De todo se puede ser en la tierra del huachicol si has nacido en algún pueblo plantado entre Tepeaca y Tecamachalco.

Lavador de cebollines para los horticultores de Palmarito. Asociado de una cooperativa que empaca brócoli para Walmart y su programa “Pequeño Productor Cuentas con Nosotros”. Tal vez obrero de la cementera Cruz Azul en el cerro que pelan frente a Palmarito y Xaltepec. Bracero por contrato en los campos de riego de Canadá, y para eso puedes ser de cualquier pueblo. Madre soltera asalariada empacando huevos en uno de los corralones de Bachoco en Tecamachalco. Productor de maíz si eres de la Colonia Rubén Jaramillo y tienes riego del canal de agua contaminada que viene desde la presa de Valsequillo. Costurera para la maquiladora coreana en Quecholac. Peón en los campos de San Pablo Actipan y ganar 120 pesos más la comida. Cucharero en una obra de Lomas de Angelópolis en Puebla si naciste en San Mateo Parra. O mariachi en San Francisco Mixtla y en tus ratos libres sembrador de frijol. Y si no, tejedor de gabanes en San Simón Coatepec. O productor de colchones de pobre en Tlanepantla. O vendedor de los espejos que producen en Santa Isabel Tepetzala. También chofer de ADO si eres de San Nicolás Zoyapetlayocan, pueblo donde no hay familia que no haya acomodado como chofer a alguno de los suyos. O productor de flores en La Candelaria Purificación. O próspero propietario de una bodega en la Central de Abastos de Huixcolotla, y además tener una en las centrales de Puebla y México. Y qué tal si cantero en Santiago Acatlán, además de artesano fabricante de niños dios y borreguitos y hasta santos reyes de yeso monumentales para los nacimientos. En un descuido, hasta un reluciente obrero oculto entre los robots de los alemanes de Audi en San José Chiapa.

petroleo

Ilustración: Víctor Solís

De todo puedes ser. Esa mezcla de mil empleos en la que se convirtió el mexicano al que ya no tiene sentido llamarle campesino.

O simplemente el halcón de a 12,000 pesos en motoneta y en cualquiera del medio centenar de pueblos que en ratos tiene a sus familias metidas en el huachicol. Porque cualquier día aparece un tipo al que luego bautizarán como “uno de los señores”, que llega, observa, analiza, identifica, compra una casa, invita, paga una deuda, se hace compadre, regala una motocicleta, propone un trabajito, facilita una pistola. Y encuentra una familia en apuros, a un hombre sin chamba y ya tiene 53 años, y la mujer enferma, y tres hijos casados y todavía en casa y con salarios de 120 pesos.

Y ya entiendes el camino que algunos han seguido en estos pueblos. Porqué están en guerra.

El ogro (no filantrópico) despierta

El 9 de marzo de este año tres agentes federales de la Fiscalía de Secuestro y Delitos de Alto Impacto (FISDAI) son levantados en el municipio de Atzizintla. Sus cadáveres aparecen horas después en territorio veracruzano. La respuesta del gobierno federal es el envío de 500 soldados el día 18 y el operativo que desmantela a la banda de “El Buchanans”, ligada a los Zetas en la región, la que le disputa la plaza a la alianza Beltrán Leyva-Jalisco Nueva Generación y que controla entre otras a la policía municipal de ese municipio perredista. En el operativo son detenidas 87 personas entre policías y funcionarios y civiles, incluido el propio alcalde; se aseguran 16 armas largas, cinco armas cortas, tres granadas de fragmentación, uniformes tácticos, cuatro mil 600 cartuchos útiles de armas largas, 30 vehículos utilizados para actividades ilícitas —como el robo de combustible- y seis tomas clandestinas; la mayoría de los detenidos son jóvenes, cinco son mujeres y tres menores de edad. “El Buchanans” es de la comunidad de San José Cuyachapa. Su madre alcanza huir a la sierra veracruzana vecina. El informe del operativo lo presenta Diódoro Carrasco, secretario de Gobernación con Moreno Valle que ha repetido en el cargo con Tony Gali.

Pero “El Buchanans” se les ha escapado.

