23 mil 270: total de mexicanos desaparecidos contabilizados. En textos periodísticos, por criterios de estilo, se evita siempre iniciar un párrafo con un número. No vemos aquí otro modo de iniciar. La cifra tiene prioridad. Son mexicanas y mexicanos de cuyo destino nada sabemos, un espantoso limbo legal y emocional. ¿Cómo ponderar un número de esa magnitud? ¿Cómo presentarlo de modo que el dato informe inequívocamente? Pensamos en un modo: cada carácter de este texto representa un desaparecido. En cada una de las 23 mil 270 letras, comas y puntos hay un mexicano ausente.

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Eran 23 mil 271; mientras escribíamos se identificó que un fragmento de hueso hallado en Cocula, Guerrero, pertenecía a Alexander Mora Venancio, uno de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Terminó el limbo, nos quedó la certeza de la brutalidad. “Un fragmento de hueso”, rotunda metáfora para un país en constante pérdida. A años de cuerpos sin nombre, siguieron días de nombres sin cuerpo. Nuestra constante pérdida.

Al 25 de septiembre de 2014, un día antes de los acontecimientos en Iguala, había en México 22 mil 268 desaparecidos. Una cifra conocida por todos, pero que resonaba en muy pocos. Estábamos quizás demasiado envueltos en un discurso en el que muertos y desaparecidos pertenecían a un mundo ajeno, un mundo de “malos” en el que muertes y desapariciones se explican por atributos de sus víctimas y sospechas sobre sus actividades. Explicaciones que jugaban torpes a ser justificaciones. Iguala nos golpeó el rostro, nos puso enfrente ese mundo, lo hizo nuestro. Debemos entender, colectivamente, quiénes son nuestros desaparecidos, en dónde estaban, por qué ya no están.

Ése es el ejercicio que aquí hacemos. Analizamos los datos en tiempo y geografía; los describimos junto con una serie de entrevistas que hicimos a familiares de algunos de ellos para empatar cifras con historias; y, finalmente, tratamos de responder estadísticamente dos preguntas centrales: ¿las desapariciones ocurren aleatoriamente en México? y ¿las desapariciones se relacionan con violencia organizada? Junto con el análisis, hacemos pública la base de datos oficial de desapariciones que el gobierno federal hace sólo consultable. Creemos que el uso que otros hagan de ella abonará a entender mejor nuestra coyuntura. Creemos que es una deuda con cada letra de este texto.

 

Sergio Cárdenas, José Flores Rodríguez y Agustín Núñez Magaña salieron a vender joyería de oro y plata por todo el estado de Coahuila. De camino a casa, llegaron a Nava porque tenían que cobrarle a un cliente y se hospedaron en el hotel Don Alberto. Son levantados el 22 de abril de 2009 y de ellos no se vuelve a saber nada.

José Diego Cordero Andiano y Juan Diego Cordero Valdivia salieron a cazar. Los detiene un retén de policía municipal, les muestran papeles y permisos necesarios, y los policías se los llevan argumentando que los documentos son falsos. Son encerrados en una cárcel en Joaquín Amaro, Zacatecas. Los tienen encerrados horas y por la noche los entregan a Los Zetas. De ellos, Lourdes Valdivia, madre y esposa, desde el 6 de diciembre de 2010, jamás ha vuelto a saber.

 

Lourdes Valdivia: Somos miles de familias que estamos buscando a nuestros familiares, a nuestros hijos. Yo me siento impotente para poder moverme, para salir a decir que no nada más son ellos, somos muchos que estamos buscando a nuestros seres queridos porque ellos también son importantes… Nos da coraje, mis hijas me han dicho que no nada más son ellos, que por qué no hacemos algo, pero yo vivo al día. Se siente uno impotente que uno no puede hacer nada y salir a gritar que no nada más son ellos.

 

A principios de enero de 2011 varios hombres —vestidos con chalecos de la policía municipal de Escobedo— irrumpieron en la casa de la familia Rivera, en el municipio de San Nicolás de los Garza, en la zona metropolitana de Monterrey. Los hombres se llevan dos camionetas, otras pertenencias, y a Roy Rivera, estudiante de 17 años de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL. Después de entregar la suma de rescate solicitada, Roy sigue desaparecido (ver gráfica 1).

