Lo que sigue es una historia oral del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —sus antecedentes, orígenes, dificultades, tragedias, comedias, enigmas y consecuencias— en palabras de algunos de sus principales arquitectos y opositores mexicanos. Consiste en una selección de fragmentos de la transcripción de cerca de treinta horas de entrevistas. Hemos editado cada cita para hacerla más concisa y más clara, pero sin alterar su sentido. No siguen el orden en el que fueron pronunciadas por los interlocutores, sino una lógica parecida al montaje cinematográfico.
Dramatis personae
1. Pedro Aspe Armella: secretario de Hacienda y Crédito Público (1988-1994)
2. Herminio Blanco Mendoza: negociador en jefe del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1990-1993)
3. Morelos Canseco Gómez: legislador priista y oficial mayor del Senado de la República (1988-1994)
4. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano: senador de la República (1988-1994) y fundador del Partido de la Revolución Democrática
5. José Carreño Carlón: director general de Comunicación Social de la Presidencia y vocero del Gobierno Federal (1992-1994)
6. Jorge Castañeda Gutman: secretario de Relaciones Exteriores (2000-2003)
7. Claudio X. González Laporte: empresario, presidente del Consejo Mexicano de Negocios y asesor económico del presidente Salinas
8. Gustavo Gordillo de Anda: subsecretario de Organización y Desarrollo Agrario en la Secretaría de la Reforma Agraria (1988-1994)
9. Otto Granados Roldán: director general de Comunicación Social de la Presidencia y vocero del Gobierno Federal (1988-1992)
10. Carlos Salinas de Gortari: presidente de la República (1988-1994)
11. Jaime Serra Puche: secretario de Comercio y Fomento Industrial (1988-1994)
12. Luis Téllez Kuenzler: subsecretario de Planeación en la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (1990-1994)
Prólogo: ¿De dónde América del Norte?
Pedro Aspe
[…] y entonces Miguel de la Madrid dijo:
—Jijo, esto está fuerte.
Claudio X. González
No se puede entender el tratado sin conceptualizar lo que antecedió al tratado. México, a principios de los años ochenta, quebró. Y quebró dramáticamente, hasta el grado de que un secretario de Hacienda, muy simpático, Jesús Silva-Herzog Flores, decía que las únicas reservas que había en el Banco de México eran las de vino.
Pedro Aspe
Le debíamos lana a todo el mundo. Estados Unidos andaba enojado con nosotros; no podía darnos 12 000 millones de dólares. En Washington el secretario del Tesoro, Nicholas Brady, me dijo:
—¿Qué tan grande maleta traes?
—Detesto las maletas. Traigo nada más un cambio de ropa.
—Pues vas a tener que lavar seguido. Porque te vas a Japón.
Y volamos de Nueva York a Japón. El embajador Mario Moya me dijo:
—Mira, aquí en Japón el Partido Liberal Democrático es igualito al PRI.
—¡Madre santa! —dije yo.
—Tienes que ver a tales y tales y tales líderes del partido.
Luego decidieron que el más importante era Takeshita.1 Vivía en una isla a la que llegábamos en 36 horas; en un lugar modesto en medio de la selva. Ahí tenía un traductor. Nos sentamos en el piso, hincados en tatamis. Y entonces él dijo una cosa extraordinaria:
—El único país que nos ayudó a fines del siglo XIX cuando Estados Unidos nos bloqueó fue México. Así que quiero brindar por el gran presidente Porfirio Díaz, quien fue el único que tuvo el valor de ayudarnos. Regresen a Tokio. Les van a dar el dinero.
José Carreño
La caída del Muro de Berlín impulsa una regionalización de la economía mundial, con bloques muy poderosos. Por un lado, los famosos Tigres del Pacífico, por otro lado, Europa y, desde luego, Estados Unidos. Y dentro de este reordenamiento mundial, creo que hubo una sensibilidad muy viva de parte de los líderes mexicanos, al tratar de que no se le fuera el tren al país.
Pedro Aspe
A Miguel de la Madrid se le va la inflación. Se desploman los precios del petróleo. El 86 % de las exportaciones eran petroleras. ¡Era una locura! Y entonces dijo De la Madrid:
—Tenemos que diversificar la economía mexicana. No puede depender nada más del petróleo.
Herminio Blanco
Porque antes el aguacate no se podía exportar más que en la frontera: hecho guacamole. Los productores de California no querían competir con los mexicanos. Entonces se inventaron un gusanito que los aguacates mexicanos supuestamente tenían y que si entraba a Estados Unidos, iba a matar toda su producción.
Pedro Aspe
Por eso De la Madrid entró al GATT.2
Morelos Canseco
Era la disyuntiva entre seguir una ruta tradicional o plantear la modernización de la economía de México. En el modelo en el que estábamos mucha gente se sentía cómoda. Eso era lo que a mi juicio generaba escepticismo.
Carlos Salinas
Somos un país producto de muchas mezclas, ¿verdad? Cuando Cortés y Moctezuma se encuentran en la calzada, Cortés relata que Moctezuma le dijo:
—Eres bienvenido, porque en esta tierra todos somos extranjeros.
¿Por qué relato esto? Porque tiene que ver también con la decisión de la apertura que tomamos. Cuando dimos el paso para negociar hubo voces con válida preocupación que dijeron:
—Oigan esto es vincularnos mucho con lo de fuera.
Pero de fuera veníamos. Lo grandioso de los mexicanos es que logramos asimilar las corrientes originarias de nuestro país: las que llevan los españoles, pero también las corrientes judías, árabes, africanas, los que llegaron contra su voluntad, traídos como esclavos. Eso fue lo que me dio una gran confianza para dar un paso de esa envergadura.
Pedro Aspe
De la Madrid dijo:
—A mí me tocó hacer el cambio. Ni modo.
José Carreño
Salinas tenía una frase muy lampedusiana: Hay que cambiar para permanecer.
Pedro Aspe
Y después Salinas dijo:
—Pues hay que hacer un tratado de libre comercio.

Acto I: Una educación norteamericana
Jaime Serra
Yo me fui a estudiar a Estados Unidos becado por Conacyt y El Colegio de México. Cuando acabé mi doctorado en Economía, uno de los profesores mexicanos que me había recomendado para irme a estudiar a Yale, Manuel Gollás, me pidió que me trajera una televisión Sony que en México, como la economía estaba cerrada, no la conseguías. Era tan cara que me dio miedo que se pudiera romper, así que no la desempaqué. Y al llegar a México no salió de aduana. Entonces llego al Colegio en mi primer día como profesor júnior y Gollás me dijo:
—¿Y mi tele?
—Ya está en México, pero no la puedo sacar de aduanas.
Gollás hizo una cita con la coordinadora de asesores del entonces secretario de Hacienda, David Ibarra. Y Gollás me dijo:
—Llévate una copia de tu tesis para que vean que sí estuviste chambeando allá.
A la semana siguiente recibí una llamada del secretario. Me dijo:
—Me gustó mucho su tesis. Lo invito a desayunar.
Fui a verlo, temblando de miedo. Y me dijo:
—Véngase a trabajar conmigo.
—No puedo. Estoy pagando mi beca.
—Espéreme.
Y le marcó al presidente del Colegio de México, don Víctor Urquidi:
—¿Tiene usted alguna objeción a que venga los martes y los jueves por la tarde Jaime Serra?
Y supongo que Urquidi contestó:
—Ninguna, señor secretario.
Así empecé. Yo no tenía intención de meterme al sector público.
Gustavo Gordillo
¿Cómo llego al gobierno? Porque Salinas y yo estudiamos juntos en la Escuela de Economía. En el mismo grupo estaban Manuel Camacho Solís, Emilio Lozoya Thalmann y varios más que estuvieron después en el gobierno. Luego viene el 68 y, a diferencia de Salinas, Camacho y Lozoya, Andrés Araujo y yo nos metimos al movimiento estudiantil. Y entonces los otros amigos dijeron:
—Nuestra carrera está por el lado del PRI y del gobierno. La de ustedes, ¿quién sabe por dónde?
—Por la revolución. ¿Por dónde más?
Pasaron los años y Salinas y yo nos estuvimos carteando. Cuando él llegó a Los Pinos y me invitó a su gobierno le dije:
—No tengo certidumbre de qué vas a hacer tú en la Presidencia. ¿Por qué habría de irme a trabajar contigo?
—Porque tú vas a hacer la política del campo.
