En El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic (Literatura Random House Mondadori, 2013) Sergio González Rodríguez (1950-2017) narró la historia de un muchacho que en el camino perdió su pasado, su sentido del presente, y eligió un futuro incierto. Rescatamos una entrevista con González Rodríguez —hasta ahora inédita— realizada a finales de 2013 sobre su última novela de ficción, en la que condensó diversas obsesiones: la ultracontemporaneidad, el posthumanismo y la hiperconexión.

Alejandro García Abreu: En El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic narras la historia de Dano —aspirante a cuentista y fotógrafo— y sus derivaciones erráticas. Se trata de la bifurcación de un personaje, de su viaje y de la posibilidad de registrar esa experiencia. “Supe que a Dano lo conmovía poco el romanticismo del aventurero en tierra extraña”, se lee en la novela. Posteriormente el narrador afirma: “Se puso de pie y siguió su paseo al azar; ya se reencontraría con el primer Dano en algún confín de su propio viaje”. Y confrontas a Dano con el narrador, personaje mayor que apunta las visitas que recibe “porque clientes cada vez llegan menos a esta librería que atiendo por mera costumbre. Los libros de ocasión que aquí se expenden, como reza el rótulo a un lado de la puerta, han dejado de interesar a las personas”.

Sergio González Rodríguez: El viaje básico de Dano es obviamente práctico, porque tiene que ver con su tarea como vendedor. Trae mercancía: atraviesa el mundo, va al Sureste de Asia, a Hong Kong, y la deposita aquí. El asunto es cómo en este hecho práctico hay por lo menos dos niveles: el que pertenece a su propia formación como persona y que va descifrando en la experiencia del viaje súbito; por otro lado, cómo puede traducir esa experiencia a un registro gráfico, fotográfico o narrativo. Es un aspirante a cuentista que escribe relatos crípticos y a su vez logra fotografías con un giro sesgado y planea novelas gráficas. Yo quería presentar esta bifurcación de la personalidad de un muchacho, porque normalmente tenemos estereotipos al respecto. Nos imaginamos nuevas generaciones y pensamos en un chico o en una chica frente a una computadora con sus audífonos y se acabó: gente hiperconectada. Creo que hay una mente en cambio y en transformación continua en las nuevas generaciones. Me quería aproximar un poco a ese fenómeno confrontado con una pugna generacional. En la materia del viaje, el contraste se da en la pugna generacional entre el librero y Dano. El personaje joven es muy actual, con una mentalidad muy flexible, y el personaje con el que se confronta se formó con la lectura, es propietario de una librería de viejo en la que nadie se detiene ya a comprar libros. Por lo tanto estamos hablando de un mundo estacionario, humanista, confrontado con un trance posthumanista. Esta confrontación me interesaba porque implica también el eje de la movilidad, el desplazamiento, el vértigo ultracontemporáneo, como le llamo, y la vida estacionaria de la reflexión, de una persona que tuvo un pasado un tanto misterioso, un tanto truculento, porque fue activista revolucionario y también tuvo una experiencia profunda de viaje. De ahí que lo extremo de las circunstancias de ambos personajes sea el trasunto de la propia novela.

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AGA: ¿Planteaste la novela desde un inicio como un cuerpo narrativo de las investigaciones teóricas, filosóficas y estéticas que realizas desde hace años?

SGR: Sí, porque mi entendimiento de los fenómenos que vivimos, sobre los que he escrito —violencia extrema, sacrificio, tecnología, deseo, el elemento de lo sagrado o lo sacramental—, se atraviesan en la vida cotidiana, lo absolutamente inmediato. De modo que he tratado de aplicar esto en El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic, y la novela busca justamente establecer la zona de las ideas de los propios personajes y de los posibles lectores de estas ideas, y la zona de la propia realidad que vivimos. De modo que conjunto una novela de ideas con una novela de aventuras, con cierto trasfondo policiaco, un suspenso, para tratar de encontrar espacios de vinculación con los lectores, sobre todo con los nuevos lectores. Es una síntesis de todas las ideas que me han preocupado en los últimos años —y que he tratado en ensayos, en crónicas y en reportajes— con una nueva formulación narrativa.

AGA: ¿Cuál es el origen de Dano, que, según el narrador, “creía que el cómic es un arte integral y superior a la literatura”?