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Todas estas historias, junto con otras miles, forman parte de los desaparecidos de México: 12 mil 930 con Felipe Calderón y nueve mil 384 hasta la fecha con Peña Nieto, junto con 897 para los que no tenemos año o es un año previo a 2006. Con Calderón desaparecieron 5.9 personas cada día de su administración; con Peña Nieto han desaparecido 13.4 personas cada día.

Se trata de una cifra depurada que eliminó los casos en los que las personas fueron encontradas, vivas o muertas. Ello implica que en el caso de Peña Nieto se incluyen factiblemente desaparecidos, junto con extraviados. No podemos decir que en este sexenio han desaparecido más dado que se trata de datos que, por tiempo, aún pueden y serán depurados. Por ejemplo, si comparamos las bases publicadas en 2013 vs 2014 (i.e. depurada), la tendencia lineal a la alza desaparece, y 2011 sería por mucho el año con más desapariciones, no 2014. Por supuesto, es notorio que aun sin depurar, 2013 y 2014, muestren una suma total de desaparecidos por arriba de 2008 y 2009.  Para nuestro análisis eliminamos casos del fuero federal (334); así como aquellos para los que no teníamos información de año (751), estado o municipio (728), y aquellos que se reportaron antes de 2006 (146). Así, nos quedamos con 21 mil 646 caso(ver gráfica 2).

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La primera vez que tuvimos un acercamiento, aunque inexacto, al número de desaparecidos fue en febrero de 2013. En esos momentos Lía Limón declaró que existían casi 27 mil desaparecidos. Para abril, el secretario de Gobernación ya había prometido que la lista sería depurada. Poco más de un año después —tres semanas antes de la tragedia en Ayot-zinapa— se publicó la base depurada (de cuya existencia conocimos por medio de una solicitud de información), y que incluía datos hasta el mes de agosto del 2014. En esa base pasamos a 21 mil 924 casos, a los que se agregaron mil 347 al actualizar la base al 31 de octubre de 2014.

Así, entre la base inicial y la base depurada el sexenio de Calderón pasó de 25 mil 865 desaparecidos, a 12 mil 930, es decir, se eliminaron 12 mil 935 casos, que en palabras de Osorio Chong fueron encontrados “vivos o muertos”. Los datos de desaparecidos son reportados por las procuradurías estatales; fueron ellas las encargadas de actualizar y depurar la información dada a conocer en 2013. Como es de esperarse, los decrementos no se distribuyen de manera igual entre entidades; y al interior de éstas, entre municipios (ver gráfica 3).

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El estado que más casos perdió fue el Distrito Federal, con cinco mil 465 desaparecidos depurados en el sexenio de FCH, seguido por el Estado de México con mil 670 y Jalisco con mil 114. Esto tiene sentido, se trata de entidades muy pobladas; y en el caso del Distrito Federal, relativamente aisladas de la violencia asociada al crimen organizado, es decir, se trataba con mayor probabilidad de personas extraviadas. En contraste, sólo en tres estados se agregaron más casos de desapariciones: Chihuahua con 299, Sonora 260 y Baja California 124. Estados que bajo el sexenio de FCH mostraron a su vez altos niveles de violencia.

 

Irma Leticia Hidalgo, madre de Roy Rivera: Nos consta que de diez casos ocho son los denunciados. Hay un mundo de personas desaparecidas y secuestradas que no han sido siquiera denunciadas por sus familiares, y no los culpamos porque a quién los voy a denunciar si es la propia policía de los tres niveles: municipal, estatal, federal, marinos y soldados. Claro incluyendo a los cárteles que acá reinan.

 

Nos quedamos, al eliminar casos sin información clave para el análisis, con 21 mil 646 desaparecidos. Podemos pensar que si la probabilidad de desaparecer fuese aleatoria, entonces no tendría una relación clara con atributos del desaparecido o el lugar en donde desaparece. Este no es el caso. Para empezar, hay un claro sesgo masculino: 70% de los desaparecidos son hombres (ver gráfica 4).

