
Diarios, cartas, memorias
16 de agosto de 1940
Adorada:
Siempre estoy sereno frente al peligro, tú lo sabes. Esta noche también se escuchó el largo estrépito de la artillería, pienso que tampoco en Iguria se habrá podido dormir. Paciencia, la guerra continúa y parece que su ritmo se acelera. Tal vez sea mejor. Estoy tranquilo por ti y por el niño, pero quisiera tenerlos conmigo pronto. Agosto se precipita. Nos veremos, espero, una vez más en el mar, si no se presentan hechos de tal naturaleza que me obliguen a quedarme en la ciudad.
¿Y Ciolli? No he tenido noticias suyas. En este periodo trabajamos de día en la imprenta porque esa zona está muy golpeada… No me fue posible ir a la calle Lecco por la tarde para tratar de ver a la portera y saber algo. Escríbeme, escríbeme. Mañana te platicaré más.
Largos, infinitos besos de
tu,
Salvatore [Quasimodo]
De poesía y películas
Toritos y trivia
En la pantalla televisiva se lee:
915 Studio Película Stark Trek sin límites. Al quedar varados en un planeta hostil tras un ataque en el espacio, Kirk, Spock y el resto de la tripulación deben enfrentarse a una raza alienígena mortal mientras tratan de hallar la manera de salir de ese sitio infernal.
En una escena el Sr. Spock es herido y el Capitán Kirk está preocupado. El Dr. McCoy habla de algún antiguo equipo médico y tiene la esperanza de que servirá. Al oír la palabra “esperanza” el Sr. Spock cita dos versos de un poeta de lengua inglesa. ¿De qué poeta y versos se trata? Busca la respuesta en la pág. 50.
Últimas famosas palabras
[Adam Smith. Economista político escocés, autor de La riqueza de las naciones, muerto en 1790]:
Creo que debemos pasar la reunión a otro lado.
Libro en mano
En la página 10 del prólogo a Los cien poemas del arte del té (Satori, Gijón, 2022; llegado a El Péndulo de CDMX años más tarde) refiere su traductor Ariel Stilerman que un antiguo poema explica en qué se diferencia practicar el arte del té de tomar simplemente una taza de té. “Lo escuché por primera vez sentado en un vagón de tren de la línea Keihan en las afueras de Osaka. Viajaba de vuelta hacia la escuela de Urasenke en el norte de Kioto junto a los otros estudiantes, tras haber presenciado una ceremonia del té en un santuario sintoísta de la zona sur de la ciudad de Osaka. Nuestro maestro había notado nuestro cansancio o impaciencia y para distraernos, o quizá por simple hábito pedagógico, nos propuso que aprendiéramos este poema:
miwataseba
hana mo momiji mo
nakarikeri
ura no tomaya no
aki no ygure
“Cuando hice el gesto de buscar entre los pliegos de mi kimono una servilleta de papel para anotar el poema, el maestro me disuadió con un gesto mínimo y se llevó la mano hacia su sien canosa. Una tras otra fuimos repitiendo las treintaiuna sílabas. Prueben a hacerlo. Recordarlo no lleva más de cinco minutos”. Sea impaciente o no quien lee, Mesa de Noche va a la página 147 donde viene. “Treintaiuna sílabas”: se trata de una “tanka”, forma que consta de cinco versos, el primero y el tercero de cinco sílabas y los otros tres de siete. En español dice:
miwataseba Al mirar a mi alrededor
hana mo momiji mo flores y hojas de otoño
nakarikeri brillan por su ausencia:
ura no tomaya no tan sólo una choza sobre la bahía
aki no ygure en un anochecer de otoño.
Comenta Stilerman: “Este es un poema antiguo compuesto por Fujiwara no Teika (1162-1241) para su amigo el monje budista Saigy. Las flores y hojas de otoño representan la belleza y sofisticación clásicas, mientras que el encanto áspero y solitario de una humilde choza junto al mar, cuya belleza es sólo accesible después de años de observación, se acerca más al ideal wabi. En el contexto del arte del té, la belleza clásica de la preparación de té en un gran salón (shoin) usando utensilios importados de China (como el estante daisu y las tazas tenmoku) contrasta con el uso de objetos cotidianos y de materiales humildes como el bambú o los estilos de cerámica más bien rugosos”.
Ojo revistero
En el TLS (octubre 2, 2025) se lee que ponerle prefijos a los periodos ha sido una constante en las humanidades. Metidos en la cultura del pasado, plantamos nuestra identidad en la manera en que nos relacionamos con él, uniéndonos en tribus temporales: si no neo, somos meta; sino anti, somos de-. Tal vez el prefijo más generalizado del siglo anterior ha sido “pos”. De pos-modernismo a pos-colonialismo, de pos-dramático a pos-industrial, todos estamos, al parecer, siempre después de algo. Incluso nuestras épocas son epílogos: si nuestro presente es pos-verdad, nuestro futuro es pos-humano. Un encabezado reciente proclamaba que somos la “inmunidad pos-rebaño”. Hay que preguntarse si los prefijos nos entrampan en el pasado y dejar el prefijo en sustantivo, y usarlo nada más para los post-its.
Antes de dormir
Para los que al dormir por la noche sueñan existe una clase especial de felicidad que el mundo del día no contiene, un éxtasis plácido y una calma del corazón que son como miel para la lengua. Los que sueñan saben además que la gloria de los sueños es de libertad ilimitada. No es la libertad del dictador, que refuerza su voluntad en el mundo, sino la libertad del artista, que no tiene voluntad, que está libre de voluntad. El placer del soñador verdadero no yace en la sustancia de los sueños sino en esto: que allí las cosas suceden sin que él interfiera, totalmente al margen de su control. Grandes paisajes se crean solos, largas vistas espléndidas, colores ricos y delicados, caminos y casas que nunca ha visto, de los que nunca ha oído nada. Aparecen extraños que son amigos o enemigos, aunque la persona que sueña nunca les ha hecho nada. En los sueños las ideas de huida y persecución son recurrentes e igual de cautivantes. Todo el mundo dice cosas formidables y con ingenio. Es cierto que recordadas durante el día se empañan y pierden sentido, porque pertenecen a otro plano; pero, no bien el que sueña en la noche vuelve a acostarse la corriente se cierra y él recuerda la excelencia. Todo el tiempo lo rodea esa sensación de inmensa libertad, embebiéndolo como aire y luz, como una dicha no terrena. Es una persona privilegiada, que no tiene nada que hacer pero para cuyo enriquecimiento y gusto son reunidas todas las cosas; los reyes de Tarshish le traen regalos. Participa en una gran batalla o un baile y se maravilla de estar allí, en medio de semejantes eventos, y con el privilegio de estar acostado. Es cuando uno va perdiendo conciencia de libertad, cuando la idea de lo necesario penetra el mundo, cuando en alguna parte hay prisa y presión, una carta que escribir o un tren que alcanzar, cuando uno debe darse al trabajo, hacer que los caballos del sueño galopen o los rifles disparen; entonces el sueño empieza a decaer y se vuelve pesadilla, la cual pertenece a la clase de sueños más pobre y vulgar.
~Isak Dinesen
La fotofona
Sobre la mesa de noche el teléfono celular iluminó su pantallita y se envió a sí mismo una fotofona, una foto al vuelo y de vida cotidiana. Ya traía título: “Clave —perdón—: Cable de Sol”.

Respuesta a la trivia
Los versos que dice el Sr. Spock son de Medida por medida (III, i, 2-3) de William Shakespeare, donde el personaje Claudio sentenciado a muerte dice: “El desgraciado no tiene otra medicina/ que la esperanza”.