Carlos Salinas
Fuimos un producto de la realidad mexicana. Yo me formé en la Escuela de Economía de la UNAM, que siempre se había caracterizado por tener una planta de profesores con una visión muy plural. Había maestros que habían sido parte del Partido Comunista, otros que habían participado en el PRI, otros que eran simpatizantes del PAN. Esa pluralidad nos dio una formación con sentido social. Yo busqué complementarla en la Universidad de Harvard, donde cursé el Doctorado en Economía, Política y Gobierno, que terminé en 1978. Allí tuve un profesor que fue fundamental, una especie de mentor: John Womack jr., el autor de la famosa biografía de Emiliano Zapata, quien me dio las herramientas para poder ver más lejos a través de un método de análisis histórico que permitía entender mejor la realidad.
Gustavo Gordillo
Siempre dijeron que los Salinas eran maoístas. El fondo del asunto es muy simple: había un profesor que vino de Francia en el 68, Adolfo Uribe, que simpatizaba con el maoísmo y nos dio clases a todos, incluyendo a los Salinas. Pero el vínculo no era el maoísmo, el vínculo era la participación de la gente y la autonomía. La diferencia de Salinas con el resto de los neoliberales en su gobierno es que él sí creía en la participación de los entes sociales.
Acto II: El misterio de la autoría (y los primeros pasos)
Jaime Serra
Sucedió en una visita a Davos. Dijimos:
—Aquí nadie pela a México, todo el mundo está pensando en Alemania y Europa del Este.
Ahí estaba mi contraparte, la negociadora americana Carla Hills. Le dije:
—Oye, vamos a negociar un tratado de libre comercio.
—Ay, tengo que hablar con mi presidente.
—Pues habla con él. Yo ya hablé con el mío.
Jorge Castañeda
La primera vez que escuché hablar de la posibilidad de un tratado de libre comercio con Estados Unidos fue en 1976. Un candidato demócrata a la Presidencia, el gobernador de California Jerry Brown, lo plantea como una idea que le gustaría promover. Y Reagan, en su campaña del 80, dice lo mismo. Ése era el panorama cuando se encontraron Bush y Salinas en 1988, en la reunión conocida como Espíritu de Houston. La leyenda urbana es que la idea del TLC surgió en la reunión de Davos de enero del 89. Pero la idea no fue de Salinas sino de Bush. Al menos según esta versión. Cada quien escoge la que quiera.
Carlos Salinas
Bush sénior y yo nos reunimos como presidentes electos en Houston. Él me dijo:
—Acabamos de firmar un Tratado de Libre Comercio con Canadá. Nos gustaría mucho iniciar una negociación para tener uno con México.
Y yo le dije:
—Qué pena que no va a poder ser.
—¿Por qué?
—Porque el problema que tenemos ahorita es la deuda. Tengo que negociar con los bancos comerciales del mundo para reducirla. Y ahí voy a necesitar la ayuda del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal. Si inicio simultáneamente otra negociación para involucrarnos en un tratado libre de comercio, ustedes me van a cambiar reducciones de deuda por apertura de mi mercado, pero no me van a dar la apertura de su mercado, como correspondería a una negociación sobre ese tema.
Todo el 89 nos dedicamos a la reducción de la deuda. Armamos con el secretario del Tesoro, Nicholas Brady, lo que se conoció como el Plan Brady, que fue la primera reducción de deuda en la historia moderna de México y de los países emergentes. Después de eso visité el Foro de Davos, que acababa de iniciarse, y pensé que íbamos a ser el país más atractivo. Pero la realidad y la historia jugaron diferente. Me di cuenta de que quitar el peso de la deuda era una condición necesaria, pero no suficiente, para recuperar el crecimiento económico. Fue entonces que busqué a Jaime Serra y le dije:
—Te vas a buscar ahorita a Carla Hills, la jefa de negociación comercial de Estados Unidos. Dile que queremos negociar un Tratado de Libre Comercio.
Claudio X. González
Entonces llevamos al presidente Salinas al foro de Davos. Teníamos dificultad para conseguirle citas porque todos los inversionistas andaban hablando con los polacos, los checos, los húngaros. Y, por el otro lado, con los emisarios de Deng Xiaoping. El presidente Salinas se dio cuenta y dijo:
—Híjole, esto va a estar cañón.
¿Qué era lo lógico? América del Norte. Que le presentáramos al mundo no nomás a México, sino un mercado común.
Entonces se nos ocurre el tratado.
Y le pide el presidente a Jaime Serra, entonces secretario de Industria y Comercio, que buscara a Carla Hills y le dijera:
—¿Qué pensaría tu gobierno si nuestro gobierno empezara a ver la posibilidad de un tratado de libre comercio?
Otto Granados
La primera información que tuve de que se estaba hablando de la posibilidad de suscribir un acuerdo comercial entre México y Estados Unidos fue poco antes de que iniciara la administración, porque hubo una reunión en Houston antes de que Salinas y George H. W. Bush entraran a sus respectivos cargos. En esas conversaciones me parece que fue Bush quien mencionó la posibilidad de un marco comercial más abierto. Una segunda ocurrió un poco después, a principios de 1990, cuando acompañamos al presidente Salinas a Davos. Su percepción no fue la más optimista. Como que él sintió que la competencia por ingresar a los nuevos bloques comerciales con los países que habían cobrado mayor autonomía después de la caída del Muro de Berlín iba a ser sumamente peleada. Ése fue el momento cuando Salinas, quien en un principio fue renuente a la idea de Bush, empieza a pensar que un acuerdo con Estados Unidos era una opción. La tercera y última fue en marzo de 1990, cuando The Wall Street Journal publicó en primera plana que altos funcionarios mexicanos y del gobierno de Estados Unidos habían empezado a sostener conversaciones —no secretas pero sí discretas— al respecto.
Cuauhtémoc Cárdenas
A principios de los noventa estábamos todavía al inicio de un gobierno que estaba cuestionado en cuanto a su legitimidad. Fue justamente en esos años cuando se empezó a hablar de que se estaba buscando el acuerdo.
Otto Granados
Estamos hablando de los años de la desintegración de la Unión Soviética. Siempre fue un latiguillo la crítica que preguntaba si México estaba haciendo su glásnost o su perestroika. Los opositores decían que México requería de las dos cosas: la reforma política y la económica. El planteamiento del gobierno era que primero había que hacer la reforma económica y luego la reforma política. Por supuesto, aquí hay un elemento de conservación del poder. Eso se confirmó en 1991, cuando Salinas visitó a Gorbachov en Moscú. Una noche en el Kremlin hubo una cena oficial, y luego Salinas le dijo al embajador Carlos Tello que se tomaran un café para conversar. En esa conversación Tello les hizo a Salinas y al equipo —yo estaba ahí— un análisis cuya conclusión era que el proyecto soviético ya no iba para ningún lado. Parecía que el error estaba en que Gorbachov empezó por la reforma política y no por la reforma económica. Y cuarenta y cinco días después de esa conversación en Moscú fue el intento de golpe de Estado.3
Claudio X. González
Lo primero que se hizo fue un diagrama de tiempos y de cosas que se tenían que hacer, porque teníamos que tratar no sólo con el Ejecutivo, sino también con el Legislativo. Y había fuerzas en el Legislativo difíciles de superar, empezando por los sindicatos.
Morelos Canseco
Había que adecuar las leyes para armonizarlas con una eventual integración de las economías. ¿Cómo inició la tarea del Senado? En diálogo con el presidente de la República y a raíz de la presión, en el ámbito de la relación bilateral, de que hubiera un interés por suscribir un tratado de esta naturaleza.
Herminio Blanco
La primera gran labor fue formar un equipo. No había nadie que supiera de este tipo de tratados. Entonces era cuestión de contratar chavas y chavos a los que tú les preguntabas:
—¿Qué estudiaste? ¿Qué sabes?
El criterio, sobre todo, era que tuvieran aplomo. Que se les vieran ganas y fuerza. Entonces formamos un equipo de unas 150 gentes que tenían doctorados y maestrías, pero también muchos sólo con licenciatura.
Pedro Aspe
Fue un cambio enorme. ¿Por qué? Porque, si tú haces un tratado en el cual tú te comprometes a no meter aranceles, the rule of law is the rule of law. Si haces trampa, te van a dar de palos y te va a costar carísimo. Así que teníamos que ser muy cuidadosos de qué negociábamos.
