí es pueblo chico, infierno grande?”. Y se llevó a sus tres hijos. Cruzar la frontera “por ellos es un sacrificio que vale la pena”, agregó.

“YA NO VEMOS EL SEXO CON TANTO MORBO”

Se comenta, con frecuencia, que uno de los impactos culturales de la migración es el cambio en las relaciones sexuales entre los géneros. Entre los migrantes varones se ha creado ya un mito, en el que se explayó Adalberto, migrante de Pantitlán, Morelos: “Una gringa con un mexicano disfruta más porque somos más pesados, duros; tenemos calor. Decían las güeras: ‘¡Mexicano mucho caliente! ¡Mucho caliente!’, prefieren a nosotros (sic). Pero también los gringos prefieren a las mexicanas”. Otro migrante lo explicó de la siguiente manera: “Me gusta más la (mujer) de aquí (de México). Allá les pones la mano encima y luego luego llaman a la policía y él tiene que dormir en el bote. Pero eso sí, hay bolillas9 que quieren mucho a los mexicanos”.

En las comunidades de origen de los migrantes se han estudiado los múltiples conflictos que se generan por los cambios de valores entre mujeres y varones debido a la migración. El estudio mostró que la mayoría de los entrevistados tiene la percepción de que, con la migración, todos los migrantes, tanto mujeres como varones, se vuelven más “liberales” en sus relaciones, lo que se interpreta sobre todo en términos de relaciones sexuales, cambio que conduce a un choque con el cónyuge o la familia en su lugar de origen. Como dijo Regino, en Totolapan. “si la mujer de aquí se va para allá se hace una sola: canija y liberal. ¿Y sabe por qué? Porque allá la mujer tiene el apoyo del gobierno, allá sí la defienden; si no, ¿qué fuera de la mujer? Además que aquí hay mucho machismo y eso no me gusta”.

La misma pregunta en la encuesta del Chopo marcó aún más esta tendencia. “Ya no lo tomamos (el sexo) con tanto morbo, con tanto silencio, ya es más abierto, sabemos definirnos”; “acá las mujeres se reprimían mucho, parece que hay una pequeña apertura…”; “en esta época los chavos ya tenemos la mente más abierta, respetamos a la gente y sus ideas, como a los homosexuales”. Sólo cinco de 62 entrevistados expresaron desacuerdo con respecto a los cambios ocurridos. Uno de ellos, un hombre mayor de 45 años, dijo: “Se está cambiando la mentalidad de los niños y niñas hacia la promiscuidad, ya no se valora el amor, todo es sexo”. Al contrario, dos entrevistadas jóvenes expresaron que no han cambiado lo suficiente las pautas culturales de relación entre varones y mujeres: “Siguen siendo igual de machos; lo macho no se les quita”.

“LOS QUE ERAN MIS AMIGOS NO ME CONOCEN NI LOS CONOZCO”

El impacto cultural de la migración depende en gran medida de la forma como son recibidos los migrantes al regresar a su comunidad. Las experiencias son muy diversas aunque, en general, apuntan a que su influencia es rechazada por su familia y su comunidad. Sin duda, esto variará de acuerdo con la región y, sobre todo, con la proporción de migrantes que regresan, lo que rebasa las posibilidades de generalización en este estudio. Por lo tanto, en esta sección analizaremos únicamente los datos del trabajo de campo de las cinco comunidades en Morelos.

Algunos migrantes tienen la sensación de que regresan y encuentran lo mismo. “El pueblo yo lo veo más pobre, no veo progreso. Voy allá y vuelvo, y Atlatlahucan sigue igual, el pueblo igual de jodido, pobre en comparación de allá…”, señaló un entrevistado. Otro de ellos, sin embargo, hizo notar que “también nosotros tenemos la culpa, porque entre todos los migrantes podríamos hacer un hospital, como aquí, que ¡está mejor la casa de Rodolfo Soto que el centro de salud!”.

En la mayoría de las entrevistas, directa o indirectamente, se comenta el resentimiento o la resistencia de los que se quedaron hacia los que se fueron y regresan. Un entrevistado de Yecapixtla lo dijo sin ambages: “Aquí nos quieren venir a decir qué hacer, ¿con qué derecho? Si tenemos cosas muy buenas aquí”. Otro de Totolapan lo reiteró: “Aquí llegan otros chavos y se sienten mucho porque ya fueron al norte”. El resultado es que muchos migrantes se topan con lo que expresó uno de ellos: “Tlayacapan está cambiando y lo miro distinto. Los que eran mis amigos no me conocen ni los conozco”.