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Entre 2006 y octubre de 2014 desaparecieron 15 mil 989 hombres y seis mil 385 mujeres. Asimismo, el perfil de los hombres y mujeres que desaparecen es distinto. Un hombre desaparecido promedio en México tenía 29 años de edad, contra 21 de una mujer. Dicho de otro modo, tres de cada cuatro mujeres aún desaparecidas tenían menos de 29 años (cuatro mil 788); mientras que tres de cada cuatro hombres tenían entre 15 y 44 años (11 mil 991) (ver gráfica 5).

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México ha perdido, sobre todo, jóvenes. De los 21 mil 646 casos analizados, 18 mil 311 tenían menos de 44 años (85% del total); de éstos, 12 mil 752 tenían menos de 29 años. En México 43% de sus habitantes tienen menos de 29 años, contra 59% de sus desaparecidos. La juventud de los desaparecidos es un punto para empezar a entender la no aleatoriedad del fenómeno. Es un patrón que en el caso de hombres se podría empatar con los sesgos ya observados en homicidios. En el caso de mujeres, puede ser información relevante para los repetidos reportes de víctimas de trata por parte de organizaciones no gubernamentales.

 

Irma Leticia Hidalgo, madre de Roy Rivera: La característica de Nuevo León ha sido que la gran mayoría son varones en edad productiva, entre 19 y 35 años. Nada más nosotros, y registrados como Dios nos dio a entender, tenemos ahorita reportes de 100 casos, 77 varones y 13 mujeres.

La brecha entre hombres y mujeres desaparecidos se ha cerrado con el tiempo, factiblemente por la no depuración de datos más recientes. Mientras que en 2011 desaparecieron mil 930 más hombres que mujeres, en 2014 la diferencia cayó a mil 95. Fenómeno relacionado también con un alza en el número de mujeres desaparecidas con Enrique Peña Nieto, siendo 2014 el año que más concentra mujeres desaparecidas con mi 880 casos. Así, la tasa de hombres desaparecidos decreció -0.9% entre 2013 y 2014; mientras que la de mujeres creció 49% (ver gráfica 6 y 7).

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Como mencionamos antes, no podríamos esperar que estén igualmente depurados los casos de hace seis años que los de hace unos meses. A pesar de ello, sí hay historias en los datos de desaparecidos que dan cuenta de concentraciones no aleatorias. Después de depurar los datos, 16 entidades sumaron más desaparecidos durante los dos años de EPN que durante los seis años de FCH. La diferencia más grande está en Baja California:  198 contra 558, respectivamente.  A Baja California le siguen Puebla, con una diferencia de 249, Guerrero con 218, Veracruz con 194 y Tabasco con 93. A la inversa, destaca Tamaulipas con una caída de mil 956 desaparecidos. Le siguen Nuevo León con 771, Coahuila con 559 y Chihuahua  con 518 (ver mapas).

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La concentración geográfica es obvia, en ambos sexenios y para ambos sexos. En las dos administraciones observamos grupos de municipios contiguos con altas tasas de desapariciones, o bien, bajas o nulas. Esto se refleja en estados que concentran un número desproporcionado de casos. Por ejemplo, bajo el gobierno de Calderón tres de cada 10 desapariciones ocurrieron en Tamaulipas o Guerrero; en cambio, esos mismos dos estados representaron dos de cada 10 en los dos años de Peña Nieto. Esto se explica centralmente por la mayoría de casos de hombres en ambas entidades. Para mujeres, Guerrero desaparece en la acumulación anómala de casos, pero se mantiene Tamaulipas, y se agregan Estado de México y Guanajuato. En esos tres estados ocurrieron en el sexenio pasado cuatro de cada 10 desapariciones de mujeres; mientras que con Peña Nieto ocurrieron tres  de cada 10.