Jorge Castañeda
Mucha gente pensó sinceramente que éste era un acuerdo comercial que les daría garantías a los exportadores mexicanos y a los exportadores americanos —o japoneses o europeos— que venían a México buscando un acceso al mercado de Estados Unidos basado en reglas, no en caprichos. Ése era un factor, sí, pero uno menor, porque a partir de la entrada al GATT en el 85 y de la apertura unilateral en el 87, México ya había abierto la economía, y Estados Unidos ya tenía aranceles muy bajos. Había problemitas con los jitomates con la gente de Florida, de vez en cuando el azúcar o el atún. Pero en términos generales, la verdad es que el TLCAN nunca fue un acuerdo principalmente de comercio, sino un acuerdo de inversión. Una especie de préstamo en el que les decíamos a los gringos:
—Préstanos tu Estado de derecho, porque nosotros aquí no tenemos tal cosa, y no la vamos a tener. Pero a los gringos, a los japoneses, a los europeos, a todos esos güeyes sí podemos darles un Estado de derecho: el de ustedes.

Acto III: La leal oposición
Otto Granados
Hubo un grupo de políticos, de académicos, de analistas que desde un principio marcaron su raya. Lo curioso es que no se oponían propiamente al tratado. En mi opinión vieron un pretexto para hacer política de oposición. Y entonces empezaron a tratar de influir para incluir en las negociaciones temas que estaban desde un principio colocados como no negociables: petróleo, medioambiente, relaciones laborales, derechos humanos y democracia.
Cuauhtémoc Cárdenas
En esos años los grupos que podemos llamar de izquierda —en particular, el Partido de la Revolución Democrática, que tenía muy poco tiempo de haberse constituido— planteábamos que había que utilizar el tiempo de la negociación para modernizar la economía, porque veíamos las diferencias que había entre la economía mexicana y las de Estados Unidos y Canadá. Se planteaba que, en vez de un acuerdo exclusivamente de libre comercio, se pensara en un acuerdo continental de desarrollo que involucrara a toda Latinoamérica y el Caribe, y no sólo a los tres de América del Norte. Se hablaba en esa época de la incorporación de España, Portugal y Grecia a la Unión Europea y se planteaba que habría fondos de inversión de los países más desarrollados para poner en condiciones de competencia realmente a los otros países. Pensábamos que un acuerdo de desarrollo podría reducir las asimetrías entre los dos países más desarrollados y México.
Pedro Aspe
Nunca fue un plan de desarrollo. Era parte de un plan de desarrollo que tenían que ir haciendo los distintos gobiernos.
Carlos Salinas
Había corrientes importantes de opinión que, por razones válidas, decían que era riesgoso abrirnos al comercio libre por la fuerza de la economía estadunidense. Otros —por ejemplo: el ingeniero Cárdenas— se opusieron por razones políticas. Yo respetaba su derecho de opinión y sólo esperaba que el tiempo los convenciera de que estaban equivocados. A lo mejor un día lo iban a necesitar o hasta defender. No teníamos que armar una campaña de publicidad porque la mejor publicidad era lo que estábamos haciendo. Recuerdo una gira en Guerrero, en Ciudad Altamirano. Iba caminando por la calle y la gente salía de sus casas. Dos jovencitas estaban sentadas viéndome pasar y una de ellas gritó:
—¡Adelante con el libre comercio!
Pensé: si aquí en Ciudad Altamirano hay ese ánimo por el libre comercio, algo estamos haciendo bien. La gente escuchaba a sus parientes viviendo en Estados Unidos que les decían:
—Oye, ¿qué está pasando en México? Aquí en Estados Unidos estamos leyendo que los mexicanos quieren ser parte de este mercado. Se oye mucho de México y lo que se oye suena bien.
Para la mayoría de mexicanos que compartían esta visión y que estaban involucrados con ella se volvió un motivo de orgullo. No fabricado ni promovido por medios de comunicación, reforzado sí, pero no en su origen.
Otto Granados
El gobierno del presidente Salinas necesitaba una muy buena estrategia de comunicación a nivel nacional y a nivel internacional, entre otras razones porque veníamos de las controvertidas elecciones de 1988. Entonces había que hacer un esfuerzo de legitimación dentro y fuera.
José Carreño
La oposición ciertamente era ruidosa, pero fue perdiendo fuerza. En los estudios de opinión que se hicieron desde los primeros días preguntándole a la gente qué opinaba de una integración comercial con Estados Unidos, la aceptación era de 30 % contra el 70 % de rechazo. Ese 70 % eran en su mayoría miembros de las generaciones a quienes desde niños nos dijeron que Estados Unidos era el diablo. Lo que hizo este gobierno fue propiciar un cambio en las percepciones mexicanas de Estados Unidos, sin ignorar el pasado. El discurso mexicano cambió de la victimización —somos los pobres, los débiles— a ir con cierta altivez a la negociación y decir:
—Tenemos cultura. Tenemos productores eficientes. Tenemos trabajadores cualificados.
Todo esto hasta el grado de que uno de los eslóganes que se abrió paso en Estados Unidos con mucho éxito fue: We want trade, not aid.
Carlos Salinas
Por nuestra experiencia histórica —haber sido invadidos tres veces por los Estados Unidos, quienes cercenaron la mitad de nuestro territorio, y por haberlo padecido como el nuevo imperio en el siglo XX— muchos invocaban a Estados Unidos como la razón por la cual no progresábamos, como lo que nos estaba estorbando el crecimiento. Pero ahora no era motivo de problemas sino parte de la solución, en parte porque obligamos a Estados Unidos a relacionarse con nosotros a partir de reglas, no de decisiones discrecionales.
Jorge Castañeda
¿A mí qué es lo que me molesta de entrada del TLC? Tres cosas. Primero, me parecía muy mal que Estados Unidos le diera un espaldarazo a un régimen autoritario. Segundo, que se hubiera excluido el tema migratorio a cambio de que los gringos no insistieran en la apertura del sector energía. Me parecía que la exclusión de la migración —que era y es el tema más importante en la relación bilateral, y que iba a irse para arriba necesariamente— era desaprovechar un momento para atender la cuestión migratoria. Mi tercera crítica tuvo que ver con el hecho de que el TLCAN no iba a ser un acuerdo más ambicioso, más parecido a la Unión Europea, sobre todo en dos aspectos: uno, la construcción de instituciones supranacionales permanentes; y dos, la inexistencia de una transferencia de recursos de los países ricos al país pobre para que se diera la famosa convergencia.
Otto Granados
La verdad es que sí le dedicamos mucho más tiempo a los medios en Estados Unidos, porque los opositores al tratado ya no jugaron en los medios mexicanos. Sabían que los teníamos más o menos bien, digamos, alineados. En ese sentido lo hacían bien. No todos, pero sí algunos, como Jorge Castañeda, Adolfo Aguilar Zínser y Carlos Heredia. Fueron adversarios de muy buena calidad.
Jorge Castañeda
Entonces ya se arma, digamos, un pequeño escándalo en México, hasta el grado de que mi amigo Otto Granados pide que me saquen de la radio durante un par de años. Pero bueno.
José Carreño
También había posiciones diferentes dentro del propio gobierno de México. Había actitudes adversas a la negociación, pero por razones de competencia interna por la nominación presidencial. Manuel Camacho y su equipo en el gobierno de la ciudad de México eran muy críticos, pero era muy fácil leer que era una competencia entre personajes que estaban jugando por posiciones en el gobierno.
Morelos Canseco
Había diferencia de ideas. Surgía algo de la veta tradicional: algunos legisladores de oposición, como Porfirio Muñoz Ledo, temían que la modernización iba a dejar al escalón menos favorecido en un rezago irremontable. Pero yo creo que hubo una evolución a lo largo del tiempo. Nunca voy a decir que apoyaron el tratado, pero sí empieza a tener una valoración más equilibrada. Pero en aquel primer momento, el rechazo de los cuatro senadores que en ese entonces tenía el PRD era irreconciliable con el régimen.
Claudio X. González
Una vez que el gobierno tomó la decisión de ir para adelante, mucha gente se disciplinó. Sí traían el rencor interno del nacionalismo revolucionario y esto y lo otro, pero se lo aguantaban, como era el estilo de la época. Acuérdense quién era nuestro líder sindical en aquel entonces: don Fidel Velázquez. Él compró el tratado desde el day one. Y eso allanó el camino. Cuando el presidente Salinas me dijo:
—Óyeme, quiero que seas mi asesor de inversión extranjera.