SGR: Dano es un personaje que tiene un origen desconocido, incluso para sí mismo, como personaje de su propia vida, de su propia trayectoria. Pero a la vez es un personaje que fue surgiendo de modo paulatino; no es un personaje que surgiera de cuerpo entero, sino que conforme lo iba escribiendo se iba revelando un poco como la imagen de aquellas fotografías que están en el cuerpo de los líquidos químicos, que se usan en la tecnología previa a la electrónica; me refiero a los procesos fisicoquímicos. Entonces la fotografía entra en un recipiente de líquidos, que van a revelar la imagen capturada. La imagen capturada en esa fotografía va apareciendo paulatinamente. Así es el surgimiento, el origen de Dano para el narrador y para sí mismo también, porque es una persona que no tiene preciso su origen, y esto lleva a problemas de identidad, a conflictos muy serios frente a la experiencia del desplazamiento y el viaje, porque entonces no tiene tampoco una claridad de sí mismo y refleja muchos signos de la vida ultracontemporánea, donde nos vemos sujetos a tal cantidad de estímulos de todo tipo que nos desconcierta este mundo. Yo quería presentar esa incertidumbre en Dano.

AGA: Cito un pasaje de la novela: “Jossy le dijo: ‘Soy como una doble de Paris [Hilton], por eso me contratan en el extranjero. La única diferencia entre ella y yo son dos cosas insignificantes: los ojos azules y el dinero, ja, ja. Lo primero lo soluciono con unos pupilentes, y de lo segundo ya nadie me pregunta cuando me pongo éstos’. Ambos rieron./ Jossy le contó que a través de una agencia internacional de modelos la habían contratado para ese y otros viajes. La agencia Prestige. Entre los directivos y los empresarios orientales estaba de moda invitar muchachas cuya apariencia era semejante o muy parecida a la de actrices, modelos famosas o figuras del deporte. Ella tenía un año y medio en tales ocupaciones y ganaba muy buen dinero”. ¿Qué te condujo a retratar el mundo de aspiraciones y a explorar la idea de la copia?

SGR: Hace tiempo me enteré de que, en efecto, hay todo un mercado internacional de dobles; vivimos en un mundo de la copia. Entonces hay un mercado donde puedes contratar y rentar compañía e incluso relaciones sexuales con dobles de actrices o personajes famosos. Yo quería aplicar esto, desde luego, como una alusión al mundo de la copia contemporánea y darle al personaje Jossy, que es modelo y escort, una vinculación muy clara con ese mundo de aspiraciones. Este aspecto aspiracional es lo que yo quería retratar, porque si hay alguien que resume lo aspiracional es Paris Hilton en la vida real. Es una chica muy guapa, modelo, hipermillonaria y resume toda la actitud ultracontemporánea de la moda, de la publicidad, de la fama. Yo quería que estuviera este aspecto visto desde el punto de vista de una doble de ella. Es lo que me parece más revelador: que en una sociedad como la nuestra es una aspiración ser como Paris Hilton.

AGA: ¿Jossy estaba contemplada como personaje desde que formulaste la idea de la novela?

SGR: Jossy estaba contemplada, pero no era tan claro. No hay que olvidar que he tratado en otros libros el tema de las escorts y las modelos. Me interesa mucho porque es el modo como ahora el código más alto del intercambio sexual se da alrededor de este tipo de figuras: la modelo, la escort, la bailarina en un tabledance. Jossy estaba subyacente en la narrativa, pero no era clara su aparición hasta el momento en que necesitaba yo un personaje que fuera un poco el ensamble entre la vida exterior, el trayecto del viaje, y a lo que se va enfrentar el personaje Dano. Es una aparición significativa dentro de la trama, el suspenso de la novela. Pero surgió en el momento en que era necesario; no había una prefiguración exacta, era una prefiguración vaga.

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AGA: ¿De qué manera concibes la pugna generacional entre Dano y el librero?

SGR: Creo que es una pugna fundamental, no sólo referente a los modelos de formación o a la cultura inmediata, en la que cada uno se desenvuelve. No solamente a los contrastes en el contexto histórico en el que nacieron y se desarrollaron, sino que se refiere también a los asuntos de los valores, por medio del entendimiento del mundo a partir de éstos. Por ejemplo, mientras el hombre mayor tiene una serie de ideas sobre la depredación, la sangre y la explotación de las personas, Dano es incapaz de ver esto porque no tiene todavía el conocimiento del mundo para saberlo, y sin embargo va descubriéndolo en la vida práctica, tal como fue el caso del hombre mayor. Esta confrontación no solamente es de contexto, de procedencia social o histórica de cada uno, sino que replica los valores que respectivamente los mueven, es uno de los aspectos que más me interesaba remarcar, porque es donde aparecen justamente los contratos generacionales. Porque podemos tener acuerdos con los jóvenes o con los mayores que nosotros en aspectos básicos: supervivencia, trabajo, ocios, aficiones; pero en el trasunto de nuestra persona más profunda vamos a encontrar muchas cosas que no son explícitas y esa no es licitación. Me interesaba que apareciera en el conflicto de ellos. La novela está narrada desde el punto de vista del hombre mayor, que está contando lo que le contó alguien, como aquel viejo procedimiento en el que va una persona a ver una película y le cuenta a otra qué vio en la película. Obviamente lo que vio no es la película, sino el relato de algo que él captó del filme, y así lo transmite al interlocutor. Yo quería emplear esa mediación de narrativa, porque es donde permite que el narrador de algo que oyó se introduzca a sí mismo, como cuando alguien dice: “Y en ese momento de la película me asusté mucho”, y le sigue contando al interlocutor lo que pasó en la película o por qué se asustó mucho. Quería tener una voz que no fuera un tipo de voces tan aplomadas que a veces se usan en la tercera persona, donde el personaje realmente es una oratoria de principio a fin y no hay ningún quiebre, ninguna fisura en la propia explicitación del personaje, que era un personaje incierto, capaz de revelar verdades profundas, como el hombre mayor, y que a su vez cuenta a otros y al mismo tiempo no tiene certeza real de lo que está pasando; se le escapa la vida también. Van entrando en una zona de oscuridad, tanto el joven Dano como él, por una historia de venganza, y esa historia va tener un desenlace verdaderamente atroz puesto que, como dice la sentencia milenaria, “antes de aventurarte en un viaje de venganza, cava dos tumbas”.

