En Casa Tomada, el famoso cuento de Julio Cortázar, sus ocupantes narran cómo van perdiendo las habitaciones por seres enigmáticos que nunca muestran su identidad, pero que tienen suficiente poder para adueñarse de ella. Como en el cuento de Cortázar, los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara han ido perdiendo el control de su entorno vital por una fuerza que cada vez tiene más poder, como fue evidente por los sucesos del 22 de febrero pasado.
La violencia desatada por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ese día fue insólita, aunque por disonancia cognoscitiva se tienda a restarle gravedad y se vea como un narcobloqueo más que paralizó la ciudad como otras veces. Lo que quedó demostrado, si se ve con realismo, es que el CJNG es una poderosa organización paramilitar capaz de colapsar a más de un estado y alterar a varios más; neutralizar a sus fuerzas de seguridad causando la muerte en combate de 26 de sus elementos y generar terror en millones de personas.
Hace quince años, cuando surgió como una organización especializada en producir y distribuir metanfetaminas, habría sido muy difícil atribuirle los sucesos de ese día fatídico. ¿Qué sucedió? ¿Cómo fue posible esa transformación? El CJNG surgió en ese estado y ahí es su principal base de operaciones; su forma de organizarse y actuar es resultado de un proceso de varios años y no de una súbita innovación. En Jalisco encontró las condiciones y protección necesarias para llegar a ser lo que es ahora, explotando en su beneficio la necesidad de seguridad de sus habitantes y su disposición punitiva frente a la delincuencia. Guadalajara es una sociedad segregada espacialmente y muy desigual. Esta configuración es útil para el modelo represivo que introdujo frente a la inseguridad, pues traslada hacia la periferia de la ciudad sus costos sociales: un gran número de personas desaparecidas.
En las viejas teorías contractualistas, los seres humanos superan el estado de guerra de todos contra todos si renuncian a su derecho al uso de la fuerza y acuerdan entregarla a un ente artificial, el Estado, que se encargará en lo sucesivo de velar por su seguridad. A grandes rasgos, la estrategia de Nemesio Oseguera, líder del CJNG, fue negociar con las autoridades estatales y municipales que esa función quedara bajo su responsabilidad. Él nombraría a los comisarios y jefes de policía, pagaría a los elementos que colaboraran con él y activaría a su brazo de sicarios como fuerza de choque y exterminio en labores de seguridad. El CJNG se transformó en una especie de leviatán privado que se movilizaría ante emergencias policiacas, y asesinaba y desaparecía a los detenidos que entregaran los policías.
Este diseño fue extendiéndose por los municipios de Jalisco y replicándose hacia abajo como método de control a nivel de localidades, colonias y barrios. Es obvio que le dio al CJNG una ventaja estratégica frente a otros cárteles y grupos violentos, que reforzó la seguridad de sus operaciones de narcomenudeo y que le permitió desarrollar otras economías ilegales. También le otorgó poder e influencia entre las élites políticas y empresariales, así como legitimidad frente al ciudadano común por la “pacificación” que ofrece y que éste aprueba por lo general.
Los costos sociales de este macabro modelo de represión violenta han sido altísimos. Las cifras de personas desaparecidas comenzaron a dispararse hasta situar a Jalisco en el primer lugar nacional. El efecto se produjo de inmediato por quienes tuvieron la desgracia de volverse elegibles según los criterios de policías y sicarios, pero conforme el modelo se implantó dentro y fuera de Jalisco, la demanda de sicarios comenzó a cubrirse con reclutas forzados que, a su vez, generan reportes de desaparición.