De hecho, de los 10 municipios con la tasa promedio de desapariciones más altas, siete se encuentran en Tamaulipas: Mier (128), Guerrero (93), Jiménez (53), Miguel Alemán (39), Abasolo (38), Matamoros (30) y Valle Hermoso (30). A ellos se agregan, Cucurpe, Sonora (47); Sáric, Sonora (33), y Tuxcacuesco, Jalisco (44). Ahora bien, si vemos sólo mujeres, se repiten los casos de Jiménez, Miguel Alemán, Mier, Abasolo y Guerrero, en Tamaulipas, y se agregan Cerralvo, Nuevo León; Hidalgo, Coahuila; Los Aldabas, Nuevo León; Marín, Nuevo León, y San Pedro Cajones, Oaxaca.

 

Llegados a este punto tenemos algunas intuiciones sobre las razones de la distribución no aleatoria de desapariciones en México. Para empezar, la contigüidad de municipios puede ser un factor clave para entender la ocurrencia de casos en un municipio en un año, así como las desapariciones pasadas (i.e. hay poca volatilidad para bien o para mal). Junto con ello, viendo los mapas, es factible que municipios fronterizos muestren mayores valores. En tercer lugar, al menos en el caso de hombres, es factible que desapariciones ocurran con mayor probabilidad en municipios más violentos y conectados por carreteras menos vigiladas (i.e. estatales libres). Finalmente, en el caso de mujeres, sus desapariciones pueden estar no relacionadas con violencia y crimen organizado, y quizás concentrarse en municipios más desarrollados.

 

Lourdes Valdivia, madre y esposa de dos desaparecidos en Zacatecas: Yo no se por qué razón o por qué motivo lo hicieron, ellos eran obreros que dependían de un sueldo de un patrón. A uno lo dejan con el corazón destrozado, anda muerto en vida. Aquí me dejaron, pero a nosotros nos llevan con ellos. Es un sufrimiento, una agonía lenta.

 

Para poder evaluar estas intuiciones combinamos por municipio los datos de desaparecidos con datos geográficos, socioeconómicos y de infraestructura. Desde ahí corrimos un modelo de regresión (ver nota metodológica al final del texto) para analizar el impacto de variables sobre la tasa de desaparecidos. Dada la concentración por estados, optamos por replicar el modelo con tres muestras: todos los municipios; sin municipios de Tamaulipas y Guerrero; y sólo municipios de Tamaulipas y Guerrero. Del mismo modo, replicamos el análisis por sexo y algunos grupos de edad que identificamos como relevantes. Un total de 24 modelos reportados en la tabla. Este análisis lo hacemos únicamente con datos entre 2006 y 2012 (el sexenio de Felipe Calderón), en los que creemos que la depuración y el tiempo transcurrido nos pueden dar mayores certezas sobre los resultados; además de variabilidad en los factores sociodemográficos. El análisis se replicó para los dos años de Peña Nieto sin encontrar diferencias sustanciales en la mayoría de variables, excepto la tasa de averiguaciones por homicidios, en donde se encuentra un efecto constante, positivo y significativo en el caso de hombres. Esos resultados se pueden consultar en la nota metodológica al final del texto.

Nuestras intuiciones tienen respaldo. Las desapariciones de mujeres son menos volátiles en tiempo que aquellas de hombres; mientras que en el caso de hombres hay más variabilidad en tiempo, pero el contagio geográfico, la ubicación en frontera, el nivel de desarrollo, la presencia de retenes, y el efecto de violencia son más claros y fuertes.

En detalle, la tasa de desaparecidos incrementa en un municipio en un año cuando: ese municipio ya tenía una tasa alta el año previo (efecto más grande en mujeres), e incluso dos años antes; los municipios contiguos geográficamente incrementan su tasa de desapariciones (efecto más grande en hombres); se encuentra en la frontera (efecto más grande en hombres); hay un porcentaje más alto de hogares con computadora (como proxy de desarrollo, y con efecto más grande en hombres); y se trata de un municipio en el que autoridades han incautado un número alto de armas largas (cuando se trata de armas cortas el efecto es negativo; en ambos casos el efecto es más grande en hombres).

Como sospechábamos, hay diferencias claras por sexo. En el caso de hombres se agregan otros factores: el nivel de violencia (medido en homicidios con arma de fuego) afecta positivamente la tasa de desaparecidos (entre 30 y 44 años); así como la presencia de una carretera estatal libre (particularmente para hombres jóvenes). Para mujeres, además de lo descrito, la presencia de una carretera de cuota tiene un efecto negativo y significativo.