“El irse allá no cambia en nada la situación del pueblo, pero en sus familias, sí”, dijo un joven de Totolapan. En las familias se presentan dos actitudes hacia los migrantes. En algunos casos, el que regresa es bien recibido y se reintegra rápidamente a la vida de la familia, ya sea que vaya de visita o de retorno. Al parecer, sin embargo, es más común que los hermanos que no migraron exterioricen pique hacia el migrante. “Yo ya no voy a visitar a mis jefes —dijo un entrevistado en Nueva York—, porque nomás me peleo con mis hermanos… el coraje, ¿sabe usted? Me dicen que soy un subido”.

En otros casos, el retorno de los migrantes ha creado en la mente de algunas gentes en las comunidades una visión utópica de Estados Unidos, como lo muestran estas palabras de un hombre mayor en Ocuituco: “La raíz de ese problema (la migración) es nuestro gobierno. Nuestros presidentes se han llevado mucho dinero. Por eso me fascinaría estar en Estados Unidos, porque para muchos Estados Unidos ya es como la segunda patria. Me gustaría que México fuera tan bonito y preparado como Estados Unidos”.

A pesar de los conflictos, la migración hacia el norte, como en otras regiones de México, ya está empezando a adquirir visos de “rito de pasaje” en las comunidades  del norte de Morelos. En las conversaciones con los jóvenes se nota un interés y una curiosidad crecientes por irse a Estados Unidos, aunque sea por algunos años. Un joven de Nepantla explicó que le tocaría irse en algún tiempo, cuando regresara el hermano que ahora estaba ausente, en una especie de rotación entre los hermanos y hermanas. Un hombre mayor en Atlatlahucan, migrante de retorno, expresó: “Me gustaría que fueran ellos (sus hijos) allá, para que sepan desenvolverse donde están. Para conocer lo que se sufre, que lo sepan valorar”. Sin embargo, otro migrante se manifestó exactamente en el polo opuesto; explicó que trajo a su familia de regreso a México para que sus hijos no crecieran en el mal ambiente de la violencia y las drogas en Estados Unidos.

LOS CHOLOS: PERFIL DE UNA CULTURA GENERACIONAL

Corriente que marca un nuevo perfil cultural relacionado con los migrantes mexicanos en Estados Unidos, especialmente en Los Angeles y en la frontera, los cholos se distinguen por una nueva forma de expresión lingüística, iconográfica y de indumentaria. Se dice que su nombre proviene del mestizo peruano, pero también de show slow y hasta —¿por qué no?— de xólotl.

Es muy significativo que su iconografía visual traiga de regreso los símbolos mexicanos reconfigurados a través del arte chicano. Y en las ciudades del interior de México estos símbolos se combinan, chocan y reproducen en diálogo con el arte de los grafiteros, en los murales en la vía pública, y en los dibujos y los tatuajes.

Esta corriente se combina con la de los mara salvatrucha, bandas de jóvenes principalmente centroamericanos que establecen una cadena de respaldos a lo largo del trayecto migratorio desde sus países de origen hasta las ciudades del sur de Estados Unidos.

Hicimos un seguimiento de los cholos en el interior de México para evaluar su impacto cultural en la vida de las comunidades. El trabajo de campo mostró que, en efecto, existen eslabones duros de “clicas” o “gangas”10 de cholos y de maras salvatruchas, pero que su impacto es mucho más amplio, ya que se manifiesta como estilo de autorrepresentación cultural, aun entre los jóvenes no vinculados con las drogas.

Lo que mostró el estudio, sin embargo, es que el impacto de esta contracultura generacional como fenómeno cultural es mayor, pero que no perdura en México en tanto que fenómeno social. De hecho, ha adquirido otro significado al combinarse con los nuevos símbolos y signos visuales del imaginario de los jóvenes mexicanos más creativos. Lo constatamos en la encuesta del Chopo, a juzgar por el rechazo generalizado de los jóvenes a las formas más violentas y corporativas de las clicas y gangas. Otros ejemplos avalan esta interpretación. Los grupos de cholos de la zona de Cajonos, en Oaxaca, que habían surgido vinculados a la migración, desaparecieron al casarse muchos de ellos y asumir los roles tradicionales de sus comunidades. Otro grupo es el de chavos rasta (rastafarianos), que habían surgido en la región mixe de Espíritu Santo Tamazulapan, en Oaxaca. Al parecer se hicieron adeptos a los ritmos de esa música como protesta contra el trato que reciben los mixes, pero también acabaron por asimilarse.