En el área metropolitana de Guadalajara viven más de 5 millones de personas, sobre todo en Zapopan, Guadalajara y Tlajomulco de Zúñiga, los tres municipios más poblados de los diez que abarca. Es una metrópoli dinámica, con una fuerza industrial y turística que la posicionan entre los primeros lugares del país, con una oferta diversa de servicios educativos, médicos y recreativos. Una ciudad moderna para los estándares latinoamericanos. Detrás de su aspecto de ciudad apacible y próspera, Guadalajara es un lugar dominado por la violencia atribuible al CJNG. Las cifras de homicidios dolosos y personas que no se localizan nos alertan sobre sus dimensiones. En los últimos ocho años se abrieron 10 004 carpetas de investigación por el primer delito y hay 7274 personas cuyo paradero se desconoce, casi la mitad de las que existen en todo el estado y que superan las 16 000. Casi todos son hombres (9 de cada 10) y la mayoría menores de 35 años. Pero esto apenas es una parte. La violencia también se observa en los cientos de fosas clandestinas que se han localizado desde 2018, la mayoría en la metrópoli, con más de 2000 cuerpos ex-humados que pueden tardar años en que los identifiquen, agravando una crisis forense que se ha vuelto sistémica. La violencia extrema no acaba ahí, tiene “mecanismos epidémicos de contagio y propagación”, como bien señala Bergman sobre la criminalidad. 1 A comienzos del 2023, en un pueblo cercano a Guadalajara, un sujeto armado asesinó a su pareja y a su suegra en una oficina de la fiscalía porque fueron a denunciarlo por violencia familiar. Los feminicidios, la violencia debida al género y los abusos sexuales han tenido repuntes preocupantes en años recientes, a los que hay que añadir incontables casos de lesiones graves y torturas. 2

En Guadalajara, los homicidios dolosos y las denuncias por desaparición han mostrado una correlación fuerte a lo largo del tiempo (r ≈ 0.7513), es decir, ascienden o disminuyen más o menos a la par. Su distribución territorial tampoco es caprichosa: tienden a formar puntos álgidos de violencia, a veces entre varias colonias o barrios colindantes. Al sur de la ciudad, en Tlajomulco, resalta el polígono formado por Hacienda Santa Fe, Villa Fontana Aqua, Chulavista y Lomas del Mirador. Mientras que al suroeste, en Zapopan, destaca el que forman Miramar, Santa Ana Tepatitlán y Arenales Tapatíos. Al oriente, en San Pedro Tlaquepaque, sobresale la colonia donde se ubica la Nueva Central Camionera, punto donde se ha perdido el rastro de decenas de jóvenes que han viajado de otros estados bajo esquemas engañosos de reclutamiento criminal. Muy al poniente y norponiente de la ciudad, en Zapopan, destacan San Juan de Ocotán, Jardines del Valle y Valle de los Molinos, colonias sin colindancia entre sí, pero que concentran muchos casos. La primera de ellas, en parte, porque han desaparecido personas que iban o venían de Puerto Vallarta, Nayarit y Sinaloa en la central de autobuses que ahí se encuentra.
Estos enclaves altamente violentos no surgieron al azar. Están conectados con procesos de segregación espacial de largo alcance. Uno es el que divide al oriente del poniente de la ciudad en cuanto a ingreso, equipamiento urbano y reconocimiento social.3 Los habitantes del poniente tienen en general mejor calidad de vida y su entorno es más seguro. Ahí donde el frenesí inmobiliario no ha trastocado aún sus zonas residenciales de clase media, se preserva un área donde las desapariciones tienden a cero y la incidencia de otros delitos es baja. No sucede lo mismo en el oriente de la ciudad a partir de la calzada Independencia, donde la violencia se densifica cada vez más conforme se avanza hacia la periferia. Esta división urbana no es nueva, se puede rastrear desde la fundación de la ciudad en el siglo XVI 4 y persiste como una remota onda de violencia estructural que llega hasta nuestros días. Pero no es la única. Sobre esta antigua fisura social, se ha añadido una nueva que coincide en general con la avenida perimetral que rodea la urbe. Partiendo del centro de la ciudad, basta cruzar esa arteria de autos para registrar en muchos puntos cambios abruptos en la intensidad de la violencia. El escenario son fraccionamientos que brotaron al inicio del siglo, muchos de ellos como resultado de políticas de urbanización y vivienda desastrosas. Tlajomulco es un caso dramático.
A principios del siglo, en la zona Valle de este municipio, se construyeron en pocos años miles de microviviendas de interés social sin garantizarles servicios de agua, electricidad, transporte, educación y seguridad pública. Muchos las adquirieron por su bajo precio, el acceso a créditos blandos y la ilusión de tener una casa propia. Pero pronto se dieron cuenta de que se trataba de una estafa a gran escala y comenzaron a marcharse. Las viviendas abandonadas se multiplicaron y eso, a su vez, incrementó el éxodo. Con el paso de los años han llegado a sumar más de 70 000 unidades abandonadas, muchas convertidas en basureros, guaridas de delincuentes o cementerios clandestinos. La pobreza, el hacinamiento, el abandono escolar, el desempleo y la precariedad laboral, las adicciones y la violencia definen la vida diaria de muchos de sus habitantes, formando un enorme campo de exterminio de la desigualdad, como lo llama Göran Therborn. 5 No sorprende que uno de los motores de la violencia que anima al CJNG se encuentre en ese lugar. Muchos de sus sicarios provienen de ahí, pero también sus víctimas. De las 228 fosas clandestinas encontradas en Jalisco en los últimos ocho años, 91 se localizaron en Tlajomulco. No todas pueden ser atribuidas al CJNG. Asesinar y desaparecer se han vuelto prácticas rutinarias para muchos propósitos, incluso triviales. El 3 de marzo pasado, por ejemplo, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco informó que ese día localizaron restos enterrados en una vivienda abandonada. Pertenecían a un conductor de Uber que se adentró a dar un servicio hace cuatro años y terminó desaparecido.

