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Los bautistas nos distinguimos porque creemos y practicamos principios que nos permiten explicar el lugar que nos corresponde cumplir en el mundo. Estos principios son solamente verdades bíblicas y el tema que nos ocupa nos obliga a mencionar dos de los más importantes:

a) el principio espiritual, o sea la libertad religiosa;

b) el principio político conocido como la separación entre la Iglesia y el Estado.

Tanto la libertad religiosa como la separación de las iglesias y el Estado conllevan un aspecto de vital importancia que los bautistas sostenemos: “La educación laica”, es decir, educación libre de instrucción religiosa, aunque la mayoría se identifique con una religión en particular. Es privilegio de los padres el inculcar la espiritualidad en los hijos, pues de acuerdo a las Escrituras dicha responsabilidad recae precisamente en los padres de familia.

Ciertamente el Estado es el guardián del bien común y lo que el bien común reclama es que los padres eduquen a sus hijos: por ser sus educadores naturales, porque son los únicos capaces de identificar el bien de los niños con su propio bien, y porque sólo el amor que entre ellos existe puede dar los frutos de abnegación y sacrificio que constituyen el alimento espiritual de todos los hombres, pobres y ricos, que tienen la dicha de contar con su hogar.

Como dijo Coulet: ”el niño no tiene solamente el derecho de ser nutrido, defendido, guiado, instruido; tiene, sobre todo, la necesidad de ser amado; su derecho fundamental y primero es el derecho al amor de aquellos que lo han traído al mundo, y que habiéndolo hecho de su carne y de su sangre, se reconocen y se aman en él y se sacrifican por él”.

En estas condiciones, si la educación corresponde por razón natural a los padres, a ellos compete igualmente el derecho de elegir quiénes habrán de ser los maestros de sus hijos, los cuales deben formar alumnos y cultivar seres humanos. pero no con la responsabilidad de instruir al niño en ninguna confesión religiosa.

Lo anterior no implica descuidar la formación del carácter, virtudes y valores que nos son comunes a todos, pues el Estado tiene el deber de intervenir en la educación de los niños como colaborador de la familia, no para arrebatarle este derecho sagrado y suplantarla.

 

Jorge Lee Galindo
Apoderado Legal de la Convención Nacional Bautista de México, A. R.