“Son los Zetas”, vuelve a decir el fiscal Víctor Carrancá Bouget, quien también ha repetido en el cargo que ocupará hasta el 2022 por decisión del congreso del estado, fiel a las decisiones de Rafael Moreno Valle. Su explicación da una semblanza de una de las varias células de ese cártel plantadas en Puebla:

“Los policías asesinados se encontraban realizando labores de investigación para capturar a la banda de “Los Buchanans”, proveniente del estado de Veracruz y vinculada con la organización criminal Los Zetas,  y  relacionada con varios delitos, como robo de combustible en el Triángulo Rojo y al menos cuatro secuestros —entre ellos un homicidio- en la zona de Ciudad Serdán. Sin embargo, cuando los hoy occisos se encontraban en Atzitzintla, los policías municipales avisaron a los delincuentes que los ministeriales estaban en esa comunidad, por lo que posteriormente estos últimos fueron alcanzados, sometidos, levantados y asesinados por un grupo armado, ligado a Los Buchanans”.

¿Y quién es “El Buchanans”?, preguntan los reporteros. El sustituto de “El Lalo”, detenido hace más de un año en Esperanza. ¿Y cuántas bandas Zetas operan en el estado? El fiscal dice que no tiene idea.

No es la guerra del narco. Es la guerra del huachicol. Descubrimos que en cuatro meses las autoridades han realizado lo que no hicieron en seis. Las cifras son simplemente intolerables: de enero a abril el decomiso de más de dos millones de litros que equivalen a 69 pipas de 30 mil litros. Del 2011 al 2016 el gobierno sólo recuperó 58. Superado en 18 por ciento. La pregunta es elemental: ¿por qué hasta ahora la acción enérgica del Estado? ¿Qué hicieron los gobiernos de Peña Nieto y Moreno Valle?

En la dimensión de esas cifras y esos interrogantes está la consecuencia: 3,000 soldados en las calles.

El estallido del huachicol

En Puebla hay 131 kilómetros de ductos y 1533 tomas clandestinas detectadas por Pemex en el 2016, una gran parte en el mentado triángulo. El 25 por  ciento de las 6,587 de las identificadas en todo el país ese año. En el 2007 Puebla no llegó al 2 por ciento de las tomas. ¿Qué ocurrió? Ayuda ver esta lista contra el mapa para comprender este crecimiento en los 131 kilómetros de ductos que atraviesan el territorio de 51 pueblos. Y de lado a lado, la zona metropolitana de la ciudad de Puebla. Santa Rita Tlahuapan: 16. San Matías Tlalancaleca: 75. San Salvador El Verde: 28. San Martín Texmelucan: 75. Huejotzingo: 1. San Pedro Tlaltenango: 3. San Miguel Xoxtla: 2. Coronango: 41. Cuautlancingo: 12. Puebla: 3. Amozoc: 41. Acajete: 180. Tepeaca: 352. Los Reyes de Juárez: 4. Tecamachalco: 15. Quecholac: 138. Palmar de Bravo: 283.

Diecisiete municipios con sus 2.5 millones de habitantes cruzados por un venero que ha convertido al fin a este altiplano templado y reseco en territorio petrolero.

huachicol

Tomas clandestinas en municipios del centro del estado de Puebla (ver el mapa original).

Para entender este estado petrolero clandestino, la realidad social que lo ha generado y el extremo al que ha llegado por la participación del crimen organizado, es necesario identificar algunos procesos que han posibilitado la explosión huchicolera en último lustro:

• La existencia misma de los ductos provenientes de la refinería de Minatitlán en este eje central que corre desde el oriente del estado al parejo de la autopista México-Veracruz hasta las estaciones de PEMEX en la ciudad de Puebla, y que continúan hacia el poniente. 17 municipios, y con la ciudad de Puebla, 51 pueblos y ciudades que guardan la vida de 2.5 millones de habitantes estrictamente poblanos. Decenas de kilómetros de ductos atrapados en una urbanización caótica que se traga sin recato el campo y en la que operan un antiguo sistema de chupaductos dominado por el hampa desde los tiempos de Francisco Guízar Pavón quien “pasó de ser suplente de peón en Pemex a Rey de la Gasolina, y se convirtió en uno de los ordeñadores más poderosos y mejor organizados del país”, según relata Ana Lilia Pérez en su investigación El Cartel negro (Grijalbo, 2011).