LOS MIGRANTES E INTERNET

Poco a poco los migrantes mexicanos en Estados Unidos están creando sitios en internet para comunicarse con sus familiares y conocidos de sus comunidades. Por ejemplo, en el divertido sitio www.huandacareo.com.mx se pueden colocar recados para los amigos, se hacen encuestas sobre qué tan bien está trabajando el presidente municipal, se avisa del envío de dinero a los familiares, se muestran las últimas fotos del pueblo, etcétera. Lo curioso es que en Huandacareo, Michoacán, hasta la fecha en que terminó este estudio no tenían todavía ni computadoras ni cibercafé para ver el sitio. En la encuesta sobre sus usuarios resultó que sólo 4% de ellos radica en Huandacareo, cerca de 40% en California y el resto en otros estados en el país del norte.

La mayoría de sitios se refiere a pueblos de Durango, Zacatecas y Michoacán.11 Otros incorporan varios dominios (por ejemplo, www.eltinaguis.com/ huandacareo). Interesante resulta también que hayan surgido sitios que representan a grupos indígenas, como los mixtecos y los mixes, con vinculaciones con la migración.

Es muy probable que aumente de forma drástica el uso de internet cuando se generalicen las llamadas de teléfono por este medio, ya que encontramos que el correo electrónico es poco usado, por razones obvias y porque la gente necesita escuchar directamente la voz de sus familiares y amigos en Estados Unidos.

Desde la perspectiva de la migración, estamos incorporados a un intenso proceso de interactividad cultural. Quién gana y quién pierde en esta interactividad en un mundo global dependerá de cómo activemos los mexicanos nuestras iniciativas y preferencias culturales en los años por venir.

Empecemos por reconocer que los migrantes mexicanos llevan en la imaginación y en las manos conocimientos y habilidades de una estratigrafía cultural acumulada durante varios milenios. No es casual que, en contraste con la mayoría de las corrientes migratorias en Estados Unidos, los mexicanos y sus descendientes hayan recreado una corriente artística y cultural propia, plasmada en el muralismo, las artes plásticas y escénicas y, ahora, el performance. Dicha corriente se reconoce como una aportación a la vida cultural de Estados Unidos, pero crea relaciones complejas con el arte y las culturas de México.

El hallazgo más importante del estudio es que ninguno de los entrevistados rechaza la identidad mexicana ni sus símbolos. Al contrario, frente a los desafíos culturales, la reiteran con más ahínco. A la par de esta lealtad, sin embargo, crece el deseo de asimilar selectivamente muchos aspectos del estilo de vida estadunidense y mezclarlos con el mexicano. El gran reto es lograr esta combinación integrando los mejores elementos de las dos formas de vida. ¿Cuáles son éstos, según los entrevistados?

Tanto los migrantes en Nueva York como los jóvenes del Chopo admiran aspectos específicos del estilo de vida estadunidense. En particular, los migrantes aprecian que se cumpla la ley, que haya orden y disciplina, que puedan aprovechar oportunidades “superándose”, que no sufran los abusos de caciques o policías. Los jóvenes del Chopo, en cambio, admiran los avances tecnológicos, el acelere, la música, el cine, la ropa de Estados Unidos. A pesar de todo, más de la mitad de los migrantes y más de dos tercios de los entrevistados en el Chopo, prefieren la cultura mexicana, y en su mayoría evocan la historia prehispánica —¡sobre todo los jóvenes del Chopo!—, la comida, el trato más cálido de la gente, la solidaridad, la fiesta. Este es un acervo, por tanto, que los mexicanos tenemos que defender, reinterpretar y seguir recreando permanentemente.

En especial, se encontró un cambio marcado en las percepciones sobre las relaciones entre varones y mujeres por efecto de la migración. Las mujeres migrantes aprecian mucho el mayor respeto a ellas y a sus derechos en Estados Unidos, con la consecuente disminución de la violencia doméstica. En su comunidad de origen, sin embargo, las entrevistas revelaron que mientras no haya una defensa institucional real que las proteja contra la violencia, el cambio de valores y actitudes no podrá enraizar en las comunidades.

En la encuesta realizada en la ciudad de México, en contraste, se expresó una percepción mayoritaria de que sí han cambiado las relaciones entre mujeres y varones, y que han quedado atrás el morbo y el sigilo en cuanto a las relaciones sexuales, incluyendo el respeto a las preferencias sexuales. Sin embargo, el trabajo de campo indica que en este cambio cuenta poco la migración o la influencia de grupos como los cholos y que las modificaciones ocurren, en mayor medida, por la influencia de los procesos del mercado y el impacto de las industrias culturales.

