Cuando la medicina se escruta y critica desde la filosofía, el resultado es óptimo: ambas crecen. Eutanasia, aborto, embriones a la carta, trasplantes de órganos para ricos y pobres, envejecimiento, entre otros, son situaciones que deben abordarse a partir de ambas disciplinas. Los encuentros son múltiples: la filosofía examina y afina; la medicina actúa y provee. Un ejemplo: la ciencia tiene la capacidad de generar embriones cuyo leitmotiv sea concebir un hijo con el propósito de utilizar su medula ósea para un hermano mayor víctima de enfermedades graves, dolorosas y mortales, como lo son las leucemias. Si el trasplante fue exitoso, el hermano, gracias a los avances médicos, se curará y el donador no sufrirá ningún daño. El embrollo ético (filosófico) son los embriones no utilizados: ¿qué hacer con ellos? ¿Destruirlos, congelarlos, venderlos? No respondo. Invito al lector a responderse.

Sumar opiniones, filosóficas y médicas —de ser posible ni maniqueas ni fanáticas—, es necesario. Eso hicieron en 1983 Neil McIntyre (médico) y Karl Popper (filósofo). Su idea es sencilla y veraz: “Al igual que en otras cuestiones, en medicina se cometen errores”. Su tesis es convincente: aprender de los yerros propios es provechoso; aprender de los errores de colegas es fundamental.
Iatrogenia y negligencia son términos usados con frecuencia en el ámbito médico. El primero se refiere a daños provocados, no deseados, como efecto del ejercicio profesional; efectos nocivos de fármacos o acciones quirúrgicas pueden perjudicar a pesar de haberse ejecutado correctamente. Negligencia es la lesión que se produce a un paciente debido a la ignorancia o desconocimiento de la lex artis (modo de ejercer el oficio).
Si bien la iatrogenia es con frecuencia inevitable (i. e.: prescribir cortisona en enfermos con problemas inmunológicos es frecuente y necesario a pesar de sus complicaciones —diabetes mellitus, sobrepeso y osteoporosis, entre otras—), la negligencia siempre debe evitarse. Regreso a McIntyre y a Popper: aprender de los colegas es fundamental; hacerlo facilita explicarles a los enfermos las bondades de los fármacos y de ciertas maniobras a pesar de la posibilidad de daños subyacentes. Sumar conocimientos médicos con las fórmulas de la lex artis abate las negligencias. La lex artis, importa subrayarlo, se contrapone a la mala praxis;tanto una como otra, así como la iatrogenia, son escuela: aprender de los errores es básico. El ejercicio sano de la profesión se fortalece si se realiza bajo guías éticas.
La suma de filosofía y medicina deviene actitudes éticas cuyo resultado puede resumirse brevemente en una pregunta: ¿qué acciones son éticas y cuáles no lo son frente a un enfermo de 70 años que se rehúsa a que se le ampute una extremidad a pesar de encontrarse gangrenada, lo cual, de no hacerse, pone en riesgo su vida? Tanto la praxismédica como el consejo familiar optarían por la amputación. La ética médica, tras estudiar el caso, quizás se decantaría por defender la autonomía y permitirle al enfermo mantener su dignidad, la cual, según su punto de vista, se mancillaría si se le amputase su extremidad. Escenario interesante y complejo. No hay una respuesta. Hay varias. Abordar casos límite es interesante: ¿es correcto practicar la eutanasia en el caso X?; ¿es correcto, desde el punto de vista ético, comprar córneas a gente pobre, al tratarse de un procedimiento que producirá ceguera en el ojo, pero con lo cual su familia podrá sobrevivir “un tiempo”, esto es: comer? De nuevo: mezclar conceptos filosóficos y médicos deviene en acciones correctas.
Compartir errores fortalece. No se trata de castigar o señalar. Hacerlo contribuye a fortalecer el ethos, esto es: nuestra manera de comportarnos éticamente. Cavilo mientras concluyo: en todos los ámbitos debería existir una “escuela del error”.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Buena disyuntiva mi estimado Amigo!
Filosofía, Medicina?
Ética y Moral?
Práctica y Praxis
Iatrogenia y Negligencia
Años de estudio y de ver pacientes.. mejor dicho personas seres de carne y hueso y con alma.
De verdad la medicina como un remedio a las enfermedades y los médicos los medios para calmar y curar entre comillas esos sufrimientos de día a día de todos los que lo necesitan.
Diré cómo un maestro ningún médico realiza una atención con el fin de dañar a su paciente. !..
Sigo pensando eso, pero tanta falta de Valores y sobretodo el principio de ser médico. Cuántos estudiantes de pregrado o de especialidad conocen a Hipócrates cuántos?
Uno de mis alumnos de la maestría me comentó Dr esto está fuera de contexto! Horror, además de el exceso de materialismo, mercadotecnia y dinero ha logrado tener en una medicina de clases.
Mejor me quedo con la idea de la medicina es la máxima de que no hay Enfermedades sino Enfermos.
Saludos cordiales!
Lenin, como siempre, gracias por tu interés. Buena parte de los problemas médicos contemporáneos se remiten a la casi ausencia del fundamento primordial de la medicina, la relación médico paciente, pilar de la clínica, bastión de la medicina noble, leal, amable. Con el advenimiento de la inteligencia artificial ya la dañada relación acabará desplomándose.
Nada que hacer.
Poco tiempo dedican las facultades de medicina estudiar y enseñar los significados y necesidades de la relación médico-paciente.
Saludos cordiales,
Arnoldo
PS Lenin: me permito -perdón. comentarte que recién publiqué un cuento en la editorial Sexto Piso con ilustraiones de Alejandro Magallanes para explicarles a los niños (un intento) el significado de la muerte
Gracias Amigo Arnoldo Kraus..
Lo voy a adquirir y revisar con mucho interés.!
Y agradezco mucho estás citas y conversaciones!
Saludos cordiales!