•  Un negocio ilegal simple y llano- en el último trimestre de 2015 consumió 128 millones de litros de gasolina, según cifras de PEMEX rescatadas por el especialista Alejandro Hope, equivalentes a siete millones de pesos diarios, alrededor de 2,500 millones de pesos en ese año, con los mejores rasgos de un primitivo capitalismo salvaje, alimentado por una economía regional que demanda gasolinas y diésel en una región de pequeños productores y jornaleros históricamente pobres y sometidos por una industria agroalimentaria de enclave. Una red de complicidades para operar el robo de combustible alentadas desde la propia paraestatal, igual en sus oficinas de Marina Nacional que en las secciones de un sindicato sobreviviente del más rancio corporativismo corrupto, sometida toda por la lógica de la plata o el plomo con la que los cárteles mexicanos han manejado las actividades criminales en torno a Pemex.

• Unas estructuras caciquiles de gobierno municipal incapaces de impulsar proyectos de desarrollo regional, siempre comandadas por políticos de grupos de poder aliados a los gobernadores en turno, y que en la coyuntura del ascenso de Rafael Moreno Valle y su agresivo y exitoso desmantelamiento de la red de control político del PRI en la región permitió el ascenso de figuras regionales claramente identificadas con el negocio gasolinero.

• Una economía urbano-rural que hace tiempo ha dejado atrás la categoría del campesinado —¿qué son hoy estos complejos centros habitacionales que todavía llamamos pueblos?—, ligada al mercado en dos grandes actividades: la producción de hortalizas y granos en el corredor Texmelucan-Tepeaca-Tecamachalco y la producción textil de la industria de la confección, con centenares de talleres y fábricas en la región de Texmelucan. Ambas dinámicas han generado la implantación de tres mercados regionales gigantes en las ciudades de San Martín Texmelucan y Tepeaca (ropa) y en el municipio de Huixcolotla (perecederos), que involucran a miles de personas igual en la producción que en la comercialización, con una enorme derrama económica regional, pero que han sido presas inermes ante el crimen organizado para la extorsión, el robo y el secuestro, con la probada presencia en la década pasada de La Familia Michoacana en Texmelucan, y en los años recientes de los Zetas en Tehuacán y los Beltrán Leyva en Tepeaca. Tan sólo la llamada Central de Abastos de Huixcolotla llega a concentrar la distribución diaria de tres mil toneladas de alimentos perecederos producidos por 25 mil pequeños productores de 36 municipios de la región; el tianguis de los viernes en Tepeaca convoca a 50 mil personas; y el de Texmelucan, conocido como “el más grande de América Latina”, llega a sumar a más de 6,000 vendedores que reciben a más de 200 mil personas cada semana.

• Una economía industrial concentrada en la exportación y sustentada en los bajos salarios, que tiene por eje principal a las ramas automotriz y autopartes de Volkswagen y que con más de 80 mil puestos de trabajo se concentra en la región metropolitana Puebla-Tlaxcala-San Martín Texmelucan, y una instalación agroindustrial avícola de primera importancia nacional en la región oriental del estado (Bachoco en Tecamachalco y el Grupo Romero Sánchez en Tehuacán), que con el paso de los años ha proletarizado una economía todavía con profundas raíces campesinas. A esta realidad se suma la nueva urbanización por el desarrollo automotriz AUDI en la región de San José Chiapa.

• Gobiernos estatales autoritarios que han impuesto proyectos fundados en el desarrollismo industrial y la construcción inmobiliaria, sin políticas estratégicas para el desarrollo de la economía rural, con iniciativas como la de la instalación de la trasnacional automotriz Audi en los llanos de San José Chiapa, a la que se le regala el terreno de dos km2 y se le construye una plataforma que involucra el movimiento de millones de toneladas de tierra en 1,800 camiones materialistas que requieren de diésel para moverse durante 18 meses y que encuentran en el abasto huachicolero la compensación por las cuotas que exigen los caciques de la CTM. Es en esa coyuntura cuando son detenidos en el 2015 los dos jefes principales de la policía estatal en el gobierno de Rafael Moreno Valle, capturados por el ejército cuando custodian un convoy huachicolero en Tepeaca.

En esa urdimbre de relaciones sociales ha prendido el huachicol. Las bandas criminales no son meras gavillas ocultas. Han logrado generar una organización primitiva y caótica, pero eficientemente trepada en los celulares de este tianguis petrolero.