Notoriamente, cuando quitamos a Guerrero y Tamaulipas de los datos los homicidios con arma de fuego cobran importancia en hombres, mientras que el efecto de carreteras de cuota crece para mujeres. Finalmente, cuando analizamos sólo a esos dos estados, la presencia de al menos un grupo del crimen organizado tiene un efecto positivo tanto en hombres como mujeres, el decomiso de armas cortas tiene un efecto negativo, y la población total del municipio se relaciona también negativamente.

Vayamos factor por factor. En todos los casos parece haber una constante: el número de desaparecidos en los municipios vecinos aumenta de forma significativa el número de desaparecidos en un municipio. Considerando todos los casos de desaparecidos en nuestra base de datos, por ejemplo, cuando la tasa de desaparecidos en los municipios vecinos aumenta en un punto, la tasa de desaparecidos en un municipio incrementa, en promedio, en 0.55 por cada 100 mil habitantes. En otras palabras, ante un incremento de 100% en la tasa de desaparecidos por cada 100 mil habitantes en municipios vecinos, la tasa de desaparecidos en un municipio aumenta, en promedio, 55% (ver gráfica 8).

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Irma Leticia Hidalgo, madre de Roy Rivera: Algunos de los sujetos que entraron vestían chalecos de policía municipal, así decía, con todas las letras, policía municipal de Escobedo, Nuevo León. Todo esto sucede en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, que a fin de cuentas es un municipio que colinda con Escobedo.

 

Este resultado confirma una de unas principales intuiciones: hay una alta concentración de desapariciones en ciertas zonas del país, formando clusters de municipios con altas tasas. Algo similar a lo que sabíamos que ocurre en el caso de homicidios. Basta decir que durante 2014, 50% de los desaparecidos de México se encuentran concentrados en tan sólo 28 municipios (de dos mil 457), mismos que concentran apenas 20% de la población nacional. Entre ellos se encuentran tres municipios de Baja California (Tijuana, Mexicali y Playas del Rosarito), cinco de Tamaulipas (Reynosa, Nuevo Laredo, Matamoros, Tampico y Victoria) y dos de Guerrero (Iguala y Acapulco).

Otro de los aspectos que el modelo estadístico nos permite observar es la persistencia temporal del fenómeno, medida como el aumento en la tasa de desaparecidos cuando aumenta la tasa de desaparecidos del año anterior. Cuando se consideran únicamente a hombres (o la población en general), la tasa de desaparecidos es más persistente en el tiempo cuando se trata de municipios de Tamaulipas y Guerrero. En cambio, en el caso de mujeres, el fenómeno de desaparecidos persiste cuando se consideran todos los municipios.

 

Irma Leticia Hidalgo, madre de Roy Rivera: Unos días antes, entre 15 y 20 días antes, sí sucedió algo que yo creo que puede estar ligado. Eran días de diciembre y Roy y unos de sus amigos del barrio estaban afuera de mi casa. Entonces, de pronto llega una patrulla de la policía de San Nicolás. Llega a alta velocidad dando vueltas por mi casa y da un frenón ahí con ellos. Llegaron en forma para que te asustes, todos dieron un brinco y se alcanzan a meter a la cochera de nuestra casa. Los dos policías se bajan y les empiezan a gritar y les empiezan a decir que quiénes son, que se salgan (ver gráfica 9).

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A nivel nacional, entre 2006 y 2012, el aumento en una mujer desaparecida por cada 100 mil habitantes en un año, se refleja en un aumento de 0.4 mujeres desaparecidas por cada 100 mil habitantes el siguiente año; en hombres el impacto es de apenas 0.2. Vale observar algunos años. Entre 2006 y 2007 el aumento en mujeres desaparecidas en la base de datos fue de 942%, y entre 2010 y 2011 de 235%. Tan sólo en el municipio de Matamoros, Tamaulipas, el municipio con el mayor número de mujeres desaparecidas entre 2006 y 2014 (287), entre 2009 y 2010 la tasa de desaparecidas pasó de 13 a 29, y los únicos años en los que ha decrecido son 2008 y 2012.

