Fantasear con el fin de todo

Cuando Elon Musk demolió Twitter, naufragué hacia otras redes sociales en busca de nuevas conversaciones. Acabé en un lugar insospechado, rodeada de gente con la que descubrí que tenía un gusto compartido: fantasear con el fin del mundo. En los foros digitales de preppers, personas con opiniones políticas bastante diversas se reúnen alrededor de una preocupación común: cómo estar preparadas para enfrentar una catástrofe que altere por completo el curso de la vida. Durante casi un año he seguido de cerca sus discusiones, que además de fascinantes resultan bastante útiles. Ahí se aprende sobre las mejores técnicas para la conservación de los alimentos, la construcción de búnkeres caseros, la importancia de tener una mochila empacada con todo lo necesario para poder escapar de casa en minutos; se habla incluso sobre armamento y tácticas de defensa personal.

Ilustración: David Peón

En Estados Unidos, los preppers sufren de cierto estigma: en uno de los foros un joven dijo haber sido rechazado por su pareja cuando le confesó que pertenecía a este grupo. La imagen estereotípica las retrata como personas adversas al riesgo que crean un falso sentido de seguridad almacenando comida y armas. No toma mucho tiempo, sin embargo, entender que detrás de sus largos debates sobre las porciones mínimas de alimento que requiere una persona para sobrevivir o sobre la mejor forma de producir energía en casa hay en realidad un deseo. La fantasía es que llegue el día en que toda esa preparación no haya sido en vano, que la vida nos presente la oportunidad de medir nuestras habilidades contra un mundo deshecho y salvaje, donde saber cómo se hace una fogata con dos piedras pueda ser la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Cómo no soñar con ese momento en que uno podría estar forzado a tomar la mochila con lo indispensable y caminar sin mirar atrás?

A diferencia de la mayor parte de la población, los preppers no niegan ni pasan por alto los peligros que acechan al mundo contemporáneo. Al contrario, sopesan con detenimiento las circunstancias; algunos se especializan en evaluar riesgos metereológicos, otros en la lectura de los conflictos sociales. Lo curioso es que puedan discutir los aspectos técnicos de la sobrevivencia en un mundo convulso sin debatir las causas de origen de esos peligros ni responsabilizar a nadie por ellos. Los foros de preppers suelen definirse como “apolíticos” y aplican la norma de eliminar los comentarios que hagan referencia a personajes o partidos específicos. Su distancia de la política, sin embargo, es mucho más profunda: la ausencia más notable en su repertorio de preparativos es la organización colectiva. Se discuten los efectos probables de una alteración social o climática, pero nunca la posibilidad de que la acción social logre impedirlas. De hecho, en los foros se recomienda evitar que las personas a tu alrededor sepan quién eres, qué posturas políticas promueves y cuántas provisiones almacenas. Tienes más posibilidades de sobrevivir como un individuo desconocido.

A pesar de todo, creo que acudo a estos foros porque en ellos encuentro algo que suele faltar en las discusiones de ambientalistas liberales y abogados de la justicia social: el pragmatismo con el que figuran una vida después de la catástrofe. Me parece que en la fascinación con un mundo posapocalíptico, que ha dado pie a numerosas series de televisión y videojuegos, podemos encontrar un germen de la imaginación política de nuestra época. Hay formas de pensar el porvenir que brotan en los lugares más inesperados, entre aquellos que desertan de las instituciones, desconfían del Estado y cuyo realismo tiene algo de refrescante en una época donde los discursos de la derecha y la izquierda se distancian igualmente de la realidad.

Natalia Mendoza

Antropóloga y ensayista. Estudió Relaciones Internacionales en El Colegio de México y un doctorado en Antropología en la Universidad de Columbia.

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Publicado en: 2026 Febrero, Derrotero