Algunas escenas para entender la guerra del huachicol

La tierra prometida de Audi

Noviembre del 2012. En una loma a 500 metros del pueblo de Nopalucan, 80 hectáreas son devastadas para la plataforma de Audi. El gobierno compra a trasmano las tierras ejidales de Santa María Ixtiyucan. Es un ruido fervoroso, un run run que llega con el polvo, un verborreo metálico y gris que se abalanza sobre los curiosos. Tal vez sean veinte las palas mecánicas que abastecen filas interminables de tracto materialistas. Es el banco de tierra comprado a 30 pesos la hectárea a los ejidatarios y es uno de los tres centros de acopio que la empresa queretana Construcciones y Desarrollos Inmobiliarios Santa Fe tiene abiertos en la tierra prometida para Audi. Run run entre el polvo, run run con el rencor del polvo que dejan los recursos públicos regalados a la trasnacional alemana.

Junio del 2013, el crimen ambiental ya se cometió. Las excavadoras han alimentado durante ocho meses y por veinte horas diarias a los miles de camiones materialistas contratados a la CTM. La plancha amarilla que soportará las naves de Audi lleva el avance estimado por los directivos alemanes —al menos no se conoce de su parte queja de atraso—, pero el hormigueo en las terracerías en los alrededores de San José Chiapa se mantiene. Moreno Valle ha ofrecido todo: tierras, preparación del terreno, electricidad, ferrocarril, autopista, olvido de impuestos estatales y municipales (predial por 15 años e impuestos sobre la nómina 12 años), ni qué decir del agua o la capacitación de los trabajadores, y de remate, una nueva ciudad que llamará “modelo” y “mi mayor legado para los poblanos” y que inaugurará sin terminar en el 2016. Las montoneras que ocultan la plataforma amarilla de Audi.

“Hubo que conjuntar esfuerzos y capitales, es una inversión muy fuerte, arriba de dos mil millones de pesos, todo el dinero es recurso privado, sin que el estado destine ningún monto para estas labores”, dice el entonces Secretario de Infraestructura Tony Gali Fayad, y explica que el tamaño de la inversión obligó a operar el proyecto con el esquema Pago por Proyecto (PPP), de manera que por los próximos 25 años los poblanos pagarán el costo de las plataformas de Audi, con sus módicos intereses. Los dos mil millones de pesos representan cerca del 12 por ciento de la inversión total de la armadora en San José Chiapa.

Los camiones materialistas no se manejan solos. El líder cetemista Leobardo Soto, por supuesto diputado, controla el trabajo de los más de dos mil trabajadores en la zona de AUDI contratados por CODESA; ha dicho que casi la mitad de los empleados son de los municipios cercanos: “tan solo de Lara Grajales, Nopalucan, Chiapa, Oriental, Soltepec, El Seco y Acajete tenemos más de 900 trabajadores. Otros 1,100, 1,200 son camioneros provenientes de Tehuacán, Teziutlán, Xicotepec, Chignahuapan, San Martín Texmelucan y Puebla”.

No le irá mal con la obra: del brazo del gobernador panista se convierte en el priista empresario líder obrero más importante de un partido a la baja en Puebla.

Así lo describe su propia compañera de partido, la diputada Elvia Suárez Ramírez: “Él trabaja sólo por el dinero que le pueda dejar este escenario, haciendo a un lado a los habitantes de ese lugar que demandan oportunidades de trabajo. No está defendiendo los intereses de la misma ciudadanía, de la población, aquí mira intereses personales, especialmente económicos, donde está de manifiesto la inconformidad de la gente. Está en este caso viendo la situación económica primero y no pensando si se beneficia o no la gente de la región.” (Sexenio, 8 de junio del 2013.)

Chupaductos uniformados

El 8 de julio del 2015 Marco Antonio Estrada López y Tomás Méndez Lozano, entonces director y Jefe del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Estatal Preventiva respectivamente, fueron detenidos por el ejército en un operativo contra huachicoleros en Tepeaca. La acusación de la Fiscalía se fundó en la detención de un sujeto con combustible robado a Pemex. En su declaración dijo que el teniente Estrada y el jefe del GOES, conocido como "El intenso", lo entregaron a la PGR con la mitad del combustible, ya que el resto se lo habían quedado ellos. El fiscal federal ordenó la detención de estos mandos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP). En el operativo los soldados aseguran en la localidad de San Felipe Tenextepec, perteneciente a Tepeaca, 31 camionetas con combustible robado.