Yo fui a ver a don Fidel y le dije:
—El presidente me está ofreciendo el encargo de traer inversión, pero no quiero entrarle si usted se me va a oponer
—Claudio, tú tráela. Yo me encargo.
Fue de las reuniones más cortas que tuve con él.
Acto IV: El maíz (y el jarabe de maíz)
Carlos Salinas
Pero bueno, las preocupaciones de ciertos sectores empresariales y productivos eran comprensibles. Buscamos atender estas preocupaciones involucrando a quienes las tenían en el proceso de negociación. Eso fue una innovación, a partir del diseño que hizo el equipo negociador bajo la dirección de Jaime Serra: el llamado “cuarto de al lado” donde estaban los representantes no sólo de los empresarios, sino también de líderes sindicales y rurales. Y conforme avanzaba la negociación, se dialogaba con ellos, se les explicaba lo que íbamos haciendo. Por eso al final fue una negociación de país a país, no sólo de gobierno a gobierno.
Morelos Canseco
Esa estrategia de no negociar sin consultar con el especialista —no de la academia, sino el que invierte o al que le va a repercutir el resultado de la negociación— resultó fundamental.
Jaime Serra
El haber tenido al sector privado tan cerca fue muy tranquilizante, porque venía from the horse’s mouth:
—Oye, ten cuidado con el negocio de las pantaletas porque hay estas broncas.
Eso te ayudaba a prepararte para la negociación, pero el cuarto de al lado también fue importante por el ambiente de diálogo y cooperación que se generó. Eso no pasó de inmediato, porque había algunos sesgos de algunos sectores, internos y externos al gobierno, que querían hacer ellos la negociación. Pero una vez que eso se definió por la Presidencia y todo por aquí, entonces fluyó requetebién. Esa combinación de perspectivas de parte del sector privado, de la academia y de los sindicatos dio lugar a un fenómeno que no es muy común.
Herminio Blanco
El sentido del cuarto de al lado era más bien utilitario. Por ejemplo: ¿cómo va a negociar el equipo las reglas en torno a los cilindros de automóvil? Pues tienes aquí al que produce los cilindros y él te dice qué se requiere y con él puedes ir frente a Estados Unidos y llegar a un arreglo. Ése fue uno de los más grandes activos que tuvimos, porque cuando se ponían las negociaciones muy duras, nosotros íbamos preparados con detalles técnicos. La relación de los equipos canadienses y de Estados Unidos con sus sectores privados no era del nivel de la nuestra. No tenían la gran unidad de nuestra relación con los sectores productivos, con la gente del campo.
Luis Téllez
…y dije:
—Pues mire, la verdad, presidente, yo no sé del campo. No tengo la menor idea. Nunca lo he estudiado.
Herminio Blanco
El que era mi contraparte, Julius Katz, ya estaba haciendo negociaciones internacionales cuando yo no había nacido. Desde el principio él se dio cuenta de que no sabíamos de lo que estamos hablando. Yo lo que hice fue ir platicando, platicando, pero sin empezar a negociar formalmente. Hasta que un día él me dijo:
—O iniciamos negociaciones o las suspendemos hasta que estén listos.
Yo le dije eso a Serra. Y él le dijo a Salinas:
—Señor presidente, necesitamos empezar a negociar.
—¿Cómo?
—Si hablamos de maíz, ahí sí iniciaría la negociación.
Ya lo teníamos bien preparado: habíamos hecho un estudio sobre el maíz que concluyó que los pobres de los pobres en el campo en aquel momento no producían suficiente para sus familias. Tenían que comprar maíz. ¿Y eso que te decía? Si abres el mercado, el precio del maíz va a bajar. Y a los pobres de los pobres les va a ir bien. Ése fue el primer momento donde empezaban a moverse las cosas, cuando le dije a Katz:
—Como prueba de que sí queremos negociar, te digo que el maíz sí está incluido.

Luis Téllez
Y entonces Salinas me dijo:
—Ponte a estudiar.
Esto fue a finales de diciembre. En enero me habló y me invitó como subsecretario de Agricultura. Y me dijo:
—Tú te vas a hacer cargo de la negociación agropecuaria y de otra serie de cosas en los cambios en las leyes agrarias.
Gustavo Gordillo
La idea de que el campo mexicano antes de Salinas estaba muy bien y que con las reformas todo quedó muy mal es un mito que no se sostiene, y menos si quieres analizar cómo estaban los ejidos. Nosotros —quiero decir el grupo de brigadistas que habíamos estado en el 68 y que decidimos irnos a trabajar en el movimiento campesino— vimos cómo estaba. Sabíamos que el tema fundamental de todo esto era cómo generabas autonomía, y no solamente política, sino también económica. Y para eso la reforma del artículo 27 era muy importante.4 Era una reforma complicada porque tenías dos polos: por un lado, los grandes productores, muy ideológicos, que pensaban que los campesinos ejidatarios eran huevones que nada más recibían subsidios; por el otro, un sector —también muy ideologizado— de la izquierda, que veía en todo lo que fuera mercado el triunfo del capitalismo.
Luis Téllez
Me di cuenta, primero, de que había grandes diferencias entre agricultores sofisticados y no sofisticados. Había un problema muy serio de pobreza ligada al minifundismo y al cultivo del maíz, por lo que había una posibilidad muy grande para que los agricultores más sofisticados se cambiaran al cultivo de productos para exportar a Estados Unidos y así generar empleo y riqueza en esas tierras. El obstáculo era que en México había una serie de instrumentos de política pública que generaban distorsiones enormes en el campo y en la asignación de recursos, aunado a una reforma agraria que había empezado con la Revolución pero no había terminado nunca. Dado que obviamente la tierra está delimitada, y por lo tanto también el número de hectáreas que se podían repartir, había una gran incertidumbre que se traducía en zonas de alta violencia en el campo mexicano.
Jaime Serra
Había inquietud con que se abriera la producción del maíz. Entonces yo les dije:
—Miren, las etapas para la apertura de la economía son inmediatas en el caso de algunos productos, pero en el caso de otros es después de cinco años, en otros después de diez años y hay algunos productos delicados para los que el proceso de apertura va a ser de quince años.
Ése fue el caso del maíz, que no se abrió sino hasta quince años después. Quien dice que la agricultura mexicana sufrió está equivocado. Lo que pasa es que se reasignaron recursos a donde somos más competitivos: no en granos, sino en legumbres y frutas, porque para cultivar esos productos no se necesitan irrigación ni capital gigantescos, como es el caso con el trigo y el maíz.
Gustavo Gordillo
Serra me provocaba constantemente. Decía:
—Éste es el comunista.
Yo lo tomaba como juego. Pero entonces un día me dijo:
—Si a mí me ofrecen aranceles libres para producir tuercas, Gustavo, yo les entrego el sector agropecuario mexicano.
Y yo dije:
—Yo creo que es cierto. Lo que dice Serra, él sí es capaz de hacerlo.
Entonces empezamos a ver con el grupo con el que estábamos trabajando, un grupo de economistas muy jóvenes. Y les dije:
—¿Qué hacemos?
Y de pronto se me ocurrió:
—Hay que asustar a los gringos con la migración de mexicanos.
Empezamos a buscar y encontramos modelos de equilibrio parcial de la Universidad de Stanford y de Minnesota que argumentaban que, el día que se abriera el mercado de maíz en México, iban a emigrar un millón de mexicanos a Estados Unidos. Era un estudio sofisticadísimo. Pero tenía un pequeño error: el supuesto de que todos los productores rurales mexicanos producían para el mercado. Y sí, hay un tercio que produce para el mercado, pero los demás eran de autoconsumo. Era otra lógica, pero tú tenías que convencer a los gringos de que se les iba a caer encima toda la mexicanada, ¿no? Entonces conseguimos esos estudios y se los mandamos a Carla Hills. Y ella los vio y dijo:
—Pongan sus productos más sensibles. Les vamos a dar diez años de arancel.
Los canadienses dijeron: todo lo que tenga a ver con lácteos. Y los gringos: naranja de Florida y azúcar de Luisiana y otros lados, que eran pesos pesados en número de votos del colegio electoral. Y entonces los de México dijimos: maíz, frijol y azúcar. Nomás que ahí se le barrió a Serra, que no tenía la menor idea de la agricultura. Llegó un día y me dijo:
—¿Ya ves? Sin saber tanto, me los chingué con la caña de azúcar.