La mayor persistencia, significativa estadísticamente al 99% de confianza, es entre la mujeres menores de 15 años en los estados de Guerrero y Tamaulipas. En ellos, un aumento de una mujer menor de 15 años desaparecida por cada 100 mil habitantes genera un aumento de 0.9 en el mismo grupo femenino el siguiente año. Uno de los ejemplos más claros de ello es Chilpancingo, Guerrero. En 2013, en este municipio, hay registros de una niña de este grupo de edad desaparecida, y en 2014 van cuatro. En el mismo caso se encuentra Victoria, Tamaulipas: entre 2006 y 2010 no desapareció ninguna niña, 2011 vio la primera niña desaparecida, y para 2013 y 2014 el fenómeno aumentó a cuatro y 12 casos, respectivamente.

También encontramos que los homicidios con arma de fuego sólo tienen un efecto en el número de personas desaparecidas cuando excluimos de los datos a municipios de Tamaulipas y Guerrero. Lo cual no es un resultado anómalo debido a que los niveles de violencia en ambos estados son tan altos y tan dispersos por su territorio. Es posible que los homicidios con arma de fuego sean una constante geográfica en la mayoría de sus municipios, mientras que en el resto del territorio nacional sí permiten discriminar entre municipios violentos y sus tasas de desapariciones: los homicidios con arma de fuego están concentrados en pocos municipios que también presentan desapariciones. En específico, un aumento de uno en la tasa de homicidios con arma de fuego lleva a un aumento de 0.01 en la tasa de desaparecidos en un municipio (efecto mucho más pequeño al esperado). Por ejemplo, en General Plutarco Elías Calles, Sonora, mataron a 39 y desaparecieron dos. De manera similar, en Ciudad Juárez en 2010 asesinaron a tres mil 295 personas y desaparecieron 48.

En sentido justamente contrario, cuando analizamos sólo los municipios de Guerrero y Tamaulipas, la presencia de al menos un cártel de narcotraficantes afecta dramática y positivamente la tasa de hombres desaparecidos, especialmente aquellos entre 15 y 29 años. En esos estados la diferencia en la tasa de desaparecidos de esos jóvenes entre municipios con y sin narco es en promedio de 15 puntos. Una diferencia abismal.

Si consideramos infraestructura carretera, encontramos que las carreteras estatales libres tienen un efecto positivo, al 90%, en el número de desaparecidos cuando tomamos en cuenta a todos los estados, y sólo para el caso de hombres. La presencia de una carretera estatal libre en un municipio incrementa en 0.94 la tasa de hombres desaparecidos. Ahora bien, cuando analizamos sólo aquellos entre 15 y 29 años, el efecto crece a 1.46.

Ser fronterizo es, básicamente, sinónimo de tener más desaparecidos. Sólo en cuatro de 38 municipios fronterizos no desapareció ni una sola persona entre 2006 y 2014.  Esos municipios son Jiménez (Coahuila), Acuña (Coahuila), Guadalupe (Chihuahua) y Manuel Benavides (Chihuahua). En el resto desapareció un número significativo de personas, siendo Matamoros el más alto con mil 378 desaparecidos totales, seguido por Nuevo Laredo con 918 y Reynosa con 848. En términos de tasa es Mier, el más alto, con una tasa promedio de 128 desaparecidos por cada 100 mil habitantes, seguido por Guerrero con 92 y Miguel Alemán con 38, todos ellos en Tamaulipas.

El porcentaje de hogares con computadora, una variable que puede medir indirectamente el nivel de urbanidad y desarrollo de un municipio, afecta positiva y significativamente la tasa de desaparecidos en todas las especificaciones del modelo. Esto nos habla de que las personas están desapareciendo en zonas más desarrolladas (dado que además estamos controlando por población). Esta relación la llevan muchos de los municipios de Nuevo León, Distrito Federal y Jalisco. En San Pedro Garza García (Nuevo León) 65% de los hogares tiene una computadora y se reportaron 65 desaparecidos en el periodo. Benito Juárez (Distrito Federal), con el mayor número de hogares con computadora (70%), acumuló 15 desaparecidos. Zapopan (Jalisco), con 55% de hogares, acumuló 328 desaparecidos.