Marco Antonio Estrada López llegó a Puebla con Facundo Rosas, el Secretario de Seguridad Pública con el que Moreno Valle selló su alianza con el equipo de Genaro García Luna, el jefe policiaco del gobierno de Felipe Calderón. La acción federal finalmente también a él le costó la cabeza. Pero nada más.

Los policías estatales aprovechan la situación de sus jefes detenidos para dar cuenta de ellos en las redes sociales (se deja intacta la ortografía original):

"ALERTA Y DENUNCIA  hubo un enfrentamiento en dan José chiapa, hay compañeros lesionados, todo esto por estar coludidos con un grupo que se dedica al robo de hidrocarburos, si señores  hay 2 grupos que se disputan toda esa zona uno de ellos ya esta coludido directamente con el director general estrada con los encargados de base y elementos san jose chiapa, esperanza, y el grupo goes que no los engañen es todo una delincuencia organizada y pagarán justos por pecadores denuncien compañeros."

"En región hay 2 grupos del robo se hidrocarburos, 1 de ellos lo dirige un tal apodado gasparin,  el ya tiene el trato directo con estrada,  los encargado y elementos del copem tepeaca, esperanza,  san jose Chiapa.”

"DENUNCIA  A   conveniencia hay cambios en base,  algunos ya de meses,     tepeaca  goes, esperanza  goes, san jose chiapa   goes  y ahorita en estos momentos  zacatepec  goes,  valdrá la pena 25 mil semanales y 1000 litros de gasolina apócrifa,  corrupción,  carros y camionetas  robados,  amenazas de un grupo que se dedica al robo de hidrocarburos que no,     Está conectado con ellosy con el director general estrada, hasta que realmente pase una desgracia le bajarán,     hace meses esperanza hoy san jose chiapa  y mañana tepeaca o otro lugar, pendientes a reenviar compañeros  piensan que no nos enteramos,  maldito gobierno y sus vizarros".

"Compañeros        que  a los compañeros que re instalaron según les estan  mandando notificaciones para su baja, segun,         pero preguntamos porqué siempre todos contra nosotros por que señores,           A ver por qué,      no voltean a ver,     lo que hacen los mandos,       él director general  ESTRADA,      va casi todas las noches a  tepeaca y todo ese rumbo,     preguntamos a que,  algo cuida,       hace 2 semanas los compañeros de tepeaca agarraron a dos halcones (es la clave de los agua dores,  de los que roban los gasoductos)    Estrada los tableo y no los puso a disposición,  les dieron ley fuga,       preguntamos porqué,     el día de mañana podría ver represalias contra el personal,     y solo por esa actitud,    pero como es el mando no pasa nada,    no vieran sido compañeros por que casi ellos mismos los trasladan a san Miguel,     pendientes compañeros porque esa zona no tarda en reventar.      A  reenviar pesaban que no nos enteramos jajajajajaja"

Palmarito

Es un hecho que en esta actividad se han involucrado un buen número de personas de algunas de las localidades, particularmente de los municipios de Palmar de Bravo y Quecholac en la región de Tecamachalco, y la pista sigue a lo largo de la autopista hasta más allá de San Martín Texmelucan, cuando la línea de ductos se separa para cruzar por Tlaxcala y la montaña hacia la ciudad de México.

Pero Palmarito ocupa ahora las primeras planas de los diarios nacionales: han descubierto que Los Zetas y “El Mochomito” Beltrán Leyva están en guerra y se disputan la plaza. Que apenas en marzo desmantelaron la banda del Bucanans y su base de operaciones en el municipio de Atzizintla, fronterizo con Veracruz, y que ahora los militares buscan al cabecilla del otro bando.

Palmarito Tochapan y San Miguel Xaltepec son un buen ejemplo para entender esta tragedia: pequeñas hampas locales que se vinculan con policías  y autoridades municipales y son pronto controladas por mafias regionales y autoridades estatales. Una cadena que inicia con los grupos juveniles que son reclutados para halcones y tareas operativas, y que pasa por la complicidad general fundada en el hecho simple de que los chupaductos venden la gasolina a un tercera parte de su valor comercial.