Y le digo:
—No, te chingaron. Porque hay azúcar por sacarosa de maíz. Y eso no está prohibido. Y todas las refresqueras se van a ir a la sacarosa. Jodiste al sector cañero.

Luis Téllez
Fue uno de los temas más complejos en la negociación. Porque, tanto en México como en Estados Unidos, el sector agropecuario estaba altamente politizado. Había una intervención estatal muy importante en los dos países. Recuerdo que cuando presenté en la mesa del gabinete del presidente Salinas que en Estados Unidos no nada más había subsidios para los agricultores, sino que estos subsidios a los agricultores estaban codificados en una ley que el Congreso define cada cinco años, pues a todo mundo le llamó la atención. Y decían:
—Bueno, pero nosotros no vamos a dar más subsidios. Ya subsidiamos la electricidad para sacar el agua, subsidiamos el crédito, subsidiamos el seguro porque claramente no se pagan las primas que se deberían pagar, subsidiamos la comercialización porque ahí están Conasupo y Liconsa.
Fue muy interesante medir cómo estaba subsidiando Estados Unidos. Y encontramos, para sorpresa de muchos, que los subsidios que dábamos en México eran más altos que los subsidios que daba Estados Unidos.
Gustavo Gordillo
Ésa era la paradoja: un discurso de mercado libre con una intervención del Estado importante. Y esa paradoja no se pudo resolver. Porque, por un lado, todo el grupo neoliberal que había ganado, particularmente Serra, pensaba que ya había desaparecido el estatismo. Y, por el otro lado, toda la izquierda partidista había hecho de su oposición al TLCAN su bandera.
Luis Téllez
El problema es que el agricultor no se daba cuenta de la cantidad de recursos que recibía por parte del gobierno, por lo que, al mismo tiempo que hacíamos la negociación trilateral, tuvimos que negociar internamente para establecer un programa de subsidios en México que fuera neutral y que le permitiera al agricultor moverse hacia aquellos cultivos o hacia aquellas actividades que fueran más rentables.
Cuauhtémoc Cárdenas
Los problemas que podrían surgir del tratado en torno a la cuestión agraria estaban relacionados con las reformas que se estaban planteando para privatizar tierras ejidales y comunales, lo que implicaba la posibilidad de que pudiera reconstituirse el latifundio en algunas regiones del país y que terrenos que debían estar destinados a la producción rural fueran incorporados al desarrollo urbano.
Gustavo Gordillo
O sea, no podías desaparecer el ejido. Pero era claro que Salinas tenía dos opciones —esto es mi interpretación— para hacer serio lo del TLCAN, porque tenía que demostrarles a los americanos que iba a ser una reforma profunda. Y la reforma profunda en México tenía dos posibles nombres: Pémex o el ejido.
Acto V: El petróleo y la migración (y otras contradicciones)
José Carreño
En las diez entrevistas que tuvo el presidente Salinas con el presidente Bush, nunca dejó de estar el tema petrolero. Dentro del gabinete lo que escuché es que el presidente mantuvo siempre la posición de los noes, tal como se lo recomendó Brian Mulroney, el primer ministro canadiense, que ya había tenido su propia negociación. Le dijo:
—A nosotros nos falló no decir nuestros números de entrada y, finalmente, al cuarto para las doce, tuvimos que ceder cosas en finanzas. Digan desde el principio lo que no están dispuestos a discutir.
Y el presidente le tomó la palabra a Mulroney y desde el principio dijo no. Sin embargo, la presión fue hasta el final. Me tocó ver incluso una respuesta muy clara de Serra a Bush: la Constitución lo prohibía. No había condiciones para hacer un cambio constitucional, aunque se quisiera, que no era el caso.
Jaime Serra
La razón económica era que no teníamos claridad sobre la política energética, que últimamente se ha debatido. Pero en ese momento nunca hubo un debate sobre la economía de la protección. Era un tema de la Revolución, de Cárdenas, un tema más ideológico y filosófico que de la realidad económica. Tomamos la decisión de que más valía poner ahí un no que tratar de hacer policy de energía sin estar listos.
Carlos Salinas
En Monterrey el presidente Bush y yo tuvimos una reunión privada. Ahí me hizo un planteamiento muy firme:
—Nosotros queremos que todas las mercancías estén dentro de la negociación del tratado. Queremos que el petróleo esté incluido.
A lo que yo le respondí:
—Presidente, eso no es posible. Cuando inició la negociación, yo dije no al petróleo y me sostengo en eso. Pero ¿por qué no hablamos de migración? Ustedes quieren que haya libertad de movimiento de todas las mercancías, pero ¿por qué no también libre movimiento de las personas que fabrican esas mercancías?
Entonces el presidente Bush me dijo:
—Mira, yo no puedo comprometerme a pasar dos negociaciones mayúsculas en mi Congreso, la del libre movimiento de mercancías y la del libre movimiento de personas. La segunda tendrá que esperar.
Entonces yo le dije:
—Pues igualmente, presidente, yo no puedo pasar en mi Congreso una propuesta que incluya el petróleo.
Claudio X. González
Al inicio, para establecer las reglas del juego, México fue muy claro que todo estaba sobre la mesa excepto energía, a pesar de que el presidente Bush tenía una gran inclinación energética: había sido explorador de petróleo en México cuando se permitían los contratos en los años cincuenta. Pero también era muy conocedor de México, y dijo:
—Sí, yo entiendo que esto es un paso demasiado grande.
Morelos Canseco
A lo largo de toda esta negociación hubo algo que estuvo ahí del día uno al día último: el petróleo. Cien veces se dijo: “El petróleo no es parte de la negociación”, porque había una decisión política muy clara. Un anclaje político de toda la carga legitimadora de la negociación también estaba en que México no reformaría su Constitución para abrir el sector petrolero. Creo que el presidente lo vio como una parte esencial de su posición política de identificación con el sentimiento nacional, que era:
—No toques el petróleo.
Cuauhtémoc Cárdenas
Ésa fue una de las cuestiones importantes: que no se incorporaran al tratado sectores como el del petróleo. Desde un principio consideramos que no se debía haber incorporado, y creo que ésta fue una de las cuestiones que se logró.
Luis Téllez
Creo que, en aquel momento, el presidente Salinas sopesó el incluir la parte energética. Y dijo:
—Si incluyo la parte energética, no va a salir el TLCAN.
Creo que tuvo razón, pero también creo que, de haberlo intentado, probablemente hubiera resuelto muchos de los problemas que estamos viviendo. Pero no estoy diciendo que el presidente Salinas se equivocó, porque si hoy estamos viviendo el problema, probablemente hubiera sido más delicado abrirlo entonces. Abrir electricidad sí hubiera sido posible. Quizá yo me hubiera aventado. Yo hubiera tomado la decisión estratégica y política de abrir la electricidad y de mantener el petróleo en manos del Estado mexicano. Tendríamos hoy un sector eléctrico dinámico, verde, sin apagones y sin las mentiras que aparecen por todas partes.
Carlos Salinas
El petróleo era una cuestión política y económica porque era las venas por las que circulaba la vida económica de la nación. Es una industria estratégica: si falta, nada funciona. Y así como el petróleo, los bancos son el cerebro del sistema económico. Por eso el otro elemento que yo no estuve dispuesto a meter en el tratado fue la apertura del sistema bancario mexicano a la inversión extranjera mayoritaria.
Gustavo Gordillo
No nos hagamos pendejos: podemos cantar todas las loas a Latinoamérica, que viva Latinoamérica y no sé qué y no sé cuánto. Pero nuestro futuro está en Norteamérica. Y ese futuro requiere libre circulación de capital, de recursos y de humanos. Y esa última parte faltó. No porque se ignorara. En una discusión que cuenta Salinas en su libro le dijo a Bush:
—Reforma migratoria.
Y Bush le dijo:
—Reforma petrolera.
Jorge Castañeda
A mí me molestaba la exclusión de la migración a cambio de la exclusión de Pémex, que es la manera en que Salinas lo planteó. Me parecía que la exclusión de la migración —además de que era excluir el tema más importante en la relación bilateral y que necesariamente se iba a ir para arriba— era desaprovechar un momento en el que hubiera sido posible meter el tema en la discusión. Sabía yo entonces, y sé ahora muy bien, que Bush le dijo a Salinas:
—It’s a non-starter. Si ustedes insisten en la migración, esto no va a ningún lado con el Congreso de Estados Unidos.
