Según el Melampus, texto que interpreta meticulosamente la geografía de los lunares, debe tenerse en cuenta lo que sigue:
Lunar en la frente: Riqueza y felicidad. Si se trata de un hombre: poder y gloria. Cerca de la ceja: Matrimonio feliz. En la ceja: Cinco matrimonios. En el nacimiento de la nariz: Concupiscencia y prodigalidad. En la nariz: Viajes. En los labios: Glotonería. En la mejilla: Riqueza. En la barbilla: Dinero. En la oreja y en el cuello: Riqueza y fama. En la nuca: Decapitación. En los hombros: Cautiverio, desgracia. En el pecho: Pobreza. En las axilas: Riqueza y belleza. Sobre el corazón: Maldad. Sobre los riñones: Mendicidad, desgracia para los descendientes. Sobre el vientre: Glotonería. Sobre el bazo: Enfermedad. Sobre el bajo vientre: Salud precaria. En los genitales: Lascivia. En el muslo: Riqueza. En la rodilla: En un hombre, promesa de mujer rica; en una mujer, bondad (rodilla derecha) y muchos hijos (rodilla izquierda). En las manos: Muchos hijos. En el pie: Descendencia numerosa.
En Castilla, los lunares con pelo tienen su origen en el antojo de la madre de comer tocino durante el embarazo.
FUENTE: ISABEL P. COSTA / GREGORIO ROLDÁN, ENCICLOPEDIA DE LAS SUPERSTICIONES. PLANETA, BARCELONA, 1997.
