RONDA IBÉRICA DE FANDANGOS AMERICANOS

POR RICARDO BADA

Ricardo Bada ha producido un extraño libro lleno de gracia y saber literario: Los mejores fandangos de la lengua castellana. Publicamos aquí el prólogo de Bada a su tratado, junto con siete fandangos felices, a modo de primera muestra (es decir; que habrá siguientes). Los primeros siete fandangos ya pueden leerse en el libro de marras, que sólo se halla a la venta en España. Los últimos dos son de cosecha reciente, ergo inéditos, y celebran a Angeles Mastretta y Juan García Ponce. Vale.

Un día del tórrido verano de 1959, a la hora de la siesta, en Huelva, a Francisco Javier Hernández Bañares y a quien suscribe se nos ocurrió componer algo así como Las mil peores poesías de la lengua castellana, y jóvenes y decididos como éramos (y con otras fechorías semejantes o peores en nuestro haber), pusimos de inmediato manos a la obra. Muy pronto, pues además de jóvenes y decididos no éramos lerdos, se nos hizo evidente la mayor y más insalvable dificultad de la empresa. El mal poeta escribe mala poesía de una manera absolutamente natural, pero escribir mala poesía… adrede, debe ser una tarea sólo reservada a los elegidos: esto es, a grandes poetas dedicados aposta a escribir mal. Y nosotros no éramos ni siquiera poetas, ni buenos ni malos. Así que buscamos otra opción. ¿Qué cosa más natural. para gente de Huelva. que componer Los mil mejores fandangos de la lengua castellana?, nos preguntamos.

El fandango es un palo flamenco que se canta no sólo en la provincia de Huelva: los hay, incluso, manchegos. Pero tampoco cabe ni la menor duda de que el fandango, por antonomasia, es el de Huelva. Con todas sus variantes, desde el fandanguillo de la capital hasta el cañé del Alosno, pasando por las innumerables variantes personales: la de Paco Isidro, la de Cerrejón, o la de Pérez de Guzmán, que alcanza el virtuosismo de un aria de bravura en una ópera. El amante del flamenco establece de inmediato la relación entre Huelva y el fandango, y eso le daba alas a nuestro propósito.

Por otra parte, el fandango es el palo flamenco que admite la mayor variedad desde el punto de vista de la Preceptiva. Su estrofa puede constar de cuatro o cinco versos (repitiéndose siempre uno de ellos al cantarlo), y tales versos pueden rimar tanto en asonante como en consonante, con la ventaja de que no existe una forma canónica de alternancia de rima dentro de la estrofa. Lo mismo puede ser abab que abba que abaab que abbab. no sucede con el fandango como con el resto de los palos, donde la estructura estrófica está fijada de un modo invariable, y la única libertad consiste en poder optar entre rimas asonantes o consonantes.

Luego de constatar esta gran libertad que se nos ofrecía, el camino estaba abierto para la realización del proyecto. Que no consistía en otra cosa sino en tratar de reproducir, en ese marco reducidísimo de los cuatro o cinco versos de un fandango, el estilo y las maneras de nuestros más grandes escritores. De modo que nos metimos una vez más en harina, trabajamos con asiduidad y llegamos a pergeñar medio centenar de estrofas, tres cuartas partes de las cuales reflejaban nuestras antipatías de aquellos tiempos. Que no eran pocas.

Mientras tanto habíamos contactado a varios amigos que contribuyeron con aportaciones muy creativas a nuestro proyecto, y hasta conseguimos convencer al redactor jefe de una revista juvenil que se editaba en Huelva, para que publicase un anticipo de lo que iba a ser esa obra magna. Conservo copia de aquella publicación, con un largo, sesudo y polémico artículo mío introduciendo la selección de fandangos que por primera vez se presentaban al lector, y al leerla no tengo más remedio que reírme a carcajadas de su casi insufrible petulancia. Pecados de juventud.

Luego, no sé lo que pasó. Otras urgencias debieron imponer su ley, desde luego se acabó el verano y hubo que regresar a la Fábrica de Tabacos de Sevilla (no para armar cigarros, sino para acabar las respectivas carreras, pues el renombrado edificio fungía ya como Universidad), y lo cierto es que el proyecto de Los mil mejores fandangos de la lengua castellana quedó en agua de borrajas y de él nunca más se habló entre nosotros. Hormiga que siempre he sido, conservé los originales, los míos y un par de los que escribieron los demás.

Y pasaron los años, muchos años…

Un día del verano, menos tórrido, de 1985, en Weiss, esta aldea renana donde vivo, al sur de Colonia, el poeta peruano Antonio Cisneros recaló en nuestra casa a la vuelta de un recital en Bonn; la charla se prolongó hasta altísimas horas de la madrugada, y en ella surgió el tema de las posibilidades líricas de la parodia. Me acordé de Los mil mejores fandangos…, y de uno de los rincones más polvorientos (no es imagen) de mi archivo rescaté la carpeta que contenía los viejos materiales, con algunas hojas ya abarquilladas por la usura del Tiempo. Y el bueno de Antonio Cisneros, que no es por nada pero de segundo apellido se llama Campoy y logró rastrear sus ancestros gitanos en la provincia de Almería, se entusiasmó con la idea y me instó a llevarla a cabo en el plazo más breve posible.