Puede ser que sí, puede ser que no. Eso se hubiera visto después, pero Salinas debió haber insistido desde un principio en el tema migratorio para ver hasta dónde se llegaba. A lo mejor no se lograba nada. A lo mejor se lograba algo.
José Carreño
Bueno, en la mentalidad de la época de cambiar de paradigma, de cambiar de modelo de relación, obviamente idealizábamos el modelo europeo y en especial en el tema más sensible de todos: nuestros trabajadores migrantes. Lo que me pareció a mí más atendible de la crítica sobre lo que le hacía falta al tratado fue ése: libre movimiento de mercancías, libre movimiento de inversión, libre movimiento de servicios, ¿pero por qué no de personas como en Europa? Esta ausencia, este paso que faltó dar, como podemos ver, se ha complicado todavía más con una nueva actitud en Estados Unidos a veces bastante feroz contra los migrantes.
Cuauhtémoc Cárdenas
En aquel momento nuestra posición en materia de migración era justamente que, pensando en los fondos de compensación que podría haber, se hicieran las inversiones necesarias para que la gente no se viera forzada a migrar, que tuviera oportunidades de trabajo en sus lugares de origen.
Jorge Castañeda
Porque, aunque Salinas siempre decía que la mejor manera de detener la migración era con el TLCAN, todos sabemos que en los noventa y la primera década de este siglo se disparó la migración. Se fue un chingo de gente de México allá. Como debe ser. Ésa es la lógica. Y llegó dinero de allá acá. Pero ni se fue suficiente gente ni llegó suficiente dinero y, por lo tanto, la convergencia no se dio. Ésos son los hechos. El único argumento que ellos tienen es: hubiera sido peor sin el TLCAN.

Acto VII: Del poder conciliador del béisbol
Jaime Serra
La negociación del TLCAN fue complejísima, pero teníamos el mismo objetivo final. Al final del día, estábamos alineados. La negociación de las cartas paralelas en ambiente y medio laboral era otra cosa. El negociador estadunidense, Mickey Kantor, era ignorante. Y el tema era irreconciliable entre las dos partes. Ellos querían usarlo más para proteger a su economía de la libre competencia. Al final del día, era básicamente una actitud proteccionista del equipo de Clinton, que no estaba de acuerdo con el TLCAN. Incluso Hillary Clinton se manifestó en contra y la negociación fue bastante complicada por eso. Depende mucho de quién te toca del otro lado. Los gringos no son todos iguales.
Jorge Castañeda
Había mucha oposición en Estados Unidos. Una oposición proteccionista, una oposición laboral y una oposición ambiental. Salinas y todos ellos decían:
—Es la misma, no se hagan tontos. Los argumentos laborales y ambientales son pretextos. Esto es simplemente una postura proteccionista de sectores demócratas, sindicales y ambientales para proteger a industrias vetustas y obsoletas.
Nosotros pensábamos que eso no era cierto. Había proteccionismo, pero también había argumentos laborales y ambientales válidos por parte de los estadunidenses.
Luis Téllez
Bill Richardson,5 por ejemplo, era una figura distinta al resto de los demócratas. En aquella época —¡cómo han cambiado las cosas!— los que se oponían al tratado eran ellos, no los republicanos. Richardson sobresalía entre los demócratas como uno de los librecambistas que buscaban un mayor intercambio con México. Nos ayudó muchísimo con los grupos agrícolas. Y ayudó al Departamento de Agricultura de Estados Unidos a convencer a esos grupos de que el tratado iba a abrir oportunidades para ambos países. Como Richardson hubo algunos congresistas también muy distinguidos que nos ayudaron. Y obviamente la administración del presidente Bush.
Claudio X. González
El gobierno de Bush papá fue muy apoyador como Ejecutivo, pero no tenía mayorías tan fuertes en el Congreso como para trasladar ese apoyo en un cheque en blanco. Teníamos que tratar con muchos demócratas. Había unos que nomás no la querían comprar. El líder de esa facción en la legislatura estadunidense era de San Luis, Misuri, muy fanático de los Cardenales de San Luis. Yo también. Entonces pasé una tarde con él, platicando de béisbol para establecer simpatía. Mi mensaje al final fue:
—Yo sé que vas a votar en contra, pero no seas tan vehemente.
Y no fue tan vehemente, al menos hasta el día antes de la votación, cuando ya el voto estaba asegurado. Y además pidió permiso. Dijo:
—Ahora sí, voy a soltarme por efectos electorales.
Porque teníamos una ventaja —tuvimos 234 votos y sólo necesitábamos 217—, hubo varios que decían:
—Ya tienen los votos, suéltenme. Así quedo bien con Dios y con el Diablo.
Y respondíamos:
—No, es muy importante que tengamos esos veinte votos extras, porque si ganamos por panzazo, siempre va a haber sospechas.
José Carreño
Fue muy interesante la experiencia del último año de las negociaciones. Todo 1993 fue una ruleta rusa: un día parecía que ya estaba hecho, otro día era la depresión. El director de Presupuesto de la Casa Blanca, Leon Panetta, cercano a Clinton, amaneció un día diciendo que el tratado estaba muerto. Así fue todo ese año. Fueron cambiando las condiciones en el establishment estadunidense. El líder de los demócratas en la Cámara de Representantes era de una hostilidad bárbara. Pero todo eso fue cambiando también. Se pensaba que no se llegaría a los 218 votos que se requerían para la ratificación del tratado y, finalmente, fueron 234. Incluso en la Casa Blanca había contradicciones: unos en contra, otros a favor.
Luis Téllez
Richardson y yo nos hicimos grandes amigos. Creo que ése era el enfoque del tratado: no nada más un intercambio entre industrias, comercial, de productos agroalimentarios o servicios. Era también una base para que se pudiera dar un intercambio cultural, se pudieran fusionar dos culturas.
José Carreño
Me tocó estar en un pánel de los tres países —creo que yo iba con Jorge Montaño, el embajador en la última época— en el que nos tocó hablar por México. Había alguien más por Estados Unidos representando al gobierno de Clinton, y también un canadiense de origen francés que no hablaba español. Y entonces el representante de Estados Unidos le dijo:
—A California puedes venir sin hablar inglés, pero no sin hablar español.
Ése era el tono que había en los grupos que trabajábamos de los tres países.
Jaime Serra
Sí, hubo momentos de tensión. Estábamos en la negociación de gastos del gobierno, de procurement. O sea: ¿cómo gastaba el gobierno si le daba entrada de productos estadunidenses y canadienses a México? El negociador canadiense, Michael Wilson, se ofendió mucho con el tema. Se puso rojo. Y se salió de la sala. Sus deputies nos voltearon a ver con cara de ¿qué onda? Entonces nos levantamos Carla y yo. Le dije:
—Carla, hay que regresar a este cuate, que lo busquen y que se venga a platicar en corto.
Se sale y luego regresa. Carla me llamó:
—Jaime, would you please join us?
Entonces me senté con él. Nos dijo Carla Hills:
—Les tengo una muy buena noticia. Tengo boletos para el partido de béisbol esta noche.
Y Michael dijo:
—I love that! It’s a great idea!
Era un fanático del béisbol; a mí, la verdad, no me encanta. Entonces vamos para allá. Y yo me puse un suéter porque empezaba a enfriar, mi suéter favorito en aquel entonces, un suéter rojo que tenía un hoyito en el codo. Y Carla me dijo:
—Your sweater has a hole.
—Sí, I’m sorry, yo no vivo aquí. Me traje toda mi ropa en las maletas.
Entonces me dijo:
—A ver déjame. Quítatelo.
Se lo doy. De su portafolio saca una aguja de tejer y un hilo rojo y me lo arregla. Quedó perfecto. Entonces nos vamos al partido y está todo el mundo feliz, hasta Michael Wilson. Y yo a Carla le dije:
—¿Nos vamos?
Vamos caminando hacia el coche que nos estaba esperando y se oye: WOOOOW! Explota el auditorio del estadio. Y le prenden a la radio. Un triple play, que no pasa casi nunca. Entonces Michael dice:
—¿Con esto me querían alinear para la negociación? ¡Están ustedes locos!

Acto VIII: La rebelión
Gustavo Gordillo
Yo llegué el 1 de enero de mis vacaciones en Europa, en el mismo avión en que llegó Carreño. Nos separamos sin saber qué y al ratito viene Carreño corriendo detrás de mí. Me dijo:
—Vete a la oficina de volada.