El estudio confirmó la fuerza del arraigo cultural hacia México, que ya había sido reflejada en otros estudios, entre ellos los de Jorge Bustamante. ¿Cuál es, entonces, el reto cultural para México en términos de la diversidad que hoy encontramos en el río-arco iris12 de la creación cultural contemporánea, en este caso enmarcados en el espacio pluricultural de América del norte?

A través de los procesos analizados se hace evidente el reacomodo de los agentes sociales y culturales en América del norte. Destaca el surgimiento de nuevas identidades, como los cholos y los mara salvatrucha, y más ampliamente la utilización de nuevos términos diferenciados, como “chicanos”, “hispanos” y “latinos”. El reacomodo lingüístico tiene también un trasfondo político, como era de esperarse en un país que en los dos últimos decenios ha sido escenario de “guerras culturales” (culture wars) entre grupos raciales, culturales e intelectuales. Aplicado al caso de las transculturalidades mexicanas, el reto es quién, en un futuro, tendrá el poder de definir el “canon” cultural derivado de esta creatividad con origen histórico en México. Esta es una conversación que apenas empieza.

Es probable que gran parte de esta conversación se lleve a cabo a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Los migrantes mexicanos en Estados Unidos están creando sitios en la red que se convierten en núcleos de nuevas comunidades culturales en el ciberespacio. De esta manera, se está originando un paisaje cultural virtual distinto al paisaje cultural de la geopolítica en el mundo real. n

1  Se llevaron a cabo varias encuestas aplicadas a 62 migrantes en Nueva York, en su mayoría provenientes del estado de Puebla; otra encuesta a 92 personas en el tianguis del Chopo, mercado vinculado con los cholos, los grafiteros, los dark y otros grupos juveniles imbuidos del consumo cultural, principalmente de Estados Unidos. El trabajo de campo se realizó en las comunidades de Tlayacapan, Atlatlahucan, Totolapan y Ocuituco, en Morelos; en la región de Tlaxiaco, en Oaxaca, y en Tapachula, Chiapas.

2  Las remesas enviadas “constituyeron 3.8% del valor total de las exportaciones (de México) para el año 2000”, y representan el segundo rubro de ingreso de divisas al país, después del petróleo.

3 Basch, Linda, Nina Glick-Schiller y B. Santón, Nations Unbound: Transnational Projects, Postcolonial Predicaments and De-Territorialized Nations States, Gordon and Breach, Nueva York, 1994.

4 El término inglés performance se utiliza cada vez más para referirse no sólo al tipo de expresión escénica y cultural sino para indicar el acto de comportamiento individual que hace visible un significado.

5 La encuesta aplicada a 62 migrantes mexicanos se basó en una muestra aleatoria, por lo que los resultados no pretenden ser representativos sino indicativos.

6 De un total de 62 encuestados, las cifras corresponden a 52 (70%), 17 (27%) y uno (1.5%).

7  De un total de 92 encuestados. 68 (73.1%) contestaron que prefería la cultura mexicana a la estadunidense, 22 (23.7%) que las dos, uno (1.1%) dijo preferir la estadunidense y uno (1.1%) no contestó.

8 Del total de 62 encuestados, 39 (60%) dijeron considerarse mexicanos; 10 (16%) dijeron que es lo mismo ser mexicano o indígena, cuatro (6.4%) se consideraron indígenas y hablan una lengua indígena, y nueve (14.5%) no contestaron.

9 Término de la nueva picardía mexicana, hoy internacional, con el que los migrantes designan a los estadunidenses. Como el bolillo es pan blanco…

10 “Clicas” y “gangas” es el nombre genérico que los cholos y los mara salvatrucha, respectivamente, utilizan para referirse a sus bandas o grupos.

11 Sam Quiñones considera que estos sitios funcionan como “una plaza en una tarde de domingo”. Algunos otros sitios son www.zacapumich.com.mx, www.jerez.com.mx, www.zacatecanos.com. Ver Quiñones, Sam. “Los inmigrantes en la red”, en: Crónicas del País. 27 de agosto, 2001, pp. 42-43.

12 En la primera sección del Segundo Informe Mundial de Cultura de la Unesco (2001) postulamos que las culturas contemporáneas deben entenderse ya no como mosaicos en yuxtaposición sino como un “río-arco iris” en el que se distinguen y se combinan incesantemente distintas corrientes culturales.