¿Urbanización trunca?

Estamos acostumbrados a pensar que el proceso de modernización —de civilización incluso— supone la migración del campo a las ciudades, la concentración de la población en asentamientos mayores.

Sin duda este es el caso en México: entre 1950 y 2010 el porcentaje de la población total asentada en comunidades de menos de 2,500 habitantes pasó de más de 60 a 23%.

Sin embargo, conviene reparar en que el número absoluto de personas viviendo en comunidades pequeñas (de menos de 2,500 habitantes) no ha cesado de aumentar en términos absolutos y en que la velocidad del proceso de urbanización se ha reducido marcadamente.

La intensidad del crecimiento demográfico, digamos hasta 1980, explica que a pesar de la migración, la población en localidades de menos de 2,500 personas creciera a una tasa de 1.2% anual en los años setenta. En esa década la población total se expandió al 3.3% anual.

urbanizacion

En los años ochenta, el crecimiento demográfico empieza a declinar: 2% anual en la década, y el crecimiento de la población en localidades de menos de 2,500 habitantes se desacelera aún más: solo alcanza el 0.3% anual, tal vez reflejando ya no sólo la migración a la ciudad sino también el éxodo al norte, donde por cierto también son las ciudades las principales receptoras de población rural de origen mexicano. Hasta aquí todo “normal”.

A partir de los noventa se observa un fenómeno nuevo: el crecimiento de la población total se sigue desacelerando, pero la población en localidades de menos de 2,500 habitantes se acelera: entre 1990 y 2000 la población en estas localidades duplica su tasa de crecimiento de la década anterior y alcanza 0.6% anual mientras que la población total se expande al 1.8% anual. En la década siguiente, la primera del siglo, la población mexicana crece 1.4% cada año mientras que la que habita en comunidades de menos de 2,500 personas crece 0.5%.

El resultado combinado de estas tendencias es que el ritmo al cual el país se urbaniza se reduce drásticamente. Si bien es natural que las primeras etapas del proceso de urbanización avancen más rápidamente, si no por otra cosa porque la base de la que parte es menor, el repunte en las últimas dos décadas del crecimiento de las poblaciones pequeñas mientras que la población total se sigue desacelerando apuntaría a que la “tasa de urbanización” (porcentaje de la población en localidades de más de 2,500 habitantes) se acercaría asintóticamente a un nivel estable muy por arriba del que se observa en países avanzados.

En todo caso, al ritmo observado entre 2000 y 2010, México alcanzaría una tasa de 10% de población rural hacia 2070. El largo proceso de urbanización del siglo XX parece haber perdido fuerza en los últimos 25 años, mucho antes de alcanzar los niveles de otras latitudes.

Seguramente el mediocre crecimiento económico de las últimas décadas y, más recientemente, la desaceleración en Estados Unidos y las restricciones a la inmigración en ese país explican buena parte del fenómeno, y por tanto es razonable pensar que de retomarse algún día el crecimiento, la urbanización recuperaría impulso.

Sin embargo, interesa tomar nota de que en el contexto de fragmentación del poder que caracterizó a la democratización del país de los noventa en adelante, el freno a la urbanización que se aprecia en los censos y que seguramente involucra cancelación de expectativas, podría contribuir a explicar el deterioro del tejido social de los últimos años en especial si tomamos en cuenta que se ha visto acompañado de un segundo fenómeno al que se le ha prestado poca atención.

La diáspora rural

Al hecho de que más de uno de cada cinco mexicanos vive en localidades de menos de 2,500 habitantes debemos sumar otro: el número de esas localidades, villas, pueblos, congregaciones, haciendas y fincas, ejidos, rancherías y ranchos como catalogaban los censos a las localidades pequeñas, no cesó de aumentar hasta la primera década de este siglo. Lo hizo, además, a un ritmo superior al que creció la población en estas localidades de menos de 2,500 habitantes, y en consecuencia los 26 millones de mexicanos que vivían en estas poblaciones en 2010 pertenecían a comunidades más pequeñas que los casi 20 millones de mexicanos no urbanos que vivían en localidades de menos de 2,500 personas en 1970. Las localidades pequeñas tenían, en promedio, 209 habitantes cada una en 1970 y solo 138 en 2010.

Salvo que haya habido cambios metodológicos en los censos –que no he detectado– que hayan llevado sistemáticamente a aumentar el número de localidades censadas, lo anterior implica que no sólo la tendencia a la urbanización se ha desacelerado hasta casi detenerse, sino que un número muy importante, y creciente en términos absolutos, de mexicanos vive en comunidades cada vez más pequeñas (a excepción del período 2000-2010 en que hay un ligero aumento en el tamaño promedio de estas localidades). 

Muchos de estos pueblos o asentamientos, son además, relativamente nuevos. Entre 1970 y 2000 se habrían creado poco más de 100 mil nuevos “pueblos”, casi tres cuartas partes de ellos entre 1980 y 2000, las décadas del estancamiento económico y la fragmentación democrática del poder.  De nuevo, solo entre 2000 y 2010 se registra una ligera reversión de la tendencia.

Pareciera que estamos ante una vertiente de emigración que habría que sumar a la que se produce hacia las ciudades y hacia el norte: una emigración hacia comunidades muy pequeñas y, con frecuencia, nuevas. De los poco más de 112 millones de personas censadas en 2010, 19.7 millones habían nacido en una entidad distinta de aquella en la que residían y fueron censados. Dentro de este grupo de migrantes internos, y como era de esperarse, la gran mayoría se encontraba en ciudades medianas o grandes (más de 14 millones en ciudades de más de 50 mil habitantes), pero sorprendentemente, para mí al menos, casi dos millones de habitantes de localidades de menos de 2,500 personas habían nacido en otra entidad.  Es decir, dos millones de mexicanos se habían trasladado de un estado a otro y se habían asentado en localidades que en promedio tenían 138 habitantes.

Repito la pregunta de mi comunicación anterior: ¿Quiénes son? ¿Por qué se mudaron a lugares pequeños, nuevos, presumiblemente sin servicios? ¿Ocupan nuevas tierras de cultivo? ¿Los  echaron de sus lugares de origen?

Censo de Población y Vivienda

(a)
Población en localidades de menos de 2,500 habitantes

(cifras en miles)

(b)
(a) como porcentaje de la población total

(c)
Número de localidades de menos de 2,500 habitantes reportado por el Censo

(d)
Número de habitantes promedio de las localidades con menos de 2,500 habitantes

1970

19,916

41.3

95,410

209

1980

22,547

33.7

123,169

183

1990

23,290

28.7

154,016

151

2000

24,723

25.4

196,350

126

2010

26,049

23.2

188,596

138

 

José Casar

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Publicado en: Sólo en línea

2 comentarios en “¿Urbanización trunca?

  1. La gente habita donde logra el sustento, si existiera en México una política de descentralización, no tendríamos la deformación del centralismo con «megaciudades» que en el corto plazo serán inviables. Urgen ideas para pensar en la la descentralización del país, no solo en lo político , económico, social y educacional, solo así se podrá lograr una mejor calidad de vida para todos, los grandes centros de población son inviables no tardan en colapsar, la escasa visión de futuro en los dirigentes ha dado como resultado que la inercia del la economía de mercado «resuelva» la problemática social.

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