Manuela Lino nació en Hueyapan, Puebla, y es la ganadora del Premio Nacional Arte y Literatura 2016 en la categoría de Arte y Tradiciones Populares. La trayectoria de Manuela no se cuenta en un listado de publicaciones o en un largo currículum académico, la cuentan los hilos que sus manos han teñido y bordado con la firme convicción de conservar la tradición textil de su comunidad y de impulsar la comercialización justa de artesanías cargadas de identidad y memoria comuntiaria.

La historia de Manuela es colectiva y, por ello, el reconocimiento también. La creadora fue presidenta de Tamachichijhuatl durante 12 años, una organización de 200 mujeres de origen nahua que comenzó a finales de la década de los 70 cuando personal del Instituto Nacional Indigenista renuió a las bordadoras de Hueyapan para orientarlas en la comercialización sin intermediarios de sus textiles. El textil tradicional que busca conservar la organización desde hace más de 30 años es el producto de un largo proceso cuya etapa final es el bordado.

Tamachichijhuatl se traduce al español como como “hecho a mano”, y es que el proceso lo hacen las manos y el saber colectivo de las mujeres artesanas de la comunidad. Comienza con la trasquila de borregos, de la cual se obtiene la fibra de lana que se convertirá en hilos a través del proceso de “cardado”. Después, los hilos son teñidos con tintes naturales obtenidos de flora de la región que se mezclan para conseguir las diferntes tonalidades y finalmente colorean los diseños imaginados por las artesanas. 

Las manos de Manuela y las de los cientos de artesanas preservan las técnicas tradicionales de elaboración y teñido del hilo, así como el contenido del textil que  se crea a partir del entorno natural de Hueyapan y los símbolos que conforman su cosmovisión. “Los productos de Tamachichijhuatl se basan en estándares de calidad que han determinado como grupo, cuidando que todos los hilos que utilizan sean teñidos con tintes naturales, que la tela sea tejida en telar de cintura o en algunos casos en telar de pedales, y que el bordado sea con la iconografía tradicional de Hueyapan”,1 como el árbol de aguacate y la magnolia que pueblan la comunidad.

Las mujeres que producen el “tomicotón” o saco, el “quechquemitl” o huipil, el chal tradicional, las blusas y mantas de Hueyapan, también conservan el valor del textil como producto y resisten ante un mercado que no valora la diferencia entre un producto único de una mano artesana y el de una máquina que produce en serie; se enfrentan al reagateo de quien no conoce el proceso detrás de cada prenda y a los diseñadores transnacionales que “se inspiran” en sus diseños para exponerlos en pasarelas sin reconocer la autoría colectiva de un pueblo indígena.

En Huayapan se ha construido un camino para vender artesanías dentro de un mercado justo, a pesar de un marco legal que aún no encuentra la forma de defender la autoría de las comunidades dentro de los estándares internacionales de derechos de autor. Mismos que reconocen indivduos, pero no pueblos..

La manos de Manuela, de 70 años, recuerdan los movimientos que sus ojos ya casi no ven. Esas manos recibirán el reconocimiento por las historias que han contado entre hilos de algodón, así como por las décadas al frente de mujeres que trabajan como ella en aras del comercio justo de sus textiles tradicionales y de la identidad cultural que enriquece a este mundo.

 

María Álvarez Malvido
Antropóloga Social por la UAM Iztapalapa.


1 Museo Textil de Oaxaca.

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