—¿Un levantamiento? ¿Cómo que un levantamiento?
José Carreño
Al mismo tiempo que entraba en vigor el tratado había una rebelión: la guerrilla posmoderna, la del Subcomandante Marcos, que tenía muchas causas. Desde luego, el abandono secular de las comunidades indígenas por mucho tiempo. A veces, como ocurre incluso con las enfermedades, cuando empiezan los tratamientos, surgen exacerbaciones de los males.
Cuauhtémoc Cárdenas
Yo no comparto la vía armada para resolver problemas. A veces sucede y a veces hay que aceptarlo. Después de que se logró que no se siguiera el enfrentamiento armado, pues sí vimos que había coincidencias con el grupo zapatista. Y desde que conocimos que había un levantamiento en Chiapas, el mismo 1 de enero, pensamos que este levantamiento obedecía en buena parte al abandono en que estaba toda esa región. Nosotros considerábamos que el gobierno tenía la obligación de atender los reclamos de las comunidades de la selva de Chiapas, como en muchas otras partes del país. No diría que caminamos juntos, porque eso nunca sucedió, pero había ciertas coincidencias.
José Carreño
La verdad es que la rebelión de Chiapas le quitó al gobierno el monopolio de la definición de la agenda pública. Uno de los rasgos del sistema político mexicano antes de estos cambios era que había un monopolio político, un partido hegemónico. Desde el punto de vista de la comunicación eso se expresaba en un monopolio del poder para definir la agenda pública. Una de las sorpresas fue que por varias semanas o meses el Subcomandante Marcos le arrebató ese poder. De eso nomás se hablaba, afectando a la campaña del candidato Colosio, y con muchísimos efectos en todos los sentidos: con el surgimiento de otros actores colgados del asunto de Chiapas, como Manuel Camacho, que también entraron a la definición de la agenda pública de una manera muy contundente. Había un aturdimiento en el gobierno, hay que decirlo. El grupo negociador del tratado de libre comercio había contratado una agencia de relaciones públicas, Burson-Marsteller, y yo tenía trato con ellos. Y les dije:
—Oigan, tenemos un problema muy grave de comunicación en Chiapas. El ejército que está allá, que estaba en su zona militar, le pasó por enfrente, de noche, un grupo que tomó San Cristóbal. Nunca han tenido una experiencia militar los militares mexicanos. Entonces no saben.
Tuvimos una reunión con algunos de los jefes militares que estaban allá, empezando por el jefe de la zona al que le pasó de noche la insurrección. La rebelión puso de manifiesto cómo el sistema mexicano —el gobierno pero también la sociedad y los medios— tenían zonas que estaban fuera de su control. Ha sido siempre más o menos conocida la incapacidad de los gobiernos mexicanos para manejar crisis. Lo mismo había pasado en el terremoto del 85: un problema también de confusión y de parálisis.
Gustavo Gordillo
Yo conozco a estos campesinos. Nadie les lava el cerebro, en particular a estos de Chiapas. Eso no es. Estaban hartos y veían todos los síntomas. No supimos explicar bien, nosotros, en qué sentido no les iba a afectar la reforma del 27. Y tan no lo supimos explicar que mira lo que pasó. Yo creía que había que hacer un proceso de renegociación con ellos, quitar al ejército de ahí. Eso es lo que yo escribí en La Jornada, mientras que en el mismo diario escribió Arturo Warman su artículo diciendo eso de que a los guerrilleros les lavaron el cerebro. Porque los indígenas no se levantan.
Jorge Castañeda
O sea, no estaba previsto el 94. No estaban en los capítulos del TLCAN el zapatismo, Colosio, Ruiz Massieu, la chingada. Y entonces, pues sí, se puede plantear que, en lugar de que ese primer año se hiciera todo lo que había que hacer para acompañar al TLCAN, pues no se pudo hacer por el desastre.
Gustavo Gordillo
Y entonces el 5 de enero me mandan a Washington a defender la posición del gobierno mexicano. Llego el 4 y veo por la televisión gringa aviones de la Fuerza Aérea Mexicana bombardeando partes de la selva chiapaneca. Y dije:
—No, pues, ¿qué voy a defender?
Al día siguiente en las mesas ahí estaban Castañeda, Aguilar Zínser, toda la intelectualidad opuesta a Salinas. Y dije:
—No, pues, ¿qué voy a hacer?
Negocio con la gente del seminario para que yo hable a la hora de la comida. Porque yo siempre he tenido una intuición, que casi siempre se ha comprobado, que a los intelectuales y la gente de izquierda, a la hora de la comida, se les olvida que hay seminarios. Entonces ponen mi intervención a las 12:30, cuando estaban todos comiendo. Yo tenía que decirlo, pero sin mucho público:
—Yo no estoy de acuerdo con el alzamiento armado del EZLN, pero tampoco me parece que la respuesta inicial del gobierno, de enfrentarlos militarmente, haya sido la correcta.
En el 95 me fui a la FAO en Roma y ahí me quedé once años en el exilio. Estaba sacado de onda.

Epílogo: ¿Y a dónde América del Norte?
Otto Granados
Los resultados del tratado, francamente, han sido excepcionalmente buenos. No digo que haya sido el instrumento perfecto. Hay temas que siguen siendo una asignatura pendiente. En términos de productividad, por ejemplo, México sigue teniendo una tasa de crecimiento muy mala, incluso negativa. El otro elemento es la calidad del sistema educativo, que está íntimamente relacionada con el primero. Ahora, fuera de eso, los números son espectaculares. Creo que no podrían ser mejores, la verdad.
Herminio Blanco
Me siento muy afortunado de que me hayan asignado la labor de jefe de la negociación y también muy orgulloso del equipo. Muchos todavía nos reunimos. Cuando los contraté eran muchachos y muchachas. Sí se les veía valor y todo, pero eran unos muchachitos realmente. Entre ellos, nosotros y otras secretarías que ayudaron encontramos, de alguna manera, la forma de hacer todo el cabildeo en Estados Unidos para que se aprobara. Ahorita, en este momento, da un poquito de tristeza que no se haya aprovechado más durante esta administración. Pero estoy convencido de que una de las razones por las cuales, a pesar de toda la incertidumbre que ha generado el presidente López Obrador, México —su sector agropecuario y su sector industrial— va penetrando cada día más a Estados Unidos. Hace treinta años se estableció la base de eso que hoy perdura, y que hoy está generando empleos en gran parte de nuestro país.
Jaime Serra
¿El balance a treinta años? Yo sé que me van a criticar. Extraordinario. Nunca me imaginé en esa negociación que íbamos a acabar exportando lo que exportamos. Hoy exportamos miles de millones de dólares al día. ¡Al día! Y entonces exportábamos 2000 millones de dólares a la semana o al mes. El cambio de acceso de las exportaciones es gigantesco. La capacidad de atraer inversión extranjera para complementar el ahorro nacional pasó de 2000 millones de dólares a 25 000 millones de dólares al año. Y con lo del nearshoring de ahora va a seguir creciendo más. Los resultados son muy buenos. Claro, se mide en función de lo que para lo que se hizo el TLCAN, no en función de la pobreza y de la desigualdad que hay en este país, que es terrible. Pero lo que el tratado se proponía era tener acceso al mercado más importante del mundo y atraer inversiones. Y esas dos cosas se lograron con creces.
Luis Téllez
Gracias a que teníamos el TLCAN, gracias a que habíamos logrado una relación de asociación con Estados Unidos —voy a usar la palabra en inglés: partnership— pudimos resolver la crisis financiera de 1995. Estados Unidos no podía dejar caer a México, dado el capital político que ya se había jugado en todo esto. El tratado fue fundamental para sacar el paquete financiero que negociamos con el gobierno de Clinton y que evitó el colapso de la economía mexicana.
Morelos Canseco
¿Era la entrega de México al capital extranjero? No creo. Si me preguntan qué decía el tratado, le perdí la pista. Pero sí me beneficié de él. Mi nivel de ingreso, mi nivel de consumo, la calidad de los bienes y servicios que recibí en la sociedad mexicana cambiaron.
