¿Será el ensayo siempre una trampa? ¿Una manera de bordear el mundo sin acceder a él? ¿Una elocuente evasión? El ensayista se entrega a las orillas: no intenta demostrar nada, apenas mostrar. El ensayo es la fuga de la tangente: rozar el globo y huir. El entendimiento es un reconocer los límites, dice Montaigne en su ensayo sobre Demócrito y Heráclito. El paseante no se empeña en sujetar el mundo. Su mirada se detiene en el fragmento. “Escojo al azar el primer argumento con que doy, porque todos los considero buenos por igual y nunca me propongo seguirlos enteros, ya que no veo el conjunto de nada. Entre las cien partes y caras de cada cosa, me atengo a una, ya para rozarla, ya para rascarla un tanto, ya para penetrarla hasta los huesos”. El ensayista juega al argumento, lo adopta por azar y sin firmar contrato con él. Tan pronto encuentra motivos para soltarlo, lo abandona. El ensayo roza y rasca. Punza también, pero su aguja penetra solamente un milímetro del cuerpo.

01-ensayo

Ilustración: Adrián Pérez

Bien conocida es la descripción del ensayo como un centauro. Alfonso Reyes lo vio así, como el hijo mestizo del arte y de la ciencia. Un estilo y una inteligencia que forman parte de nuestra cultura moderna, “más múltiple que armónica”. Todo cabe en su jarrito, sabiéndolo desacomodar. La divagación, es decir, el desorden, adopta pose de método. Meneo: brinco, retroceso, giro. Sin itinerario, el ensayista sigue el capricho de sus antojos. Un centauro fue también el padre del ensayo. La inteligencia de Montaigne fluía en el trote de su caballo. Su sueño era vivir montando: “mejor pasaría yo la existencia con el trasero en la montura”. El jinete sale de su escondite en la torre para pasear: sabe bien de lo que huye pero no tiene idea de lo que busca.

En otra criatura pensaba Chesterton cuando pensaba en el ensayo. No venía de la mitología pero estaba cargada de símbolo. El ensayo, dijo, es una víbora. Su desplazamiento es líquido: ondulante, ágil, peligroso. “El ensayo es como la serpiente, sutil, graciosa y de movimiento fácil, al tiempo que ondulante y errabundo”. El enorme católico advertía, por puesto, otro elemento de la serpiente: ser el animal de la tentación. Ensayar es probar, sugerir, tentar. La serpiente atrae a su víctima. Para engullirla ha de seducirla primero. Chesterton pinta con esa imagen al ensayo como el engañoso arte de la irresponsabilidad. La víbora, desprovista de garras y de tenazas parece un hilo de aire que juega inocentemente en la arena. Es, en realidad, una bestia mortífera que puede devorarnos de cuerpo entero. El ensayo: arte de la evasión, estafa.

Sigamos con Chesterton: el ensayista se escuda en la naturaleza de su oficio para rehuir la responsabilidad de sus palabras. Anuncia que no lo sabe todo y que apenas esboza conjeturas. Esto puede ser cierto y puede no serlo. Así, el ensayista necesita convertir a su lector en cómplice; imponerle su código de alusiones, eufemismos, esbozos e insinuaciones. Ahí está el peligro que advierte el ortodoxo: si el ensayista trata de asuntos sociales lo hace con el permiso de no ser sociólogo. Si menciona a Darwin, enfatizará su ignorancia de las ciencias biológicas. Soy ensayista, no presento una conclusión, tan sólo sugiero un enfoque. Que no hay que leerlos a la letra nos advierten siempre. Aficionados que denuncian el encierro de los especialistas, los divagadores se deslindan de su idea tan pronto la presentan.

El vicio del ensayo, escribe Chesterton, es el vicio de la modernidad. El hombre medieval no pensaba sino para concluir. Partía de una certeza para llegar a otra. Los doctores medievales adoptaban una tesis y se dedicaban a probarla. Sólo entonces soltaban la pluma. El hombre moderno piensa para pensar y no se siente obligado a llegar a una conclusión. Son los medievalistas contemporáneos los que concluyen, los que se comprometen a demostrar la solidez de su argumento, los que presentan sus ideas en forma de tesis. La víbora siempre se sale por la tangente.

 

Jesús Silva-Herzog Márquez
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. Entre sus libros: La idiotez de lo perfecto y Andar y ver.

 

14 comentarios en “La trampa del ensayo

  1. Es probable que el ensayo sea un ejercicio del pensamiento filosófico, que especule y genere nuevas formas de interpretar un tema. Ahora bien: ¿una tesis, que se afana por concluir, es la quintaesencia de la verdad? ¿Ese acartonamiento metodológico no podría constituir una falacia con mascarada de ciencia?

    • Cuando ello ocurre, más que una tesis, es probable que sea un ensayo disfrazado de tesis. Y ocurre con frecuencia. Créamelo.

  2. Es curioso pensar que este mismo ensayo de Silva-Herzog Márquez se entrampe con él mismo

  3. A don Jesus lo leo desde hace mucho tiempo y él mismo hace ensayos y es un ávido lector de Alfonso Reyes, OCtavio Paz y don Gabriel Zaid (por mencionar algunos). Me queda claro que el ensayo puede ser un víbora, pero no sé quién lo dice: o don Jesus o Chesterton.

  4. Muy cierto. En el tiempo líquido en el que vivimos, donde nada es tomado en serio, ahí donde las guerras se disuelven en memes, el mismo ensayo es otra víctima de la falta de la falta de compromiso y la forma de involucrarse actualmente: espectador de todos los temas, pero espectador light, tan acostumbrado a las crisis, ahogado en información y arrastrado por sus hábitos modernos a ser un activista light, con críticas light y pasiones light. No había pensado que el ensayo, “mezcla de arte y ciencia”, se encuentra igualmente adaptado en forma a los hábitos de nuestro tiempo. Muy interesante.

  5. Otra forma de evasión es esta manía fastidiosa de hacer un ensayo con base a citas de otros pensadores. ¿Cuándo aprenderemos a ser auténticos antes de regodearnos en nuestros conocimientos, replicándolos pero sin aportarles sustancia propia?

  6. Un ensayo sobre el ensayo, pero el que escribe bien sabe lo que escribe y de todas maneras se sale por la tangente en las citas que menciona, todo para que siga siendo un buen ensayo. Felicidades, saludos.

  7. En este mismo espacio, lo escrito por Humberto Eco, acerca de El nombre de la Rosa, nos da una pista. Ensayo, tesis, como se construye una realidad? Las tesis están construidas, solo te adhieres a las que tu pensamiento y creencias sienten empatía.

  8. TODO MUNDO HABLA DE LOS ENSAYOS PERO TENEMOS QUE LEER A OCTAVIO PAZ, GABRIEL ZAID, FEDERICO REYES HEROLES, Y OTROS MAS PARA LOGRAR ACERCARNOS CADA VEZ MAS Y PRODUCIR NUESTROS PROPIOS ENSAYOS.

  9. previo a su lectura deberia incorporarse la advertencia “el contenido de ensayo as responsabilidad del lector” “lease bajo su peopio riesgo”

  10. Si el Ensayo se percibe hoy como una víbora, es un signo de los tiempos que vivimos. Y es una interesante apreciación. Sin embargo, el Ensayo no debe perder su naturaleza de centauro. Ser una perfecta amalgama de conocimiento y belleza es lo que lo hace irresistible para el lector. Este pequeño ensayo de Silva-Herzog es muestra de ello.