Maggie O’Farrell nació en Irlanda del Norte en 1972. Ha publicado nueve novelas y una autobiografía, varias de ellas premiadas. Por Hamnet recibió el Women’s Prize Fiction y el Premio Círculo Nacional de Críticos de Libros, de Estados Unidos.
La novela Hamnet está basada libremente en la historia de familia de William Shakespeare, así que se desarrolla en la Inglaterra del siglo XVI, en Stratford Upon Avon, en el condado de Warwickshire. Pero ¿puede decirse que es una novela histórica? ¿O es sólo la historia ficcionada de la familia Shakespeare y, en específico, de un día en la vida del único hijo varón del dramaturgo?
Del niño Hamnet se sabe poco. Era gemelo de Judith y a los 11 años murió por causas desconocidas. No era raro en aquella época que los infantes no llegaran a la pubertad. El poco avance de la ciencia médica y los hábitos poco higiénicos eran factores importantes de la muerte temprana. Durante mucho tiempo se especuló que el dolor por la muerte de su hijo hizo que Shakespeare escribiera Hamlet, ya que los nombres Hamlet y Hamnet eran prácticamente intercambiables en aquella época. La autora lleva esta idea a sus últimas consecuencias, justificando una serie de decisiones familiares y artísticas de Shakespeare a partir de este hecho.

La novela comienza con una frase simple: “Un niño baja unas escaleras”. A partir de ahí y a lo largo de las páginas se narra un día clave: nadie —ni el mismo Hamnet— se imagina que ése será el día de su muerte.
El libro es un prodigio porque a diferencia de lo que nuestros maestros nos machacan como uno de los pilares de la narrativa, la historia no se cuenta en pasado sino en un presente continuo; O’Farrell va “pintando” escena tras escena de la vida diaria y los protagonistas del pueblo se vuelven modelos de esos “cuadros” portentosos. En la calle principal nos topamos con la hermana mayor de Hamnet, Susanah, y su abuela, que se han parado a hablar con una vecina; con su violento abuelo, vendedor de guantes, que decide ir a beber a la public house, y con los demás habitantes de Henley Street rumbo a sus labores.
Dentro de la narración de lo que sucede ese fatal día, la autora entreteje varias analepsis que entre otras cosas nos explican quién es la esposa de Shakespeare, cómo se conocen, se gustan y se emparejan y cómo llega, de manera insospechada, desde Venecia al pueblo de Stratford, la peste.
La nueva narrativa femenina describe la intimidad y critica las violencias hacia las mujeres; tiende a hablar de la familia, el ámbito doméstico, la maternidad e incluso de la sexualidad, pero desde otro punto de vista del acostumbrado. En la novela la esposa de Shakespeare —a quien la autora llama Agnes— se vuelve un personaje crucial y representa esa mezcla temida: sabiduría de siglos, intuición y conocimiento de la herbolaria. Su presencia funda y cementa a la familia del dramaturgo, ausente la mayor parte del tiempo en Londres.
Hay en las páginas de Hamnet tal cantidad de movimientos y descripción de las escenas —con una enorme imaginación visual por parte de la autora— que leer es ir mirando en una pantalla, cuadro por cuadro, una película. O’Farrell también nos hace pensar en el destino, ese tirano constante en las obras del dramaturgo.
Algo increíble: en todo el libro no se menciona nunca el nombre William o el apellido Shakespeare y sin embargo sabemos que está ahí, como joven enamorado, como exitoso empresario, como escritor único. Viviendo el drama de su vida.