Adicionalmente, también contamos con información sobre el número de armas cortas y largas que se decomisaron entre el 1 de diciembre de 2006 y el 14 de abril de 2012. Sorprendentemente, ambas variables afectan la tasa de desaparecidos de un municipio, pero con signos contrarios. Entre más armas largas decomisadas, mayor es la tasa de desaparecidos, y entre más armas cortas decomisan, menor. Sin embargo, la interpretación de este resultado —sobre todo en armas largas— resulta un tanto difícil: por un lado, puede medir el poder armamentístico de cárteles y grupos armados en el municipio, dado que en ellos se concentra factiblemente su uso. Por el otro, también es una medición de la presencia de Sedena y Marina en cada municipio (i.e. las armas se decomisan en retenes y operativos), presencia que se da justo en aquellos municipios más violentos. El municipio donde más armas largas se decomisaron, tres mil 695, fue Culiacán (Sinaloa), con una tasa promedio de desapariciones de 7.1 por cada 100 mil habitantes. De manera similar, en Matamoros (Tamaulipas) se decomisaron mil 751 armas y su tasa de desaparecidos promedio fue de 30 por cada 100 mil habitantes (ver gráfica 10).

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Al contrario, muchos de los municipios donde más armas cortas decomisaron tuvieron una tasa de desaparecidos de cero. Ejemplos de ello son Turicato, Ario y Tumbiscatío (Michoacán) y Tula (Tamaulipas), todos con un promedio de 500 armas cortas decomisadas. De ahí que la relación entre decomiso de armas cortas afecte negativamente la tasa de desaparecidos sobre el total de observaciones. No sabemos por qué ahí hubo tantas armas cortas decomisadas y, al mismo tiempo, no se decomisaran también una cantidad similar de armas largas.

 

Sí, podemos saber que en México desaparecen más hombres que mujeres; que desaparecen más jóvenes que adultos de mayor edad; que las desapariciones se concentran en enclaves del país. Sí, también podemos concluir que se trata de un fenómeno identificado desde la administración de Calderón, pero que permanece en la administración de Peña Nieto. Sí, podemos identificar el efecto positivo de desapariciones entre años en municipios, el innegable efecto de contigüidades geográficas, el sesgo positivo en la frontera norte, el impacto opuesto de carreteras estatales y de cuota, la diferencia entre municipios con retenes que decomisan armas y aquellos que no. Podemos, asimismo, mencionar el efecto de violencia y presencia del narco en la desaparición de hombres.

Sí, pero ni individual ni colectivamente son una conclusión. Nada cierran. Por el contrario, creemos que estos hallazgos abren preguntas y que éstas deben ser respondidas por gobiernos estatales y el gobierno federal. ¿Qué diagnóstico tienen del problema? ¿Tienen identificadas causas y políticas diferenciadas por sexo y edad? ¿Qué puntos rojos geográficos atienden? ¿Se han acercado a familiares de víctimas? ¿Cómo realizan investigaciones para dar con su paradero? ¿Están investigando?

La desaparición de 43 estudiantes normalistas en Iguala nos trastocó por unir por primera vez a una cifra de desaparecidos: rostros, nombres, historias, culpables, complicidades. Fuimos capaces de ignorar 23 mil 228 desapariciones, no fuimos capaces de ignorar 43 nombres. Nombrar importa, obliga a ver en cada número una persona. Identificar a nuestros desaparecidos y sus historias es una tarea urgente y obligatoria. Son 23 mil 270 ausencias. Cada letra, punto y coma de este texto representa a uno de ellos.  Este texto es un hueco enorme. Nuestra compartida pérdida.