En mayo de 2010, luego de un enfrentamiento armado entre dos familias (los Aquino, conocidos como los “Tlacuaches”, y los Fuentes, ligados a robos y narcomenudeo, la primera de ellas respaldada por funcionarios del gobierno municipal de Quecholac y del gobierno marinista), la policía y el ejército intervienen con un operativo con centenares de elementos y detiene a miembros de la familia Fuentes, pero deja libres a los Aquino, lo que provoca un levantamiento popular con el cierre de la autopista por más de ocho horas con un refriega a pedradas y bombas molotov y gases lacrimógenos entre la fuerza pública y los pobladores descontentos. Esta guerra entre bandas dejó, tan solo en Palmarito, 17 muertos y 20 heridos en 23 balaceras registradas entre el 2011 y el 2014.

En este caldo de cultivo, el robo de combustible que entonces ponía a Puebla en el lugar número 13 nacional, se dispara hasta volverse el principal delito en manos del crimen organizado. Un sujeto conocido como Antonio Martínez Fuentes, “El Toñín”, nacido en Palmarito, logró echar del pueblo a los mentados “tlacuaches” respaldado en el poder económico y de fuego con el que se mueven los chupaductos. A decir de algunos palmaritos estos sujetos han recuperado maneras de ser priista muy documentadas en youtube (fundación altruista encabezada por el hermano del cabecilla, tráileres y tortons cargados de regalos el día de las madres, dinero para los 15 años de la hija de fulano, juguetes para los niños y sus reyes magos, fiestas masivas y  música grupera animada con balazos al aire incluidas). Y más: financiamiento para las actividades agrícolas, y una asociación civil llamada Fusión y Fuerza que logra en el noticiero de TV Azteca primera plana el día del niño apenas tres días antes de que el ejército asalte al pueblo.

Ahora se puede ver cualquier día de estos meses que corren en la primavera mexicana, al atardecer, cómo en Xaltepec aparecen inumerables motocicletas en las que trepan de a dos, de a tres muchachos hacia los ductos, ocupados como halcones o peones para la extracción del combustible.

Hace unos años se conseguía la gasolina a 10 pesos. Ahora mismo, en los pueblos de Buenavista o Xaltepec, el litro que se vende en las gasolineras improvisadas en las casas no rebasa los cinco pesos.

El nuevo parque de beisbol

Junio del 2016. Es un domingo en la tarde en un recién estrenado campo de beisbol en Acatzingo, en el centro del estado de Puebla. Un grupo armado baja de unas camionetas cuando juegan los equipos de los poblados de la Candelaria, de Felipe Ángeles, y Santiago Acozac, de los Reyes de Juárez. Se meten al campo y acribillan a mansalva a quienes están en la tribuna observando el partido. Pero buscan a una persona en particular, José Luis Vélez Robles, reconocido después como un “huachicolero”, uno de tantos chupaductos de Pemex que se disputan a balazos el territorio, y quien ya había estado preso por ese delito en el 2011, cuando lo aprendieron en posesión de 22 mil litros de gasolina dentro de una cisterna en su casa. Ahora él perdió. Lo vemos muerto junto al home. Pronto sabremos que dos personas más murieron con él, y que efectivamente el boletín de la fiscalía local guarda el hecho en el casillero de “crimen asociado al robo de combustible”. Claro que cualquiera sabe que las bandas de chupaductos han penetrado en estos pueblos campesinos, que sus líderes se pasean en las plazas, que patrocinan equipos de beis y fut y que cuentan con la mirada cómplice de mandos altos de la fuerza pública. Hace más de una año que la policía federal detuvo a los jefes de la policía estatal vinculados a este delito. Y que sea quien sea el que los mande, los delincuentes están en guerra.

Se alcanzan a contar cerca de 50 vasitos de plástico utilizados por los forenses en el área acordonada. Al fondo las unidades de Seguridad Pública. La tarde nublada. El cuerpo tirado en el círculo de espera del bateador. La chamarra con la que han cubierto su cabeza. El pantalón vaquero. Las botas mineras. La vida cegada por fusiles de asalto con los que han rafagueado la tribuna.