La desaparición de personas no está confinada a la periferia de la ciudad. Se extiende por toda la mancha urbana siguiendo diversos objetivos económicos y políticos. Hay que tener en cuenta que muchas desapariciones no se denuncian porque se presiona a la familia para que no lo hagan o porque ocurre la liberación después de unas horas o días. El CJNG ha recurrido a las dos modalidades de manera intensiva para adueñarse y expandir diversas economías ilegales. Alrededor de la distribución y venta de drogas, se acumulan numerosos casos. Este cártel logró el monopolio del narcomenudeo en la ciudad —hasta donde eso es posible lograr— hacia mediados de la década pasada y desde entonces lo protege brutalmente, sobre todo de la incursión de cárteles rivales. La desaparición de personas también se ha documentado por el robo y comercialización de combustibles; el despojo de bienes inmuebles; el fraude y extorsión de propietarios de tiempos compartidos en playas; el robo de vehículos y otros bienes ofertados simulando su compra y, sin agotar todos, para proteger la operación de máquinas tragamonedas que se extiende por toda la ciudad.
La desaparición de personas también se ha usado para eliminar o disuadir a opositores políticos. La desaparición de alrededor de ochenta manifestantes que protestaban por el asesinato de Giovanni López y la represión policiaca en junio de 2020, si bien fue perpetrada por agentes de la fiscalía, no hay que descartar la participación del CJNG, como acusó el entonces gobernador Enrique Alfaro. No es posible saber el número, pero sin duda han ocurrido privaciones ilegales de la libertad que no han terminado en la desaparición definitiva de políticos, pero sí en el abandono de su carrera. Es el método que utilizó presuntamente el ahora preso exalcalde de Tequila para influir en los resultados de las elecciones del 2021, lo que hace suponer que viene operando desde hace tiempo.
Con la revisión de procesos judiciales, denuncias y entrevistas se ha documentado que las desapariciones también buscan amedrentar o eliminar a personas que cometen robos, violentan a sus parejas, cometen abuso infantil o simplemente alteran el orden público. En un barrio tradicional del centro de Guadalajara, un comando armado ingresó a un domicilio en 2021 y se llevó por la fuerza a un hombre de 42 años y a tres de sus hijos, entre ellos un menor de edad. Cuando investigué en el sitio tres años después sobre los motivos de la desaparición, el caso apuntaba a la venta de drogas no autorizada por el CJNG, pero también al hartazgo de los vecinos por su conducta. Uno de ellos se mostró incluso muy satisfecho con su desaparición.
Es incierto cómo se reacomodará el CJNG después del abatimiento de su líder, aunque es poco probable que esto afecte la forma en que ha operado el cártel en la ciudad de Guadalajara. El modelo represivo que ahí implantó el Mencho como núcleo de su operación es altamente rentable para el cártel y, a pesar de la crisis humanitaria que ha generado, no se advierte una firme oposición gubernamental ni ciudadana a su continuidad. Mientras sus costos sociales sean absorbidos por las colonias marginales de la periferia, el habitante promedio del poniente de la ciudad quizás siga sin interesarse y, si lo hace, tal vez concluya que si alguien desaparece es porque se lo merece.
Jorge Ramírez Plascencia
Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara
- Bergman, M. El negocio del crimen. El crecimiento del delito, los mercados ilegales y la violencia en AméricaLatina, FCE, Buenos Aires, 2023.
- Para más detalles sobre desapariciones, fosas clandestinas, homicidios y feminicidios en Jalisco, pueden consultarse estos mapas: https://mapajaliscodesapariciones.rys2000dev.workers.dev
- Jaramillo, M. y Saucedo, A. “De la Calzada para allá”: Fronteras materiales y simbólicas de desigualdad, segregación y estigmatización en la ciudad de Guadalajara. Memorias del 5.o Congreso Nacional de Ciencias Sociales, 2016.
- Woo Mora, G. Al otro lado del río: the persitence of colonial spatial ethnic segregation on economic development and culture, tesis, CIDE, 2020.
- The Killings Fields of Inequality, Polity, 2013.