Imaginemos un momento a Michael Oakeshott,
el célebre filósofo político inglés, mirando el
Canal de la Mancha desde su cabaña, en el pequeño
pueblo de Acton, en Wessex; contemplemos
a Isaiah Berlin, el famoso liberal y diplomático al
servicio del gobierno de Churchill, mientras redacta
su informe semanal a Londres desde la embajada
británica ante la Casa Blanca; Norberto Bobbio nos
parecerá, tal vez, un abyecto militante del fascismo
después de leer su carta juvenil al {Duce Mussolini},
escrita desde prisión cuando sólo contaba con 26
años. De Carl Schmitt, el jurista del nacionalsocialismo
alemán, es probable que hallemos las claves
de su filotiranía en las respuestas que
ofrece en el interrogatorio al que es
sometido en Nuremberg, tras la caída
del régimen nazi. ¿Qué hubiéramos
podido esperar de la última aparición
en público de Octavio Paz, en la vieja
Casa de Alvarado, sino su obcecada
pasión por el misterio de México?.
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