 

José Merino, Jessica Zarkin  y Eduardo Fierro
Politólogos, colaboran en Data4.mx

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Nota metodológica: para acceder a los datos (completos y sin casos con información faltante), la especificación de los modelos y sus resultados, así como la transcripción de las entrevistas hechas, acceder al siguiente link: bit.ly/desaparecidosMX

 

11 comentarios en “Desaparecidos

  1. Felicitaciones por el trabajo, los casos o historia seleccionadas son las más conocidas, en particular ya sabíamos del caso de Zacatecaz y los cazadores entregados a los zetas, obvio sólo quiero destacar que muchos de los lectores en México, de la Nexos, estamos familiarizados con el tema.
    Un dato relevante que sólo insinuan, pero que destaca por lo relevante, es la ausencia de una política de los gobiernos estatales par resolver el problema.
    Otro dato que resalta es que las desapariciones de hombres jóvenes tiene el aroma de la violencia de los narcos, sean policías o civiles.
    Pero lo más escalofriante es la notoria incapacidad del gabinete de seguridad de EPN, en este y otros temas de seguridad, claro son conclusiones implicitas, pero al fin y al cabo estan latentes en el estudio excelente sobre los desaparecidos en México, que nos aporta la revista Nexos..

  2. Usando la misma fuente de información revisé los datos para menores de 18 años según sexo. Es impresionante como la brecha es desfavorable para las adolescentes de 12 a 17 años. Algo está pasando allí que debemos indagar, es urgente

  3. Su trabajo es muy interesante y necesario. Entre las preguntas que surgen, ¿se incluye la desaparición de migrantes en estos datos? supongo que no si nadie denuncia pero tal vez tengan algún indicio del número. Otra cuestión es la desaparición de niñas y mujeres en los estados que señalan y en el Estado de México en particular que no ha ameritado mayor interés del gobierno. Se simula una política contra la trata pero no se ataca el problema en Tlaxcala ni se indagan lo suficiente las desapariciones de niñas. Espero su estudio nos ayude a avanzar en esto,

  4. El apellido correcto de Roy, uno de los casos de personas desaparecidas que en su reportaje presentan, es Rivera. Ojalá puedan corregir en la versión digital o insertar una fe de erratas.

  5. Sugiero que revisen si “Los Aldabas”, Nuevo León en realidad se refieren a: Los Aldamas.
    Excelente e indiapinsable trabajo, gracias.

  6. parece que este es uno de los temas que no preocupan ni ocupan al gobierno, piensan que existen asuntos mas prioritarios para ellos, sin embargo la sociedad se construye bajo premisas muy simples, empleo, educacion, alimento, seguridad, igualdad, legalidad, son las estructuras que soportan el entramado social sin las que nada funciona, pero el edificio que estan construyendo inevitablemente caera, no sin antes salir beneficiados muchos de ellos que es lo que realmente les interesa

  7. Buen trabajo de investigación. Con gran valor agregado, ojalá los autores no dejen cortado aquí el trabajo. Lamentablemente será fenómeno para largo tiempo y requerirá seguimiento. Gracias.

  8. Lo que mas lamento de la desaparicion de los 43 de Ayotzinapa es que se hayan destruido los cuerpos, ya que solo les sirve de pretexto para hacer sus desmanes.

    No es obvio para todos que eso de ‘vivos se fueron, vivos los queremos’ es solo el pretexto perfecto para nunca dejar de lucrar con lo que les paso a sus hijos? que por cierto, no eran gente de bien, que andaban secuestrando y pidiendo cooperacion a fuerza.

  9. Y QUE NOS PASA A LOS TAMAULIPECOS?????..QUE PASO CON LOS SETENTAYTANTOS CUERPOS ENCONTRADOS EN LAS FOSAS DE SAN FERNANDO TAMAULIPAS??…ACA NADIE DICE NADA …COMO SI NO PASARA NADA…LA GENTE ES TEMEROSA …DE UN GOBIERNO QUE SOLO PIENSA EN SUS FINANZAS PERSONALES…QUE TRISTEZA ME DAN LOS TAMAULIPECOS…..YO CREO ES HORA DE LEVANTAR LA VOZ…AQUI LLEVAMOS 13 AÑOS DE INSEGURIDAD…PERO NO PASA NADA SEGUN EL GOBERNADOR…
    FELICIDADES POR EL ARTICULO..ESPERO NOS AYUDE A DESPERTAR

  10. Bien por Eduardo Fierro y colegas, solo con un análisis serio se pueden elaborar estrategias y tácticas realistas para la acción.