CUATRO ERRORES DE FOX

POR JAIME SÁNCHEZ SUSARREY

En el gobierno de Vicente Fox predomina —como escribe Jaime Sánchez Susarrey— la inexperiencia y la falta de oficio. Eso se ve y se impone cuando observamos el fracaso en relación al conflicto en Chiapas, el divorcio profundo entre los poderes legislativo y ejecutivo, la crisis del aparato de seguridad pública y la ausencia alarmante de decisiones de gobierno.

1.   Las prioridades. El reclamo número uno de la ciudadanía es la seguridad. Las encuestas lo pusieron en evidencia a lo largo de todas las campañas por la presidencia de la República. No había en ese dato nada nuevo. Desde 1994 era la principal preocupación de la mayoría de los ciudadanos. Y no es extraño que así sea. Los índices de delincuencia e impunidad han alcanzado niveles intolerables. Por el lado del gobierno de la República, la prioridad número uno era y es instrumentar una reforma fiscal que dote al Estado de mayores recursos. Sin embargo, Vicente Fox y su gabinete decidieron en los primeros 100 días de gobierno hacer de la paz en Chiapas su principal tarca. Lo hicieron a pesar de que para la ciudadanía ésta no era una preocupación cercana ni lejana. Y no lo era porque la guerra en las montañas del sureste era virtual y porque ya no tenía mayores efectos en los medios electrónicos. El fracaso, como fue el caso, era previsible. Pero más allá de ello, la decisión de echar toda la carne al asador en la negociación con el “sub Marcos” muestra que el presidente de la República y su gabinete actuaron de manera frívola y absurda. Sin brújula.

2.         El Congreso. En su discurso de toma de posesión Fox fue conciliador y moderado, cuando menos en algunas partes. “El presidente propone y el Congreso dispone”, dijo el presidente refiriéndose a las nuevas relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo. Sin embargo, en los hechos la presidencia de la República ha ignorado la existencia del otro poder y de las fuerzas políticas que hay en su interior. Durante estos seis meses de gobierno no ha habido cabildeos con el PAN ni amarres con los partidos de oposición. Por eso todas las iniciativas que ha enviado el Ejecutivo han fracasado. No pasó la iniciativa de la COCOPA, no pasó la reforma (apertura) del sector eléctrico y la reforma fiscal se encuentra entrampada. ¿Por qué ha sido así? ¿Por una omisión involuntaria o por un error de cálculo? Todo indica que se trata de lo segundo. Tanto el presidente como el gabinete parecen haber contado con “el bono de la democracia” y la popularidad de Fox. La estrategia era presionar al Congreso mediante los medios y la opinión pública. Fue así como doblegaron al PAN cuando se opuso a que la tribuna del Congreso se abriera a los zapatistas. Pero el cálculo falló. La presión no funcionó para la aprobación de la ley indígena y mucho menos para la reforma fiscal. La nueva estrategia no puede ser otra que entablar negociaciones y amarrar acuerdos con los partidos políticos.

3. La guerra. Todo el aparato de seguridad pública del Estado se encuentra en una situación lamentable. La responsabilidad no es del nuevo gobierno. Ese deterioro ha sido paulatino y se ha ido agudizando con el paso de los años. La Procuraduría General de la República está desarticulada e infectada de corrupción. El Centro de Investigaciones de Seguridad Nacional está siendo evaluado y se encuentra paralizado. La Secretaría de Seguridad Pública no cuenta con un reglamento interno. El sistema penitenciario de alta seguridad, con la excepción de Almoloya. parece estar en manos de los narcotraficantes. El único cuerpo del Estado que funciona bien es el Ejército, pero se sabe, como lo mostró el caso de Gutiérrez Rebollo, que la corrupción ha tocado ya a los más altos mandos. Ante semejante panorama, el gobierno debió armar un pacto con todas las fuerzas políticas para emprender una reestructuración completa de todo el aparato de seguridad. El acuerdo en el Congreso es clave porque sin recursos no habrá estrategia que prospere. Pero nada se ha hecho al respecto. Fox optó por una declaración de guerra vaga y hueca al crimen organizado y el Congreso decidió recortar en 100 millones de pesos el presupuesto de la PGR para este año. Mejor, imposible.

4.   Fox es un magnifico comunicador y vendedor, pero es un pésimo ejecutivo. Su campaña por la presidencia de la República fue deslumbrante. Fue más rápido, más inteligente y más creativo que sus adversarios. Convirtió sus errores en aciertos. El fatídico “hoy, hoy, hoy” del predebate se transformó en consigna. La terquedad apareció como virtud. En ese campo, que sí es su campo, nadie lo ha vencido. El problema es que el terreno de juego ya no es el mismo. Gobernar no es comunicar. Gobernar es establecer una agenda, fijar prioridades y tomar decisiones. Pero Fox no lo entiende así. Su atención está más concentrada en los medios que en las decisiones del gobierno. Más que como un ejecutivo, parece concebirse a sí mismo como un agente de relaciones públicas. El problema es que los productos que está vendiendo no son las decisiones y los actos de gobierno, sino su persona y su capacidad de convocatoria. Para efectos de la vida cotidiana sigue en campaña. Su elemento natural no es la reflexión ni la deliberación de gabinete, que seguramente le aburren, sino su programa de radio donde entrevista a sus secretarios y chacotea con sus invitados. Para colmo, sus segundas manos (sus secretarios) no son lo más diestro ni lo más capaz que hayamos visto. Predomina la inexperiencia y la falta de oficio. Por eso estos seis meses de gobierno han sido lo que han sido.                   n

Jaime Sánchez Susarrey. Analista político.