El Archivo del Olvido, lo denomina el padre Tacho, párroco en los pueblos indios de Coxcatlán en la Sierra Negra.

Se puede ver la línea larga de ese abismo oculto bajo tierra, asomado en válvulas y respiraderos aquí y más adelante y a lo largo de los cien kilómetros que cruzan de oriente a poniente el territorio de pueblos entre Esperanza y Santa Rita Tlahuapan. Un abismo de acero y gasolina, una serpiente a la espera de la precariedad de la vida humana, los ductos de Pemex y su cuenta de balas: tan sólo en los últimos diez días, con los crímenes de Acatzingo y Palmar de Bravo —municipio este último en el que murieron rafagueados el 1 de junio del 2016 cuatro personas en la comunidad de La Purísima de Bravo–, son siete los muertos y once los heridos relacionadas con la ordeña de los ductos petroleros. Personas con nombre y apellido, como José Luis Vélez Robles, preso un tiempo por huachicolero, liberado en algún momento por un juez, y sepultado en un panteón de su pueblo en una historia de la que mañana ya no se acordará nadie hasta la próxima reseña de esa pequeña guerra civil que recorre por la superficie de ese trazo de sangre que sigue la línea serpiente de los ductos de Pemex.

Magdalena

Octubre de 2016. Amozoc y Acajete están prácticamente conurbados con la ciudad de Puebla. Estos dos municipios tienen en el poblado de La Magdalena Tetela el  mayor punto de involucramiento con el robo de combustible, con decenas de familias metidas en ese negocio. Las crónicas identifican a 14 bandas de huachicoleros, cuyos jefes se han repartido la zona para evitar conflictos entre ellos. Actúan de manera coordinada. En una balacera con policías estatales perdió la vida un menor de edad. La respuesta de la población derivó en el cierre por siete horas de la autopista Puebla-Orizaba y la federal Puebla-Tehuacán. La zona ya es tierra huachicol, las autoridades locales solapan y los soldados miran para otro lado.

El operativo del Grupo Operaciones Estatales (GOES) de la policía estatal contra chupaductos provoca un enfrentamiento con grupos de jóvenes pobladores que respaldan a los huachicoleros. En el hecho muere Luis Ángel “C”, un joven de 16 años, lo que provoca una rebelión popular que cierra por más de ocho horas de la carretera federal a Tehuacán en  San Jerónimo Ocotitlán y por más de seis horas la autopista México-Orizaba, a la misma altura, incendian llantas de la misma manera que lo harán en Palmarito. Los inconformes, muchos de ellos encapuchados, amagan con incendiar vehículos y quemar la gasolinera de Ocotitlán.

Una crónica del diario Cambio en Puebla identifica a las 14 bandas, cada una de al menos 30 personas: quince dedicados a la extracción de combustible y llenado de contenedores; el resto cumple  funciones de halconeo y transporte. Los nombres de las bandas: “Los Cornelios”, “Los Cabezas”, “Los Pokemón”, “La Banda del Gato I” y “La Banda del Gato II”,“Los Monstruos”, “La Banda del Pokemon”, y “La Banda del Cachetón”, “La banda de los Pericos”, “Los Chaparros”, “La Banda de la China”, “La Banda del Gil”; “La Banda del Macho Prieto”, “La Banda de la Cheja” y “La Banda de los Gallitos”.

La misma crónica involucra al ejército mexicano, que tiene desde el 2015 al menos cuatro bases de operación en la zona, con el control de las actividades de estas bandas, y son los soldados los que establecen el precio de arranque del litro de combustible (2.20 pesos). Los huachicoleros lo revenden a ocho pesos.

Trenes rigurosamente saqueados

Cañada Morelos tiene 19,000 habitantes, y 11,000 de ellos en localidades rurales. En todo sentido, es tierra de nadie. Su territorio colinda con las cumbres de Acultzingo veracruzanas, una montaña con un campo de entrenamiento Zeta desmantelado por el ejército en septiembre del 2014. El municipio está tomado por el crimen organizado, pero tiene otra peculiaridad: es paso de vía del antiguo ferrocarril mexicano.

En noviembre de 2016, un comando de 50 hombres armados asalta dos trenes con contenedores repletos de electrodomésticos. No hay autoridad que los enfrente una vez que se han deshecho de los guardias de la empresa Ferrosur. Luego, llaman con perifoneo a la población a que pase por su refrigerador gratuito.