No logró contagiarme, y además, y como siempre, “habría que contar con mi haraganería orgánicamente im- plementada”, le dije. Pero pocos días más tarde, en Berlín oriental, me sucedió con Fritz Rudolf Fries (el excelente novelista de la RDA, nacido en Bilbao y traductor al alemán de Rayuela y de Amadís de Gaula) lo mismo que con Cisneros. Para más inri, Fries sugirió además, cosa que al principio me dejó bastante estupefacto, que una publicación así sería una ayuda impagable para los estudiantes de Literatura en lengua española, auxiliándoles en la localización de estilos y tics de los autores.

Me puse, pues, a la tarea, si no entusiasmado sí con energía, empezando por desechar casi el 100% del material existente en aquel momento: sólo salvé tres o cuatro fandangos míos y uno de Javier Bañares. En muy pocos meses avancé hasta más de un centenar, y los amigos que los iban conociendo publicaron muchos de ellos en diversas revistas españolas y de América Latina. Esos mismos amigos, desde Juan Goytisolo (el primero en leerlos) hasta José Miguel Ullán, me pedían que terminase de una maldita vez el maldito libro. Pero ¿cómo fue que dije antes?: otras urgencias impusieron su ley, se me acabó la cuerda, no conseguía urdir los fandangos de autores que consideraba que debían figurar en el posible libro, reapareció mi congénita pereza, y un buen día le volví a dar carpetazo al tema.

Y pasaron los años, muchos años…

En los muchos años transcurridos de este segundo intervalo, una que otra vez, inesperadamente, un nuevo fandango se formulaba por sí solo, sin que yo fuera consciente del proceso creador. Recuerdo, por lo mucho que me emocionó , un momento en Budapest, en el jardín de la residencia del entonces embajador nicaragüense en Hungría, Lizandro Chávez Alfaro, en que de repente, y sin decir ¡agua va!, se me apareció nítido y con las palabras justas el fandango de Juan Rulfo.

El Día Internacional del Regalo (me refiero obviamente a la Navidad) de 1998, mi hijo me legó en vida su ordenador Macintosh. Y ni corto ni perezoso, yo. que siempre he sido refractario a estos artefactos, me puse a aprender su funcionamiento con la idea de meter en disquetes el descomunal desorden de mis apuntes y notas de más de cuatro décadas de escritura a salto de mata. Y entonces, al empezar a ordenar el material, una de las primeras cosas que descubrí es que, sin haberme dado cuenta, el libro de los fandangos ya estaba listo, poco más o menos.

Desde luego que faltaban algunos nombres aún, es cierto, pero tampoco hay que forzar la inspiración con calzador. Así pues, una de mis primeras tareas macinstosh iba a ser la de componer por fin Los mejores fandangos de la lengua castellana. Y por cierto: debo acotar, ni qué decir tiene, pero por si las “que ni labráis corno abejas/ni brilláis cual mariposas”, que el adjetivo mejores figura en el título a modo de homenaje al libro ya canónico de don Marcelino. Y nada más que por eso, que conste.

Otra de las cosas que descubrí es que, entre alrededor de trescientos fandangos, una docena eran de autores de Huelva. Demasiados, dirán los forasteros. Demasiado pocos, dirán los onubenses. pensando que. después de todo, el fandango es el de su provincia. No me pronuncio al respecto, sencillamente dejo las cosas como están. y permítasele a un transterrado de más de treinta años que le rinda con esa docena de textos un homenaje a su patria chica. Además de por otras razones, porque algunos de tales fandangos me parecen de los más divertidos que pueblan el libro. Valga como ejemplo el de Xandro Valerio.

Y es hora de poner punto final a los prolegómenos.

No sé. no sé. de veras que no lo sé. en qué puede venir a quedar esta ¿diversión? No sé. tampoco, si los tiempos están para fandangos, pero sí sé que las más de estas estrofas han sido conscientemente compuestas para un tiempo en el que la sana parodia y la sana imitación tengan su lugar en la literatura, el lugar que se merecen. Y también sé que. como siempre, por mucho que se empeñen los aristarcos, es el público quien tiene la última palabra.

Weiss/Colonia. febrero 1998.

Juan Rulfo

Yo, señor, soy de Comala, y mi nombre es Agapito. Voy yendo más allasito. para el rumbo de Tlaxcala. ¿Me matiza un mezcalito?

Jorge Luis BorgES

Parado frente al espejo que un día albergó a Voltaire, aventuro mi perplejo sentimiento de ser viejo. Pero Borges, hay que ver.

Octavio Paz

Estoy aquí pero no estoy aquí. Sigo allá. Gautama reflexionó. Luego el sendero siguió camino de Chinga-Lá.

Gabriel GarcÍa MÁrquez

Cien años después iría el coronel Aureliano donde Soledad, su tía. y alargándole la mano diría, ambiguo: “Buen día”.

Mario Vargas Llosa

Pregunta, no, en qué momento se ha jodido tu Peni. Pregunta, hermano, portento, cuándo te jodiste tú.

Carlos Fuentes

¿La región más transparente? ¡Son pinches mentiras. Bada! ¡No chinguen más a la gente! ¡Si es deadeverasmente la región más transpirada!

José Donoso

Lo diré donosamente: Si no la invención del boom mío es al menos el zoom a la foto de esa gente.

Ángeles Mastretta

Víctima de esta pasión me estoy cayendo a pedazos e imploro tu compasión: arráncame el corazón o implántame un marcapasos.

JUAN GARCÍA PONCE

Cogida a tergo. en el medio de sus vaginales lutos. Lírica sufre el asedio del hombre y sus atributos.*

*Existe una variante mucho más canónica y respetuosa con Musil, en la cual puede leerse:

Cogida a tergo. en el medio de sus vaginales lutos. Agathe sufre el asedio de Ulrich y sus atributos.   n