Cuauhtémoc Cárdenas
Yo no veo que haya habido un cambio sustancial en nuestro país. No hay una mejora en cuanto a que se haya reducido pobreza, se haya disminuido la desigualdad social o tengamos una economía en crecimiento. Hemos tenido, prácticamente desde esos años, un crecimiento sumamente reducido. En lo que va de este siglo no hemos tenido una diversificación de la economía o el surgimiento de nuevas actividades, ni una diversificación de nuestro comercio exterior. Al contrario, seguimos teniendo una fuerte dependencia con Estados Unidos. Pienso que lo que habría que considerar es buscar otros caminos. No quiero decir con esto salirse de estos acuerdos, pero sí buscar otros caminos. Porque éstos no han funcionado.
Jorge Castañeda
No me consta si hubo o no una especie de acuerdo posratificación, explícito o tácito, para afrontar la crisis del 94. Pero Clinton entra a esa negociación con Zedillo con las credenciales de haber sido el que sacó el TLCAN. Le dijo a Zedillo:
—Mira, me la jugué contigo, con México, por el TLCAN. Me la jugué ahora por salvarte el pellejo en la Crisis Tequila. ¿Pero sabes qué? Ya no pueden seguir ustedes con estas mamadas de partido único. Yo no me voy a meter al detalle; tú ve cómo le haces, pero empieza a ver que haya elecciones en México. No estas mamadas que tienen ustedes, sino elecciones de verdad, donde los que sa can más votos ganan.
Yo creo que eso sucedió. No tengo ninguna prueba; es simplemente mi feeling. Creo que, en ese sentido, se puede plantear que el TLCAN tuvo un efecto, por lo menos indirecto, en la democratización del país.
Luis Téllez
Una de las cosas importantes en esa época fue que todos, o casi todos, aquellos que tuvimos un rol relevante en la negociación nos hicimos amigos de nuestras contrapartes. Ése era el enfoque del tratado. No nada más un intercambio comercial, sino también una base para un intercambio cultural, de personas, un establecimiento de relaciones de amistad. Pero ahora estamos en una situación muy delicada, porque los dos países están totalmente polarizados. Ese tipo de cosas ya no existe. Se tiene que volver a hacer. Y va a tomar tiempo.
Carlos Salinas
La ignorancia del estadunidense de a pie es impresionante. Creo que a veces no sabe ni cuáles son los países que tienen frontera con Estados Unidos. Si supiera que tienen frontera con Rusia, se asustarían tremendamente, porque se les olvidó Alaska. Pero creo, también, que las realidades —históricas y de manera fundamental las económicas— se van imponiendo. La presencia de población mexicoamericana en Estados Unidos, y más que ellos, los llamados dreamers,6 constituyen un filón extraordinario para el reforzamiento de una concepción de América del Norte con profundas raíces culturales. Creo que ese camino es inevitable.
Herminio Blanco
En términos de comercio entre México y América Latina, lo que había eran papeles y discursos que nunca llegaron a hacer que tuviésemos una relación económica fuerte. Nuestra relación económica siempre fue más fuerte con Estados Unidos. En América Latina estuvieron muy celosos. Estuve en una reunión de cancilleres latinoamericanos a la cual Jaime Serra no quiso ir. Entonces me mandó y fue un desastre. Estaban durísimos en contra nuestra. Insistían en que un país latinoamericano no puede hacer eso. Les dije:
—A ver, lo que me están diciendo es que ustedes están dispuestos a negociar un tratado de libre comercio con México. ¿Por qué en esta reunión de cancilleres no sacan un anuncio de que vamos a negociar un tratado de libre comercio en América Latina?
Se enojaron muchísimo. Se terminó la reunión. El que llevaba la reunión dijo:
—Inútil.
Cuauhtémoc Cárdenas
El Tratado de Libre Comercio y el T-MEC son parte de la política hegemónica de Estados Unidos. Creo que en esto no habría mayor discusión. Han buscado una integración de México con América del Norte, pero en condiciones de desventaja.
José Carreño
Hay una pertenencia a América del Norte, muy arraigada en buena parte de la geografía mexicana, que chocaba con el discurso de que pertenecemos a una región difusa llamada tercer mundo. Ese último discurso no lo aceptaron mucho en el norte; no lo aceptaron las clases medias que aspiraban a ser parte del primer mundo. Hoy los famosos libros de texto gratuitos nos tienen otra vez en el punto de considerar como una traición el pensar que no pertenecemos a los países subordinados por la pobreza, por la explotación. Salinas y su equipo decían:
—Sí, nos integramos al bloque de Norteamérica desde el punto de vista comercial, pero afirmamos nuestra pertenencia a nuestros hermanos latinoamericanos del resto del continente. Ésta es una oportunidad también para ellos.
Y, desde ese momento, empezó una actividad febril del gobierno por hacer tratados de libre comercio con el resto de América: empezó con Chile, luego con Venezuela, luego con Colombia, todo para decir:
—No somos excluyentes, no pertenecemos exclusivamente a este tratado en el que nos ubicó la geografía y el interés nacional. Por voluntad y vocación pertenecemos también al sur.
Lo que quedó claro también en estos treinta años, incluyendo la época de Trump, es que en Estados Unidos no nos ven como sudamericanos, sino como marcianos.
Jaime Serra
Ahora le pusieron T-MEC. Me parece que no es muy afortunado el nombre. El TLCAN era el tratado de libre comercio de América del Norte. Es el concepto de la región lo que es importante. El T-MEC es el tratado de México, Estados Unidos y Canadá. ¿Por qué? ¿Por qué le quitas Norteamérica?
Carlos Salinas
Yo creo que, como toda obra humana, es perfectible. La mayor satisfacción del tratado de libre comercio es que haya sido producto de un esfuerzo colectivo y que haya logrado sumar a la mayoría de los mexicanos. ¿Qué es lo que más lamento? El hecho de que el tratado haya iniciado en 1994, el año en que la economía de Estados Unidos inició el periodo más largo y sostenido de crecimiento, y que para nosotros hubiera significado la posibilidad no sólo de crecer al 4 % —como crecimos durante mi gobierno—, sino de lograr, de manera permanente, hasta el 10 % que se logró en 1964. Hubiera sido una transformación económica del país. Fue una oportunidad perdida.
María Guillén, Valeria Villalobos, Julio González y Nicolás Medina Mora
Editores de la redacción de nexos
1 Noboru Takeshita: primer ministro de Japón entre 1987 y 1989. Renunció en medio de un escándalo de corrupción.
2 El Acuerdo General Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) es un tratado, celebrado originalmente en 1947 y ratificado en numerosas ocasiones, que busca reducir las barreras al libre comercio en buena parte del mundo. Fue un precedente importante para el TLCAN.
3 El 19 de agosto de 1991, un grupo de militares y oficiales soviéticos, descontentos con la “terapia de choque” económico que Gorbachov y Boris Yeltsin habían impuesto, depusieron brevemente al primer ministro en un intento de restaurar el sistema comunista.
4 El artículo 27 de la Constitución establece que la tierra es propiedad de la nación.
5 Legislador federal y más adelante gobernador de Nuevo México
6 Migrantes sin documentos a quienes sus padres llevaron a Estados Unidos cuando eran muy pequeños.
Gracias Nexos y Héctor AC… Claro, y en primer lugar a los autores. Reveladora “historia oral”, de un lado y de otro. Quizá faltaron actores críticos, como Rolando Cordera, lástima. Pero, deveras, ¡qué manera de contar la historia! Revelador anticipo, espero el libro completo.
¡Salud!
Espléndida reconstrucción de esta historia en voz de sus principales protagonistas. Felicidades a los autores del relato.
Una narrativa interesante de un paso que se dio en una época económica complicada del país que resultó en un parte-aguas para el México presente. Resulta muy difícil pensar cómo sería nuestra sociedad actual sin esa decisión económica-política. Agradecimientos a los integrantes de ese gran equipo de trabajo.
Interesante recuento de hechos. Esta historia oral resulta un loable y oportuno esfuerzo para recordar cómo se gestó el TLC, así como los obstáculos que los protagonistas principales tuvieron que enfrentar y superar para sacarlo adelante.
Dos comentarios me parecieron particularmente interesantes y relevantes en los tiempos que corren: el de Jorge Castañeda sobre la migración y el petróleo como temas ausentes en la negociación del tratado y el de Claudio X Gonzalez sobre el hecho de que el TLC fue antecedido y detonado por una mega crisis de deuda que no se había podido resolver.
Cuando leí lo preparado que estaba el equipo mexicano para las negociaciones, cómo Téllez se convirtió en experto en agricultura en un mes, y cómo desarrollaron una gran relación de amistad con sus contrapartes, me acordé de Poinsett.