AGA: Incluyes relatos en la estructura de la novela y previamente has entreverado diversos géneros y registros literarios. ¿Qué te condujo a la inserción de los cuentos?

SGR: Tengo la impresión de que tenemos que flexibilizar más la narrativa. Desde hace muchos años, de hecho desde la publicación de mis primeros libros, como Los bajos fondos, yo introducía relatos dentro del ensayo. Y cuando hice libros de no ficción traté de poner ensayo dentro de una crónica, crónica dentro de un relato cinematográfico, impresiones mías, voces, testimonios, documentos, un tejido de diversos registros narrativos. En alguna otra novela ya he incursionado en la introducción del ensayo dentro de una narración. Y en este caso yo quería introducir, como hice antes, cuentos dentro de El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic. El pretexto es el personaje Dano, que es un cuentista inicial, quizá prematuro, pero que es capaz de crear textos muy desconcertantes. Él va cobrando conciencia de sí mismo a través de la escritura de estos textos. Yo quería que estos relatos breves se entrelazaran como una zona convergente con el hilo central de la novela, así como hay personajes que meten su propia narrativa lateral, como el caso de Jossy. Actualmente sólo se entiende que el cuentista es aquél que publica un libro de cuentos de principio a fin, con piezas distintas en un índice. Los que inserté en la novela en realidad son cuentos, y esos relatos pueden funcionar tanto en el contexto de la novela como autónomamente.

AGA: “Comencé a sentirme un personaje de cómic, como aquellos que cautivaban a Dano”, advierte el narrador. Luego confiesa: “Me dolió el contagio: mi vida entera, mi pasado de revolucionario, el escalón más alto de la especie humana, decíamos entonces, comenzaban a parecerse a una historieta de cómic también”. Aludes a la novela gráfica y al cómic como vehículos de exploración.

SGR: Los personajes charlan sobre la validez de la novela gráfica. El tema del cómic y de la novela gráfica es algo consustancial en mi formación, como en la de cualquier persona que desde la infancia ha leído comics o novelas gráficas. No soy un experto en el tema, no pretendo serlo, pero sí me ha interesado mucho la aplicación del lenguaje de la novela gráfica como un género que, de ser considerado menor, poco a poco ha ascendido a una dignidad mayor en la expresión literaria. Me interesa mucho el trayecto porque hay formulaciones muy brillantes, muy inteligentes de la novela gráfica, con una gran destreza visual. Y fui lector, obviamente, de cómics tradicionales, desde los de Walt Disney hasta los de Batman o de grandes personajes históricos. El comic de heavy metal que en los ochenta del siglo anterior se volvió muy famoso me encantaba, y después el cómic posterior. Quería que el cómic apareciera en mi novela como una aplicación digna de ser tomada en serio. No solamente es un pretexto para darle un color a un personaje, sino que la complejidad que hay de por medio en una novela gráfica, cuando es buena, es algo que vale la pena tomar en cuenta. Y en este caso El artista adolescente que confundía el mundo con un cómic es la confrontación entre la aspiración de poner un relato de gran riqueza con el enfrentamiento respecto a la realidad. Creo que no es un uso que haya sido estrictamente ornamental; es un uso consustancial, en términos formales de contenido, frente a la exigencia de la propia novela. Cada libro para mí tiene una formulación específica. En este sentido, la novela demandaba esto. En el título conjunté dos ya bastante conocidos, clásicos se pudiera decir: Retrato del artista adolescente de James Joyce, que es una novela de aprendizaje extraordinaria, con El hombre que confundió a su mujer con un sombrero de Oliver Sacks, que retrata enfermedades neurológicas. Para la formulación contemporánea, el personaje Dano tiene mucho que ver con ese desgarramiento de la personalidad en la ultracontemporaneidad.

 

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

 

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