No hay un espacio que resulte seguro para las mujeres, no existe un momento en sus vidas que no se encuentre marcado por el acoso y la violencia de género; las acompañan en la casa, en la escuela, en el trabajo, en la calle. Si algo deja claro la exploración de este asunto, es el grado en el que esta violencia es ocultada y tolerada por la sociedad —la familia, las escuelas, las empresas, los medios— y por el Estado mismo.

Reunimos en este número seis textos de personas que se dedican de lleno a estudiar el acoso y la violencia de género, a hacerlos visibles.

Estefanía Vela plantea la violencia contra la mujer como un fenómeno que tiene su propia lógica, una peculiar escala de causas y agravios que tienden a desaparecer en los llamados generales a debatir sobre “la violencia”. Roberto Castro y Sonia Frías nos dicen lo que sabemos sobre la violencia en contra de las mujeres, sus cifras y explicaciones. Alejandra Ríos y Ana Pecova revisan las políticas del Estado diseñadas para hacer frente al fenómeno: un panorama desalentador. Catalina Pérez Correa deja claros los límites del enfoque punitivo y su falsa solución de multiplicar penas y delitos. Proponer “más cárcel”, no basta; proponer “más cursos de capacitación”, no basta; proponer “más vigilancia”, así, sin más, no basta. La gran pregunta es: ¿estamos listos para escuchar a las mujeres?


La violencia diaria en la que nadie cree

Estefanía Vela

Lo que sabemos y lo que ignoramos

Roberto Castro

Violentadas

Sonia M. Frías

Derechos de papel

Ana Pecova

La sombra de Sísifo: El estado y las mujeres

Alejandra Ríos

La cadena de Jabba: La falacia punitiva

Catalina Pérez Correa

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Un comentario en “Violencias invisibles

  1. El fondo de la cuestión es que la cultura de todos los siglos anteriores es una cultura del predominio de los hombres, la fuerza bruta está entre los cimientos de las sociedades de todos los siglos desde la Edad Antigua, hasta la Edad Contemporánea. Son muy interesantes las conclusiones de Claude Levy Strauss, cuando daba a entender que los individuos de las sociedades actuales, no saben más que los de las sociedades primitivas. Lo que conocen los individuos promedio de todas las sociedades actuales son simplemente formas de integración a sus sociedades y reproducen la cultura en que fueron modeladas sus mentes. Pero una cuestión que permanece sin mayores luces es la de la reflexión de los individuos acerca de sí mismos y en ese sentido quedan fuera de sus modelos culturales cualquier cuestionamiento acerca del origen de sus maneras de pensar. La construcción de la subjetividad social y la de los individuos, es la reflexión de los individuos acerca de sí mismos y a través de la construcción de la cultura tiene lugar la reflexión de las sociedades acerca de sí mismas; y en este punto hay que golpear duramente a las mentalidades que todavía en la actualidad argumentan que las sociedades no son sujetos pensantes ni históricos, son mentalidades que viven en le Edad Moderna. La subjetividad es algo que se construye y no solamente algo que se hereda a través de las generaciones de individuos, y lo más lamentable de la época que estamos viviendo es que se ha caído en modelos culturales que ya los griegos conocían perfectamente, el progreso de la cultura humana se debe de medir a través de la conciencia de si mismos que tienen los individuos y no por medio del avance tecnológico, que es muy encomiable, pero el avance tecnológico no es el progreso de la subjetividad de los individuos, de la conciencia de sí mismos. Ya Max Weber expresaba que los individuos sirven a diferentes dioses, esto quiere decir que los individuos están determinados en sus conciencias por una diversidad de factores. Esto es algo un poco largo de explicar, pero es claro que la sociedad actual es una sociedad hedonista, centrada en el placer, y entre esos placeres se han dado los individuos a privilegiar la cuestión sexual, pero en el peor sentido, ya hablaba Octavio Paz del envilecimiento de Eros, otra cuestión que ha cobrado gran relevancia diría Freud y el mismo Octavio Paz el culto excrementicio, el culto al oro, al enriquecimiento, igualmente parodiaba Napoleón a los humanos calificándolos de “cerdos que se alimentan de oro”, sin temor a equivocarnos, la sociedad actual está dedicada al culto de las peores inclinaciones del espíritu humano, aquellas que el catolicismo calificaba como Los 7 Pecados Capitales, que son los defectos del espíritu los que la sociedad actual le da más lustre. Y no se trata de espantarse de esos defectos del espíritu humano, sino de comprender la manera en que esas tendencias del espíritu determinan en gran medida la conducta de los individuos de ambos sexos. en resumen, de lo que se trata es de trazar nuevos derroteros para el espíritu humano, a partir de la conciencia de si mismos y entre esos derroteros está la construcción de un nuevo status cultural que reconozca los eternos aporte de la condición femenina a la construcción de la historia y de la sociedad. Pero cuando vemos campañas políticas como las del Partido Nueva Alianza, nos damos cuenta de que la tarea por realizar es muy ardua y de largo aliento. Saludos a las mujeres que con su inteligencia tratan de construir un nuevo destino para su genero y condición humana.