Pero estos “Chucho el Roto” tienen también otro rostro: en el 2008 un comando ataca con granadas la comandancia de la Policía Judicial en Cañada Morelos y mata a un agente de la corporación. “Son Los Zetas”, dice el alcalde Refugio Trujillo Campos. La Procuraduría General de Justicia (PGJ) guarda silencio sobre la agresión. El relato se encuentra en La Jornada de Oriente:

“El 21 de noviembre de 2008 se vio por última vez a los agentes de la Policía Judicial del estado de Puebla patrullar por esta zona. Luis Hernández, un campesino de 45 años, detiene sus labores en el campo un momento y recuerda que en ese año los agentes judiciales estaban cerca de capturar a una importante banda de delincuentes que operaba desde Ciudad Serdán, Palmarito, Palmar de Bravo y Tehuacán, pero antes de encontrarse acorralados fueron a la base de operaciones de éstos en Cañada Morelos, dispararon con cuernos de chivo y tiraron una granada al interior del inmueble. Un agente murió, dice Luis, y los demás ni siquiera regresaron por sus cosas, ni por el muertito. Desde entonces jamás volvió a haber una base de la Policía por aquí. Y los asaltos siguen.”

En junio del 2016, otro comando llega al centro del pueblo a bordo de cuatro camionetas —una Suburban, una Lobo y dos Cheyenne—, y balea una casa ubicada en inmediaciones del parque Hidalgo, pero los que allí se encuentran responden de la misma manera. Todo mundo corre en el parque. Los encapuchados también balean la presidencia municipal y una de las patrullas. Cuando todo acaba y el ejército recupera la plaza, trasladan al hospital para morir a un herido al que le cuentan 16 balazos. Gaspar Rojas Torres es uno de los seis alcaldes amenazados por los chupaductos que operan en la zona denominada Triángulo Rojo.

Cumbres de Acultzingo

El 31 de agosto del 2014 elementos de la Marina y el Ejército atacan un campo de entrenamiento de sicarios Zeta en Rancho San Pedro, fronterizo con Puebla. Sierra de Agua es la localidad. Hermoso nombre.  Mueren tres sicarios y 33 son detenidos. Todos, muertos y presos, no tienen más de 24 años. Los que sobreviven afirman que se entrenaban como estacas y que el campamento ha servido también para entrenar a los policías municipales de  Acultzingo y Maltrata. Identifican como instructor a un tipo conocido como “El Buchanans”, ex comandante de la policía municipal de Maltrata. El campo desmantelado contaba con pistas de comando, área de práctica de tiro, barracas y almacén de armamento. Nada sofisticado. Muy  poco armamento asegurado. Según da a conocer la DEA, el sitio lleva al menos un año de operación. Imposible que las autoridades locales no supieran de su existencia. El 3 de septiembre no se presentó a su trabajo ninguno de los policías municipales de Maltrata. De Acultzingo, solo cuatro. A los jóvenes detenidos los mandarán a penales del norte del país, aunque se sabe que muchos estaban contra su voluntad: “Ellos se los llevan —dice un testimonio en el diario El País—, los secuestran. Son chicos que no tienen otra opción. Hay mucho abandono”. De los muertos dice la reportera del diario español Verónica Calderón: “Los tres muertos eran dos chicos menores de edad y uno de 27 años. Luis tenía 17 años y apenas había ingresado a la banda, según explica su propia madre. Pascual, también de 17, vivía en Acultzingo. Sus padres fueron a identificar su cuerpo. El tercero tenía 27 años, se llamaba Juan Manuel Piedras Morales, y fue el primer identificado. Sus funerales también fueron vigilados por las Fuerzas Armadas.”

El instructor “El Buchanans” no estaba entre los muertos y detenidos.

 

Sergio Mastretta

 

2 comentarios en “Escenas del huachicol poblano

  1. Un esclarecedor documento para entender los actuales conflictos, de una zona que esta marcada desde la producciòn y comercializaciòn del pulque en los años 50s del siglo pasado.

  2. Excelente. Sergio te felicito y no es más que la falta de política públicas que ayuden a la gente a tener una mejor condición de vida por ellas mismas